miniaturas

El detallista universo interior en miniatura de la japonesa Kiyomi

Cuando van acercándose las señaladas fechas navideñas a todos nos ivande un poco la nostalgia recordando la Nochebuena o la noche de la Cabalgata de Reyes; esas noches en las que nos íbamos a la cama llenos de ilusión pensando en todos los juguetes que tendríamos junto al árbol por la mañana; ¿tuvisteis una casa de muñecas algún año?

Esto es un hueso de aceituna. Fue grabado en 1737

Si nadie nos lo hubiera dicho, nunca hubiéramos imaginado que esta compleja escultura fue tallada del hueso de una aceituna. El artista chino Chen Tsu-chang la elaboró en 1737 y esta obra de arte en miniatura, cuenta con sólo 16 milímetros de alto y 34 milímetros de ancho.

Diminutos paisajes flotantes, creados por Jorge Mayet

El artista Jorge Mayet esculpe paisajes en miniatura que parecen ser islas, flotando en un abismo infinito. Las pequeñas obras, situadas contra las blancas paredes de la galería, crean la ilusión de haber sido arrancadas del suelo. Las raíces y la tierra quedan expuestas bajo la verde y exuberante hierba y las minúsculas casas. Si bien estas escenas parecen apacibles, algunas de las otras obras de Mayet no son tan tranquilas. Explotan en el aire en pedazos llenando el cielo de escombros. Esponjas pintadas de verde, papel mache, alambre y tela, son los materiales que forman estos diminutos mundos.

Viejos clavos transformados por un herrero, que consiguen evocar formas y sentimientos humanos

El herrero y fotógrafo residente en Oslo Tobbe Malm consigue crear esculturas, excepcionalmente emotivas, a partir de pernos viejos. La serie comenzó cuando Malm tropezó con los oxidados pernos en un granero en Bergsladen, Suecia. Inmediatamente vió que las amplias cabezas y las delgadas cañas tenían cierta apariencia humana, por lo que los recogió y procedió a calentarlos, forjarlos, retorcerlos y darles en forma en su estudio. La colección de esculturas resultante, titulada Bolt Poetry, evoca sentimientos humanos como el afecto, la tristeza y el dolor.

Paisajes increiblemente diminutos, pintados sobre alimentos

Desde cáscaras de cebolla a semillas de kiwi, pasando por trozos de chocolate, parece que cualquier lienzo es válido para el artista turco Hasan Kale, siempre y cuando cumpla con el requisito de ser increíblemente pequeño. Hasan se deleita en el reto de representar paisajes de su Estambul natal, en las más infinitesimales pinceladas, una hazaña tal, que requiere el uso de una lupa para apreciar los detalles de cada pieza. Si bien la longevidad de los objetos que pinta es cuestionable, es impresionante contemplar la firmeza de su mano.

 

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