Francis Bacon: Curiosidades sobre un artista genial y excesivo

Con la excusa de la magnífica exposición que se está desarrollando estas semanas en el museo Guggenheim de Bilbao sobre este fascinante enfant terrible de la pintura de la segunda mitad del s. XX, nos acercamos a la figura de Francis Bacon, al artista de grandes excesos, para ayudarnos a entender mejor su obra.

Francis Bacon Guggenheim Bilbao

John Deakin, Francis Bacon con gabardina, 1967 © The Estate of Francis Bacon

 

Un artista autodidacta

Francis Bacon abordaba el proceso de creación pictórica de manera poco convencional: en contadas ocasiones realizó dibujos preparatorios y siempre pintaba directamente sobre el lienzo desnudo. No recibió formación académica reglada y sus estudios fueron prácticamente los únicos lugares en los que desarrolló
su producción.

Entre las principales fuentes de inspiración de Bacon destacan las obras de ciertos artistas clásicos y modernos. Su entorno íntimo, sus parejas, amigos y familiares desempeñaron asimismo un papel importante en su producción como modelos de sus obras, pero también prestando al pintor su apoyo personal y financiero. Su prima Diana Watson, por ejemplo, fue una de las primeras compradoras de sus piezas. Cuando en 1929 Bacon se traslada a Londres, conoce a Eric Allden, que será su primer compañero sentimental, y también coleccionista de su obra. Posteriormente, en 1930, entabla amistad con el artista australiano Roy de Maistre, quien pronto se convertiría, asimismo, en su mentor.

La maestría de Velázquez y Picasso fue una influencia fundamental para Bacon, quien decidió dedicarse al arte tras contemplar una exposición del pintor malagueño en la Galerie Paul Rosenberg de París en 1927, y se basó en el Retrato del papa Inocencio X (1651) de Velázquez para realizar un gran número de lienzos con la imagen de un papa gritando [véase Estudio según Velázquez (1950) en la sala 207]. Bacon admiraba tanto a Velázquez que no quiso ver el cuadro original del maestro español durante una visita que hizo a Roma en los años cincuenta por temor a que su obra no estuviera a la altura.

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Tres estudios para una Crucifixión (Three Studies for a Crucifixion), 1962

 

La figura humana

El estilo pictórico de Bacon está a caballo entre la abstracción y la figuración. El Surrealismo fue un importante punto de partida y una influencia determinante en su obra más temprana. Posteriormente, cuando Bacon comenzó a plasmar el movimiento de las figuras en el lienzo, las fotografías de finales del siglo xix de Eadweard Muybridge sobre el cuerpo humano en acción fueron una referencia imprescindible. La impronta de los antiguos maestros —por ejemplo, los dibujos de Miguel Ángel y “la grandeza de las formas” que caracteriza sus figuras humanas— estuvo presente a lo largo de toda su trayectoria.

Al analizar con detenimiento los detalles viscerales y las deformaciones físicas a las que Bacon somete a las figuras se puede apreciar su profundo conocimiento de los procedimientos propios de la pintura abstracta, así como el aspecto emocional que caracteriza su aplicación del color en el lienzo.

Un libro sobre radiología, titulado Positioning in Radiography, ocupaba un lugar destacado en la biblioteca personal de Bacon. Las imágenes centradas en la posición de los cuerpos durante la realización de las pruebas radiológicas, el recuerdo de los cuerpos de las personas que conocía y las representaciones de Miguel Ángel y Muybridge ejercieron una gran influencia en sus obras sobre la figura humana.

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Retrato de Michel Leiris (Portrait of Michel Leiris), 1976

 

La sexualidad

Bacon decía que sus padres lo habían expulsado de casa en 1926 tras haberlo descubierto vistiendo ropa de su madre. Después de este episodio, y gracias al dinero que ella le hacía llegar, pudo trasladarse a otras ciudades en las que podía expresarse con mayor libertad: primero, a Londres; más tarde, a Berlín; y, posteriormente a París. Las numerosas imágenes de hombres luchando, los recortes de las revistas de gimnasia masculina y los anuncios que habitaban su estudio y pasaron a formar parte de su pintura permiten hacerse una idea de los cauces visuales que adoptaba la homosexualidad en los años cincuenta. A pesar de que en 1967 se despenalizaron parcialmente las relaciones sexuales entre hombres en el Reino Unido, a Bacon se le siguió asociando con lo ilícito durante muchos años. Una de las primeras obras en las que el artista explicitó la sexualidad de dos figuras masculinas es Hombre arrodillado sobre la hierba (1952), expuesta en la sala 205.

