Aleia Murawski y Samuel Copeland crean un mundo de miniatura para sus caracoles

Con base en Illinois, este dúo creativo recrea el universo de los humanos en otros a pequeña escala destinado a sus peculiares mascotas: dos caracoles.

 

Aleia Murawski Sam Copeland

 

No les falta detalle: restaurante, discoteca, incluso una bolera y una ruleta de la fortuna, estas pequeñas criaturas viscosas lo tienen todo para pasárselo bien.

Lo han vuelto a hacer, hasta ahora Murawski y Copeland se habían centrado en diseñar un entorno hogareño para estos moluscos gasterópodos, perfectamente decorado y ambientado. Sin embargo, esta vez han decidido añadir un poco de diversión nocturna a la vida de estos simpáticos seres.

 

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"Para nosotros es un desafío muy divertido producir estas escenas y encontrar diferentes formas de ejecutarlas para que se sientan creíbles y vivas", explican sus creadores. 

Detrás de estos escenarios hay un trabajo minucioso que en ocasiones requiere varios días de prueba, algo que a esta dupla creativa no le supone un problema: "Tenemos muy arraigado el juego y la experimentación. Siempre estamos buscando nuevas formas de construir diferentes elementos en una escena y probando técnicas variadas para crear profundidad y movimiento en nuestro trabajo".

 

Aleia Murawski Sam Copeland3

 

Utilizan los elaborados sets para capturar imágenes fijas y crear cortometrajes, y confiesan que una de las partes más difíciles del proyecto es dirigir a los caracoles y conseguir que se muevan según las necesidades. A menudo un trozo de pepino escondido suele ser una opción para lograr que ejecuten su acting.

Acostumbrados a recrear el día a día de los peculiares protagonistas, entre los mayores retos se encuentra el de levantar un vecindario completo utilizado para un vídeo musical.

En cuanto a cómo se le ocurre a alguien montar todo un mundo alrededor de unos caracoles, cuentan que todo empezó el día en que Samuel encontró a estos amigos en la casa de sus padres, en el centro de Illinois, un día que fue a visitarlos. A partir de ahí construyeron un terrario para ellos y una cosa llevo a la otra. 

 

Aleia Murawski Sam Copeland4

 

"Al principio, los teníamos como mascotas y nos encantaba mirarlos todos los días. luego nos dimos cuenta de que los sets que estábamos haciendo eran del tamaño de un caracol y nos encantó la idea de animar estas salas", explica esta peculiar pareja a la que merece la pena seguir la pista.

 

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*Tin foil hat*

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