Seis poemas de Pedro Salinas, poeta del amor

Belleza, amor y sensiblidad hechas poesía pura. Nos asomamos a la obra de Pedro Salinas, escritor, filólogo, profesor y poeta que formó parte de la Generación del 27, de quien fue uno de sus más destacados autores.

Dedicó su vida a la docencia y a la traducción, y, por supuesto, a la poesía. Estos 5 poemas de Pedro Salinas nos sirven para recordar a una de las figuras claves de la Generación del 27 y la lírica española del Siglo XX.

La pasión, la pérdida o la ausencia irremediable discurren por estos poemas de amor como el agua dulce del río que fluye en busca de la sal del mar. Son los poemas de amor de Pedro Salinas (1891-1951)

 

pedro salinas
Retrato de Pedro Salinas

  

CERO
(Todo más claro)

Y esa Nada, ha causado muchos llantos,
Y Nada fue instrumento de la Muerte,
Y Nada vino a ser muerte de tantos. 
Francisco de Quevedo

Ya maduró un nuevo cero
que tendrá su devoción.
Antonio Machado

Invitación al llanto. Esto es un llanto,
ojos sin fin, llorando,
escombrera adelante, por las ruinas
de innumerables días.
Ruinas que esparce un cero –autor de nadas,
obra del hombre-, un cero, cuando estalla.
[…]

 

UNDERWOOD GIRLS
(Fábula y signo)

Quietas, dormidas estén,
las treinta, redondas, blancas.
Entre todas 
sostienen el mudo.
Míralas, aquí en su sueño,
como nubes,
redondas, blancas, y dentro
destinos de trueno y rayo,
destinos de lluvia lenta, 
de nieve, de viento, signos.
Despiértalas,
con contactos saltarines
de dedos rápidos, leves,
como a músicas antiguas.
Ellas suenan otra música:
fantasías de metal
valses duros, al dictado.
Que se alcen desde siglos
todas iguales, distintas
como las olas del mar
y una gran alma secreta.
Que se crean que es la carta,
la fórmula, como siempre.
Tú, alócate
bien los dedos, y las 
raptas y las lanzas,
a las treinta, eternas ninfas
contra el gran mundo vacío,
blanco en blanco.
Por fin a la hazaña pura,
sin palabras, sin sentido,
ese, zeda, jota, i …

 

LA VOZ A TI DEBIDA
(9)

Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!

Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre, 
Irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes 
del mundo
sólo tú serás tú.
Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya, 
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
“Yo te quiero, soy yo.”

 

RAZÓN DE AMOR 
(10)

Si la voz se sintiera con los ojos
¡ay, cómo te vería!
Tu voz tiene una luz que me ilumina,
luz del oír.
Al hablar
se encienden los espacios del sonido,
se quiebra al silencio
la gran oscuridad que es. Tu palabra
tiene visos de albor, de aurora joven,
cada día, al venir a mí de nuevo.
Cuando afirmas,
un gozo cenital, un mediodía,
impera, ya sin arte de los ojos.
Noche no hay si me hablas por la noche.
Ni soledad, aquí solo en mi cuarto
si tu voz llega, tan sin cuerpo, leve.
Porque tu voz crea su cuerpo. Nacen
en el vacío espacio, innumerables,
las formas delicadas y posibles
del cuerpo de tu voz. Casi se engañan
los labios y los brazos que te buscan.
Y almas de labios, almas de los brazos,
buscan alrededor las, por tu voz
hechas nacer, divinas criaturas,
invento de tu hablar.
Y a la luz del oir, en ese ámbito
que los ojos no ven, todo radiante,
se besan por nosotros
los dos enamorados que no tienen
más día ni más noche
que tu voz estrellada, o que tu sol.

 

LARGO LAMENTO
(7)

¡Qué contenta estará el agua
mañana, cuando despierte
y se encuentre con su cauce,
los dos brazos que la llevan
estrechada a su destino,
entre orillas que se alegran!

¡Qué feliz será la luz,
mañana,
cuando se encuentre a los ojos,
que la apresan, y la emplean,
y sirve ya para ver!

¡Qué perfecto será el pájaro
cuando se encuentren sus alas,
y su cuerpo y los albores
del día, indeciso aún,
con un pio, con un cántico,
en la garganta dormido,
que dé voz a la mañana!

Pero el alma, dime, el alma
que al otro día de aquel
se encuentra ya sin más ojos,
sin más manos, sin más pies,
que los tristemente suyos,
que los solos,
dime. ¿En qué cauce, en qué luz,
en qué canto va a vivir
si ya no le queda más
que el cuerpo suyo a esa alma?

 

PRESENTE SIMPLE
(Confianza)

Ni recuerdos ni presagios:
sólo presente, cantando.

Ni silencio, ni palabras:
tu voz, sólo, sólo, hablándome.

Ni manos ni labios:
tan solo dos cuerpos, 
a lo lejos, separados.

Ni luz ni tiniebla, 
ni ojos ni mirada:
visión, la visión del alma.

Y por fin, por fin,
ni goce ni pena,
ni cielo ni tierra,
ni arriba ni abajo,
ni vida ni muerte, nada
sólo el amor, sólo amando.

 

«Cuando tú me elegiste –el amor eligió– salí del gran anónimo»

 

 

h/t: Estandarte

 

 

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