En una conversación con su amigo, el crítico de arte David Sylvester, Bacon mencionó que las numerosas representaciones de bocas de su obra podían interpretarse como una referencia sexual, aunque originalmente se inspiraron en las láminas en color de un libro de segunda mano sobre enfermedades bucales que había comprado en París.

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Tres estudios de figuras sobre camas (Three Studies of Figures on Beds), 1972

 

La vida y la muerte

Entre los primeros temas que pintó Bacon se encuentran las piezas de carne que el artista podía ver en las carnicerías y que acabaron convirtiéndose en imágenes recurrentes en su obra [véase Tres estudios para una Crucifixión (1962) en la sala 205]. Para Bacon, la carne representa el ciclo de la vida y la muerte. El sufrimiento y la devastación que causó la Segunda Guerra Mundial se reflejan en la carne, en los cuerpos desmembrados y tal vez en las bocas abiertas que aparecen en sus cuadros. Asimismo, la profunda huella que dejó el suicidio de quien era su pareja, George Dyer —acontecido unos días antes de la inauguración de una gran retrospectiva dedicada al pintor en el Grand Palais de París en 1971—, es palpable en su obra posterior, a menudo poblada por la espectral figura de su compañero. En las pinturas de principios de los años noventa, la presencia de la carne podría aludir también a la propia enfermedad de Bacon y su inminente muerte.

En una carta de 1992, Bacon menciona a Damien Hirst, joven artista presente en aquel entonces en la Saatchi Collection (Londres), que había utilizado una cabeza de vaca en una obra.

Probablemente, el artista sintió algún tipo de afinidad al descubrir el vínculo iconográfico que existía entre ambos.

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Francis Bacon by David Bailey, 1983 © David Bailey 

 

7 Reece Mews: el estudio

    “No sé por qué pero desde el momento en que vi este sitio supe que podría trabajar. A mí me influyen mucho los sitios… la atmósfera de una habitación […] Y supe desde el mismo momento en que vine aquí que sería capaz de trabajar” –Francis Bacon

Tras el fallecimiento de Francis Bacon en 1992, el estudio londinense que había ocupado durante más de treinta años en el número 7 de la calle Reece Mews, en South Kensington, permaneció intacto hasta 1998, fecha en la que tanto el heredero del artista, John Edwards, como su albacea, Brian Clarke, legaron todo su contenido a la Dublin City Gallery The Hugh Lane, ubicada en la ciudad natal del pintor. Allí, se abrió al público en 2001.

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El estudio de Francis Bacon en el número 7 de Reece Mews, Londres © The Estate of Francis Bacon

 

El estudio fue fielmente recreado en su nuevo emplazamiento y se conserva exactamente como estaba cuando Bacon murió, con cientos de fotografías, documentos, libros, utensilios y material de pintura, obras de Bacon y reproducciones de trabajos de otros artistas, como Picasso y Velázquez. En su taller, Bacon acumulaba los más dispares objetos y documentos, que se hallaban junto a prendas de vestir, como los calcetines que utilizaba como instrumento para pintar.

Todo ello se encontraba desperdigado, configurando lo que el artista llamaba “un caos ordenado”, expresión con la que no se refería solo a su estudio, sino también a su enfoque de la pintura. Bacon tuvo otros estudios a lo largo de su vida, pero en ninguno de ellos se sintió tan cómodo como en el de Reece Mews.

    “Solo puedo pintar aquí, en mi estudio. He tenido otros muchos, pero llevo aquí casi treinta años y resulta ideal para mí. No puedo trabajar en sitios que estén demasiado ordenados. Me resulta más fácil pintar en un sitio como este, que está hecho un desastre. No sé por qué, pero me ayuda” –Francis Bacon

 

FRANCIS BACON: DE PICASSO A VELÁZQUEZ

Museo Guggenheim, Bilbao.  Hasta el 08 de enero de 2017

via Museo Guggenheim Bilbao

 

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