La historia imaginada detrás de una fotografía de Vivian Maier

Vivian era una fotógrafa aficionada que jugaba a ser invisible. Con su cámara Rolleiflex retrataba compulsivamente la vida que, probablemente, no se atrevía a vivir. Decidió ser espectadora de su tiempo sin saber que el azar le sacaría del olvido de un desván y le haría testigo gráfico del Chicago y Nueva York de su generación.

 

vivian maier untitled 1953

Vivian Maier (1953) Untitled.

 

Nos fijamos en esta foto. Una pareja permanece abrazada contemplando el mar desde un discreto segundo plano. Están de espaldas a la fotógrafa, pero de cara al mar. Debe ser verano del 58 y quizá sea el ferry que une Nueva York con Staten Island, o quizá no, no lo sabemos. Todo lo imaginamos mientras la contemplamos con emoción. La imagen transmite melancolía por lo que pudo quedar atrás y también una discreta sensación de optimismo y esperanza por lo que les puede esperar al otro lado del canal.

La pareja se abraza, y ella apoya su cabeza peinada de domingo sobre él que la sostiene con ternura. Quizá sea un viaje de despedidas porque él es un marine, o quizá un viaje de inicios a una nueva vida juntos.

Ese mismo verano, el del 58, el submarino nuclear Nautilus llegó al Polo Norte geográfico tras una travesía bajo el casquete polar. Son tiempos de la Guerra Fría, marchas por la patria y corazones jóvenes y templados.

 

«La imagen transmite melancolía por lo que pudo quedar atrás y también una discreta sensación de optimismo y esperanza por lo que les puede esperar al otro lado del canal».

 

También imaginamos que la pareja decide tomar un barco para ir a Nueva York y asistir al estreno de la película The Long, Hot Summer. Drama sureño protagonizado por Paul Newman, que desnudaría su torso en las pantallas de los cines de verano de América. Después, pasearían por Manhattan y tomarían un helado de vainilla, que es el favorito de ella.

O quizá se acaban de conocer y se ven unidos por una tragedia colosal que atañe a los dos por igual y si no se sostienen el uno al otro, ambos caerían derribados como los aviones de Pearl Harbor a la caída del sol.

Durante esos días del mes de julio, el presidente Dwight D. Eisenhower permitía la creación de la NASA, tras sufrir duras críticas al permitir que la Unión Soviética pusiera en órbita terrestre el primer satélite hecho por el hombre, el Sputnik 1. Quizá ella era la joven y brillante Jocelyn Bell Burnell, una astrofísica descubridora de la primera radioseñal de pulsar y cuya misión es crear un radiotelescopio con el que descubrir planetas, estrellas y universos paralelos.

Quizá fuera su viaje para partir a Cabo Cañaveral. Tal vez, o tal vez no, y esa foto solo fuera el reflejo de una tarde cualquiera de aquel largo y cálido verano del 58.

via Vivian Maier / The Church of Horrors

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