Diseños de trajes como solución para defendernos de la arquitectura

La relación del ser humano con la arquitectura, ha ido cambiando a lo largo de la historia, al principio buscaba principalmente satisfacer sus necesidades básicas dependiendo de los diferentes problemas que se le presentaran.  

 

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Con el paso del tiempo el hombre fue adquiriendo un pensamiento filosófico a partir de preguntas existenciales, fue así como empezó a adorar dioses, y a hacer arquitectura para ello.
Siguiente a este periodo de la historia, el hombre volvió a pensar en sus propias necesidades, habitando espacios en base a un confort, deseos y necesidades. El hombre empieza a diseñar cada espacio y mueble en base a la antropometría del ser humano.

Os presentamos Archisuits, unas propuestas (y de alguna forma también respuestas) a los males de la incomodidad urbana. Para la artista y diseñadora Sarah Ross quien ha vivido en la ciudad de Los Ángeles, la comodidad es una salida de la incomodidad de la urbe. En su arte hay un pragmatismo que solo se puede concebir en el imaginario norteamericano: el malestar de la ciudad se combate con la creación de la comodidad entre el cuerpo y diferentes espacios.

 

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En la primera serie, y como una cirujana atópica, la artista penetra con no poca resistencia imaginativa en los confines de la ciudad en busca de la relación del cuerpo humano. De ahí, entonces, las fotografías que integran la serie. Son cuerpos arrojados o aislados en diferentes lugares públicos de la ciudad: encima de una cerca, en los asientos de una estación de autobús, o sobre una piedra gastada por la velocidad del tiempo.

 

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Sarah Ross trabaja bajo el método de hipótesis y conclusión, pues si en la primera serie la artista desmantela los lugares del malestar, o mejor, los objetos que se resisten al cuerpo, en su propuesta Archisuits (2006), Ross propone resolver estas incongruencias corpóreas desde una modificación del cuerpo. Los trajes de Archisuits son completamente inverosímiles, imprácticos, y extravagantes.

 

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Son todo esto, cierto, pero son también muy cómodos y ajustables al paisaje urbano. Se no busca aquí sorprender con la moda o con el silencio del anonimato, sino con el funcionalismo de la comodidad. Integrando el espacio negativo de los bancos y los relieves de la ciudad de Los Ángeles, Ross diseña una serie de trajes para poder lanzarse a la ciudad dispuesta a sobrevolar los obstáculos reales, y así convertir a la metrópoli nuevamente en un lugar donde es posible descansar y convivir con los otros.

Si se trata de convivir, el fin de estos trajes no es solo hacernos convivir con los otros, sino con nuestros propios cuerpos.

 

Sarah Ross: Web

 

 

 

 

 

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