La teoría del champiñón. Aventuras de dos solteras de treinta y dos

La teoría del champiñón

En una tarde de frío en Madrid, convenimos que el mejor plan es abrigarse al calor de una sala de teatro alternativa, donde el lado hogareño del que quizá carezcan algunos grandes teatros nos garantiza el olvido de un día gris y un mundo raro. AZarte, en pleno barrio de Chueca, y la comedia La teoría del Champiñón que allí programan son los elegidos para tal fin.

La obra la dirige y escribe Paco Anaya, de quien ya hemos podido ver con anterioridad otros montajes como 'Desde el cielo te digo', 'S. Paradise' o 'Liberté, Égalité, Yeyé'.  Sus anteriores propuestas estaban atravesadas por un denominador común, pues en todas ellas se abordaban conflictos de personajes homosexuales, aunque no por ello dejaban de ser sentimientos universales. En  esta ocasión, el malagueño decide hacer un paréntesis y contar la historia de dos chicas en la treintena que no tienen demasiada suerte con los hombres.

Marta es una chica de pueblo cuyo novio de toda la vida cortó con ella cuando ésta se mudó a la capital para ir a la universidad. La nueva perspectiva de la ciudad y otra manera de ver la vida no terminan de convencer al chico, que tenía otro tipo de perspectivas en el pueblo. Típico.

Marilia es, como ella misma se define, la primera dama de las manifestaciones. Su novio es un activista, pero no uno cualquiera, es el más famoso de los activistas. Lo que no imaginaba es que tal era el compromiso de su chico que acabaría dejándola por televisión para continuar con su lucha en el Sahara.

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Paco Anaya escribe un libreto cuajado de referencias a la cultura de masas y a la actualidad social y política, siempre bajo el prisma cómico que le caracteriza. En esta ocasión ha conseguido levantar una comedia con la que el público, además de identificarse aunque suene a tópico, ríe a carcajadas. Anaya se sirve de los estados por los que pasa cualquier persona a la que han dejado para hacer reír, y vaya si lo consigue. La ironía y la acidez están siempre presentes en este montaje del que podría decirse que bebe de las películas americanas y de esos histriónicos personajes femeninos más almodovarianos.

Además de sacar la risa a través del dolor, quizá lo más llamativo del texto es que se abordan cuestiones como el miedo a lo desconocido o a estar solo, la dependencia, la contradicción de querer olvidar y a la vez estar pendiente de una llamada, o la búsqueda de otra persona que llene los huecos vacíos. Todo ello llevado al terreno de la frivolidad y sobre todo contado sin pelos en la lengua, como lo haríamos como cualquiera de nosotros, sin el artificio del que a veces peca el teatro.

La elección del casting no puede estar más acertada, pues Sara Gómez y Anita del Rey dan muestras de haber nacido para la comedia. Gómez se pone en la piel de Marilia, la aficionada a todo tipo de protestas, y lo hace tirando de una inocencia irreverente que la hace dueña de un magnetismo innato. Por su parte Anita está sencillamente soberbia en la piel de una experimentada soltera y haciendo gala de sus dotes interpretativas. Ambas realizan un gran trabajo físico que además ayuda a ensimismar al respetable.
En resumen, La teoría del Champiñón es una obra de teatro fresca y con un ritmo frenético del que resulta casi imposible no contagiarse. Buena dirección, un texto hilarante y grandes interpretaciones, ¿se le puede pedir más?

La teoría del Champiñón puede verse en la sala AZarte de Madrid los sábados y domingos a las 19:00h.

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