Seúl o el arte de sobrevivir en tres metros cuadrados

Muchos de vosotros seguro que habéis experimentado la odisea de buscar piso en capitales como Madrid o Barcelona donde los precios son vastos y los espacios reducidos; seguro que muchos habéis visto lugares inhabitables que, por el nivel de vida al que estamos sometidos, se convierten en inevitables.

Cuando conozcáis los llamados "Goshiwon" o "Goshitel", las "viviendas-habitáculo" a las que podríamos aspirar la mayoría de los mortales si viviésemos en Seúl, vuestra perspectiva sobre lo que es vivir en condiciones asfixiantes puede que cambie, al menos un poco.

 

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Estas "viviendas" están en la enorme y súper desarrollada capital de Corea del Sur, una ciudad que en nuestras cabezas luce avanzada y lujosa pero que esconde una realidad en la que miles de personas sobreviven en espacios de tres metros cuadrados porque es lo único que pueden permitirse.

El origen de estos inhóspitos sitios se encuentra en una moda que se dio hace 50 años en la que los estudiantes se enclaustraban en estos "zulos" para concentrarse en los “goshi”, los exámenes más exigentes de Corea.

 

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De ahí, el nombre de “goshiwon” que derivó, más tarde en la variedad "goshitel" ("goshi" + "hotel"), otras estancias algo más grandes, de unos cinco metros cuadrados.

En esta serie de imágenes, el fotógrafo surcoreano Sim Kyu-dong muestra sus 5 años viviendo en un goshiwon en Seúl; Sim se mudó allí por trabajo y documentó su vida con su cámara.

El fotógrafo aceptó el alquiler de un "goshi" porque era barato, no había necesidad de un depósito y no había tarifas de mantenimiento; estas habitaciones tienen áreas de cocina y baños compartidos, y atraen a muchos estudiantes y trabajadores.

 

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Los precios de estas viviendas oscilan entre los 170 euros y los 340 euros dependiendo de la zona y, están provistas de una cama, un escritorio y un armario para pocas cosas.

La calidad de vida, como podéis imaginar es bastante mala, incluso con las necesidades más básicas cubiertas, por eso, las estadísticas indican que un alto porcentaje de los habitantes de estas habitaciones, incluido el fotógrafo Sim, sufren de depresión o/y ansiedad.

Lo que nos queda claro, viendo las imágenes de este joven fotógrafo, es que la necesidad aprieta y, en muchas ocasiones, ahoga.

 

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Sim Kyu-dong: Instagram

 

 

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