Vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir

Nos creímos que el futuro pasaba por vivir corriendo, por ir acelerados por la vida para llegar a todo, hacer más cosas y exprimirla a tope. Pero vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir.

 

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Nuestra cultura nos inculca el miedo a perder el tiempo,
pero la paradoja es que la aceleración nos hace desperdiciar la vida.
Hoy todo el mundo sufre la enfermedad del tiempo: 
la creencia obsesiva de que el tiempo se aleja y
 debes pedalear cada vez más rápido.

-Carl Honoré

 

Compramos que la modernidad era hacer muchas cosas, llegar a mucha gente, utilizar el altavoz de la tecnología y las redes sociales para abrirnos al mundo, pero la realidad es que esta promesa nos hizo perdernos por el camino.

 

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Nos hemos subido al carro de la velocidad, a correr sin saber muchas veces hacia donde, ni con qué sentido, ni en qué dirección. Nos hemos acostumbrado a querer acumular: a acumular objetos, a acumular seguidores, a acumular información, a acumular personas, a hacer muchas cosas -incluso a la vez- sin darnos cuenta del alto precio que nos cuesta.

 

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En este contexto de velocidad e inercia, y como un soplo de aire fresco, surgió hace ya varios años el movimiento slow, una filosofía basada en hacer las cosas con mimo, con criterio, con tiempo para saborearlas y hacer que los demás las disfruten.

Las primeras noticias que tuvimos de esta tendencia estuvieron relacionadas con la comida, pero pronto esta revolución se hizo extensible a los viajes, a las ciudades, a la educación, a los libros e incluso a (algún que otro) banco.

 

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Y es que, en toda esta loca carrera en la que decidimos competir hemos convertido incluso el ocio en una obligación. Nos pasó con la música, con la que nos hemos forzado a darnos baños de multitudes acudiendo a festivales solo porque "había que estar".

Por suerte, aún nos quedan las ratos con amigos, bailar hasta que se nos pasen todos los males, reír hasta llorar, descubrir nuevas experiencias y desconectar del mundo tomando algo en buena compañía cualquier día de la semana para encontrar nuestros pequeños oasis diarios.

Con esta filosofía nace el ciclo de conciertos MadTown Days by Jim Beam, en una apuesta por el slow music y la calidad en espacios pequeños seleccionados con mimo y dirigidos a personas que huyen de la música mainstream y los conciertos de masas.

Además, tenemos el aliado perfecto para saborear estos directos. Se trata de Jim Beam Ginger, un combinado suave y refrescante cuyo ingrediente principal es Jim Beam, un whiskey americano diferente.

Los amantes del directo aún estamos a tiempo de disfrutar de la música en este formato íntimo y acogedor que hasta el 1 de diciembre nos trae un cartelazo con nombres como Postmodern Jukebox, Orishas, Morcheeba o Amatria.

Al final, es tan fácil como desacelerar, disfrutar de cada cosa que hacemos y de cada momento que vivimos, y si es con música, y un rico Jim Beam Ginger en la mano, mejor que mejor.

Mad Town Days by Jim Beam: Web | Instagram | Facebook

Gracias a Jim Beam

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