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Música

Las tres reglas de Laurie Anderson y Lou Reed para una vida sencilla

Hay momentos de nuestra vida en que esto mismo, vivir, puede presentarse con las cualidades de la sencillez y la ligereza y, en otros, de la dificultad y lo arduo. Hay veces en que solo vivimos, sin más, dejamos que la existencia y sus circunstancias fluyan, pero no menos cierto es que en ciertos periodos oponemos resistencia, cuestionamos, dudamos –nos complicamos la vida.

¿Es posible elegir entre uno y otro extremo? ¿O la vida es así: oscilante entre ambos?

 

Lou Reed Laurie Anderson Annie Leibovitz

Lou Reed y Laurie Anderson en Coney Island, New York, 1995. Fotografía por Annie Leibovitz

 

Quizá no es posible saberlo. Solo a manera de ejemplo podemos pensar que toda la filosofía griega de la antigüedad, más que hacernos pensar o reflexionar sobre el estado del mundo, tenía como propósito central enseñar el “buen vivir”, la “eudaimonia”. Pero no menos cierto es que a veces esa posible sabiduría la encontramos en un dicho popular, en las pocas palabras que nos dice una persona que respetamos o en una epifanía súbita que la vida misma nos entrega. “Hay más cosas en el cielo y la tierra, Horacio, que las que sospecha tu filosofía”, dice el príncipe Hamlet.

En esta ocasión optaremos por el bando sencillo. Vivir puede ser sencillo. Al menos así lo aconsejan Laurie Anderson y Lou Reed, una de las parejas más creativas en la historia del rock.

Hace unos meses, en abril pasado, Laurie pronunció un discurso con motivo de la inclusión póstuma de Reed en el Salón de la Fama del Rock and Roll. Entre otros recuerdos de su tiempo con el músico, Laurie compartió un pequeño tríptico de reglas para la vida. Tres sencillos consejos a los que arribaron juntos:

Lou cruza por mi mente a cada momento. Después de un año y medio aún espero que llame y a veces, repentinamente, lo hace, y recuerdo entonces alguna de sus frases, palabras casuales o canciones que escribió. Recuerdo también tres reglas que alcanzamos, reglas de vida. Y voy a decirles cuáles son,  son muy sencillas. Y ya que las cosas ocurren tan rápido, siempre es bueno tener algunas, digamos, máximas en los cuales apoyarse.

El primero es: No temas a nadie. ¿Puedes imaginar tu vida sin temerle a nadie? Segundo: Consíguete un buen detector de estupidez. Y tercero: Sé bondadoso, dondadoso de verdad. Y con esas tres cosas, no necesitaremos más.

Sencillo, ¿no? Quizá, después de todo, es posible caminar ligero por el mundo.

 

Por Aleph

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