Sobre la edad y la creatividad: La carta de Kurosawa a Bergman

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¿Cuándo comienza realmente la creación artística? ¿Cuándo puede decirse que de verdad termina? Por medio de una carta, Akira Kurosawa planteó este enigma al gran Ingmar Bergman

Por faena aleph

 

akira kurosawa


Hacia el final de El escritor y sus fantasmas, Ernesto Sabato dedica uno de los fragmentos del libro a discurrir sobre el momento en que una persona que ha incurrido en la vocación de la escritura, cedido a la tentación de la ficción, tendría que ponerse a escribir. El “momento” en un sentido existencial.

¿Será en la adolescencia, cuando muchos descubrimos inesperadamente que no sabemos cuál es el sentido de la vida o el propósito de la nuestra? ¿Será en la madurez, cuando hay experiencias suficientes que, quizá, pueden soportar el trasvase a la literatura? ¿O será más bien la llegada de la senectud, cuando el ardor de antaño es apenas un rescoldo y el curso de nuestra vida se ha tranquilizado tanto como para que podamos hurgar entre sus sedimentos?

Aparentemente hay una paradoja entre el impulso por decir, la necesidad de expresar ―que caracteriza a todo artista― y la elección de aquello que se quiere decir; esa materia prima que sólo cuando es auténtica, cuando surge del núcleo de la subjetividad, es capaz de transformarse en obra y comunicar, tender un puente con la realidad y el mundo.

En julio de 1988, Ingmar Bergman cumplió 70 años. A modo de gesto conclusivo, el director publicó sus memorias con el título Linterna mágica, en donde aseguró que “probablemente lamentaría el hecho de no hacer más películas”.

Como respuesta, un director no menos genial, Akira Kurosawa, le envió una carta en la que cuestionaba esta renuncia y, a cambio, daba sus razones por la cual Bergman podía pensarla dos veces antes de abandonar la creación fílmica.

 

Ingmar Bergman  

Film buff ... Ingmar Bergman. Photograph: AP

 

Estimado Sr. Bergman:

Por favor permítame felictarlo por su septuagésimo cumpleaños.

Su trabajo llega a lo profundo de mi corazón cada vez que lo veo: he aprendido mucho de sus obras y he sido alentado por ellas. Deseo que se encuentre en buena salud para crear más películas maravillosas para nosotros.

En Japón había un gran artista llamado Tessai Tomioka, quien vivió en el Periodo Meiji (al final del siglo XIX). Este artista pintó de manera excelente cuando aún era joven y, cuando alcanzó los 80 años, de pronto creó pinturas que eran muy superiores a estas, como si se encontrara en un florecimiento magnífico. Cada vez que veo sus pinturas, me doy cuenta por entero de que un ser humano no es capaz de realmente crear buenas obras sino hasta que llega a los 80.

Un ser humano nace como bebé, se convierte en niño, pasa por la juventud, la flor de la vida, y finalmente regresa a ser un bebé antes de que termine de vivir. Esta es, en mi opinión, la forma más ideal de la vida.

Creo que estará de acuerdo en que un ser humano se hace capaz de producir obras puras, sin restricciones, en los días de su segunda infancia.

Ahora tengo 77 años y estoy convencido de que mi trabajo real apenas está empezando.

Mantengámonos juntos por el bien del cine.

Con los saludos más cálidos,

Akira Kurosawa

 

Pero más allá del problema propuesto por Sabato sobre cuándo se inicia de veras la actividad creadora, la carta de Kurosawa puede movernos a preguntar cuándo realmente esta termina.

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Por faena aleph

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