Pantalla Inquieta: Animales de costumbres

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Después de la desconexión que suponen las fiestas navideñas y salir por unos días de esa realidad que conocemos como cotidianidad, volvemos, sin más remedio, a la rutina...

Gracias a Luis Alonso

 

 

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Después de la desconexión que suponen las fiestas navideñas y salir por unos días de esa realidad que conocemos como cotidianidad, volvemos, sin más remedio, a la rutina de las ciudades y los despachos grises en los que nos comportamos como autómatas sujetos a estrictos horarios que no nos hacen ser conscientes del engaño que supone el tinglado que nos han contado que es la vida, ese engaño que supone estar dentro de un engranaje para sentirnos productivos, dignos, realizados.

Al respirar el aire de los pueblos que nos vieron crecer a nosotros o a nuestros padres, al activar nuestra memoria sensorial ante los olores familiares que puede desprender una chimenea, un guiso o unas mantas de franela o al oír el silencio más absoluto es cuando nos percatamos de la falacia que vivimos el resto del año, de la gran mentira que se ha construido alrededor de la palabra felicidad.

Por suerte, o por desgracia, no tenemos tiempo ni para enfadarnos con nosotros mismos por ser tan borregos; cuando estamos absolutamente entregados a lo placentero que puede llegar a ser estar sentados alrededor de una mesa comiendo sin prisa con siesta ilimitada de postre, volvemos a llenar la maleta de vuelta de recuerdos que servirán como reconstituyente para futuras horas bajas.

Todos somos nostálgicos de lo vivido en épocas en las que sí conocimos la felicidad que no nos vendió nadie, la felicidad que conocimos por nosotros mismos y que encontrábamos en esas escenas costumbristas con nuestras casas, nuestras plazas, nuestros campos o nuestras calles como escenario. Somos animales de costumbres, yonkis rurales que necesitan su dosis bucólica cada cierto tiempo, aunque sea para entender que todo ésto no tiene sentido de otra manera.

A continuación os recetamos cinco dosis de cine costumbrista contra el estrés, la ansiedad y el mono que producen el síndrome post hogareño.

 

VOLVER (Pedro Almodóvar, 2006)

Los fans del manchego sabemos de su gusto por los detalles cañís con los que salpica toda sus películas. Es un amante de la belleza que hay en lo ordinario, quizás es que él hace bello lo ordinario, y este amor alcanza cotas altísimas en “Volver”, una vuelta, valga la redundancia, a sus raíces en forma de melodramático thriller rústico y que es de lo mejor de su extensa filmografía.

VOLVER

 

¿A QUIEN AMA GILBERT GRAPE? (Lasse Hallström, 1993)

La América profunda también ha regalado un buen puñado de películas repletas de escenas costumbristas, graneros, campos de trigo y tartas de mermelada de grosella. Una de las mejores, es esta cinta que cuenta la historia de amor que surge entre Becky (Juliette Lewis) y Gilbert (Johnny Depp) y la que surge entre el espectador y un secundario robaescenas como Leonardo Di Caprio. Inolvidable.

nominado a quien ama gilbert grape 1993 de lasse hallstroem

 

AMANECE QUE NO ES POCO (José Luis Cuerda, 1989)

Si hay una película costumbrista por excelencia en el cine patrio, con permiso de “Los Santos Inocentes”, esa es “Amanece que no es poco”; el entorno agreste es un personaje más, las huertas, las calles de ese pueblo albaceteño, los vecinos o las localizaciones interactúan en todas las absurdas situaciones que se suceden. Imprescindible muestra de humor agrosurrealista.

AMANECE QUE NO ES POCO

 

CINEMA PARADISO (Giuseppe Tornatore, 1988)

Aunque “Cinema Paradiso” esté grabada en nuestra memoria por tener una de las mejores bandas sonoras de la historia (obra del genio Morricone), uno de los finales más bellos que se han rodado y una grandísima y tierna historia generacional con el amor por el cine como hilo conductor, el valor añadido es la delicadeza que tienen los realizadores italianos a la hora de ambientar, a la hora de hacernos partícipes del costumbrismo de las situaciones como si lo hubiéramos vivido. Magistral.

Nuovo Cinema Paradiso 32

 

AMARCORD (Federico Fellini, 1973)

Y haciendo honor a la mano de los maestros italianos planteando y ambientando escenas con todo lujo de detalles con los que empatizamos y soñamos, es indiscutible que el rey del costumbrismo es Fellini; “Amarcord” es una obra maestra que te tiene con la sonrisa en la boca años y años después de verla, un auténtico milagro.

AMARCORD CUERPO ARTÍCULO

 

Por Luis Alonso

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