Cinco poemas de Alfonsina Storni, la poeta feminista que escribió a la eternidad

Aunque no creamos en el destino, ¿podríamos pensar que algunas almas creativas están destinadas a convertirse en eternas desde que nacen?

Alfonsina Storni es una poetisa iberoamericana que empezó a escribir poesía a la temprana edad de 12 años. Escribía de niña a escondidas de su madre, a esta le desagradaba el cariz pesimista que tomaban algunos de sus versos. La poeta y su poesía son sinónimos de sensibilidad pura, de anhelo, de la pasión que no conoce fronteras, de la esencia del ser plasmada en letras.

 

alfonsina storni poeta iberoamerica poesias 1
La poeta Alfonsina Storni.

 

Su sentir era profundamente femenino y feminista, se posiciona junto al latir de las mujeres que en infinidad de ocasiones no es comprendido por el hombre en una época nublada por el machismo más atroz. Así, escribe y se da a conocer en un medio dominado en gran parte por varones poetas, por ejemplo de la altura de Amado Nervo.

 En sus versos se refleja a menudo la inquietud de su vida y su idea de que la mujer, a pesar de ser igual que el hombre, vive en una especie de esclavitud con respecto a éste.

 

alfonsina storni poeta iberoamerica poesias 2
Alfonsina Storni a los 24 años cuando publicó La inquietud del rosal.

 

Su obra poética está marcada por el drama, por la sensibilidad de sus versos, pero también por una sensación de resistencia que fue novedosa para la época en la que Storni se hizo escritora. Fue una mujer fuerte, porque supo abrazar su sensibilidad, que la convertiría en lo que siempre anhelo: ser eterna a través de sus versos.

 

alfonsina storni poeta iberoamerica poesias 3
Alfonsina Storni caminando por la rambla de Mar del Plata en 1936.

 

Luchó incansablemente para dejarnos como legado unos versos bellos, intensos y poderosos. Sus rimas nos invitan a pasear por paisajes de ternura, pasión, y nostalgia. Sus letras nos llevan melancólicamente a la reflexión y erizan la piel por la delicada forma en que aborda de forma directa su sentir.

Es todo un reto escoger los mejores cinco poemas de Alfonsina, por eso hemos escogido algunos de nuestros favoritos:

 

Voy a dormir

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación, la que te guste;
todas son buenas: bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes…
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides… Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido...

 

Vida

Mis nervios están locos, en las venas
la sangre hierve, líquido de fuego
salta a mis labios donde finge luego
la alegría de todas las verbenas.

Tengo deseos de reír; las penas
que de donar a voluntad no alego,
hoy conmigo no juegan y yo juego
con la tristeza azul de que están llenas.

El mundo late; toda su armonía
la siento tan vibrante que hago mía
cuando escancio en su trova de hechicera.

Es que abrí la ventana hace un momento
y en las alas finísimas del viento
me ha traído su sol la primavera.

 

Alma desnuda

Soy un alma desnuda en estos versos,
Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos dispersos.

Alma que puede ser una amapola,
Que puede ser un lirio, una violeta,
Un peñasco, una selva y una ola.

Alma que como el viento vaga inquieta
Y ruge cuando está sobre los mares,
Y duerme dulcemente en una grieta.

Alma que adora sobre sus altares,
Dioses que no se bajan a cegarla;
Alma que no conoce valladares.

Alma que fuera fácil dominarla
Con sólo un corazón que se partiera
Para en su sangre cálida regarla.

Alma que cuando está en la primavera
Dice al invierno que demora: vuelve,
Caiga tu nieve sobre la pradera.

Alma que cuando nieva se disuelve
En tristezas, clamando por las rosas(*)
con que la primavera nos envuelve.

Alma que a ratos suelta mariposas
A campo abierto, sin fijar distancia,
Y les dice: libad sobre las cosas.

Alma que ha de morir de una fragancia
De un suspiro, de un verso en que se ruega,
Sin perder, a poderlo, su elegancia.

Alma que nada sabe y todo niega
Y negando lo bueno el bien propicia
Porque es negando como más se entrega.

Alma que suele haber como delicia
Palpar las almas, despreciar la huella,
Y sentir en la mano una caricia.

Alma que siempre disconforme de ella,
Como los vientos vaga, corre y gira;
Alma que sangra y sin cesar delira
Por ser el buque en marcha de la estrella.

 

 Hombre pequeñito

Hombre pequeñito, hombre pequeñito,

Suelta a tu canario que quiere volar...
Yo soy el canario, hombre pequeñito,
Déjame saltar.

Estuve en tu jaula, hombre pequeñito,
Hombre pequeñito que jaula me das.
Digo pequeñito porque no me entiendes,
Ni me entenderás.

Tampoco te entiendo, pero mientras tanto
Ábreme la jaula que quiero escapar;
Hombre pequeñito, te amé media hora,
No me pidas más.

 

Tú me quieres blanca

Tú me quieres alba,
me quieres de espumas,
me quieres de nácar.
Que sea azucena
Sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada .

Ni un rayo de luna
filtrado me haya.
Ni una margarita
se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
tú me quieres blanca,
tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas
las copas a mano,
de frutos y mieles
los labios morados.
Tú que en el banquete
cubierto de pámpanos
dejaste las carnes
festejando a Baco.
Tú que en los jardines
negros del Engaño
vestido de rojo
corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto
conservas intacto
no sé todavía
por cuáles milagros,
me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),
me pretendes casta
(Dios te lo perdone),
¡me pretendes alba!

Huye hacia los bosques,
vete a la montaña;
límpiate la boca;
vive en las cabañas;
toca con las manos
la tierra mojada;
alimenta el cuerpo
con raíz amarga;
bebe de las rocas;
duerme sobre escarcha;
renueva tejidos
con salitre y agua:

Habla con los pájaros
y lévate al alba.
Y cuando las carnes
te sean tornadas,
y cuando hayas puesto
en ellas el alma
que por las alcobas
se quedó enredada,
entonces, buen hombre,
preténdeme blanca,
preténdeme nívea,
preténdeme casta.

 

Por