Tadanori Yokoo, gran cartelistas pop del siglo XIX

Es llamado el “Andy Warhol nipón” por su mezcla entre psicodélica, el arte del póster, diseño gráfico y el tradicional grabado japonés.

 

Tadanori Yokoo pertenece al Pop Art y, de hecho, es reconocido por muchos como el mejor cartelista pop del siglo XX. Definir su obra no es sencillo, pero podría decirse que es un desatar de psicodelia, colorido y energía.

De todos los cartelistas famosos y reconocidos de los últimos sesenta años ninguno se encuentra a la altura de Tadanori Yokoo en el arte del póster. Ni Peter Max ni Peter Blake e, incluso, ni el gran Andy Warhol. Los cartelistas de la Costa Oeste de los EEUU (Rick Griffin, Alton Kelley, Stanley Mouse y Victor Moscoso) tampoco son rival para el artista japonés.

 

Yokoo tuvo contacto con la India, que visitó frecuentemente durante los años 60. Desde la primera visita, sus fotomontajes se comenzaron a distanciar de la tradición japonesa, acercándose más al budismo y su iconografía, mostrando a Khrisna, Kali, Buda, Lokapali, Yami, etc. Eso sí, nunca abandonó la psicodelia que tanto lo distinguía de los demás autores internacionales.

En 1981 su obra sufrió un cambio importante tras visitar una retrospectiva de Picasso, pues Yokoo se apartó del llamado "arte comercial", optando por uno más íntimo y sin referentes de la pintura.

 

 

El escritor Yukio Mishima, que no era nada dado a las complacencias, sobre todo si perturbaban la pureza integral japonesa que buscaba con afán, dijo sobre las obras perturbadas y explosivas de Tadanori Yokoo:Revelan todas las cosas insoportables que los japoneses tenemos dentro de nosotros mismos y nos convierten en gente enojada y asustada. Son explosiones que se parecen aterradoramente a la vulgaridad de las vallas publicitarias de espectáculos de variedades de las fiestas, a los santuarios dedicados a las víctimas de guerra y a los contenedores de color rojo de Coca Cola en el Pop Art de los EE UU… Es lo que hay en nosotros pero no queremos ver”.

Autor de decenas de cubiertas de discos —entre ellos bastantes de Santana y un par de Miles Davis— y carteles de conciertos de rock y pop, a Yokoo le sucedió algo trascendental en 1981. Tras visitar una retrospectiva de Picasso, decidió apartar de su obra todo aquello que fuese “arte comercial” y dedicarse a la búsqueda solitaria y sin referentes de la pintura. El iluminado se dejó iluminar.

 

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