Pantalla Inquieta: Serial Lovers

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No somos animales socialmente integrados si no vemos una media de ocho horas de ficción a la semana; es por eso que en los últimos años, la seriefilia ha sufrido un crecimiento exponencial que se ve continuamente potenciado por el hype que creamos en las redes sociales y por los fenómenos de fans que series como “Breaking Bad”, “Juego de Tronos” o “Lost” (todo empezó en esa isla) han generado alrededor del mundo.

Gracias a Luis Alonso

 

PORTADA SERIAL LOVERS

También es cierto que el entretenimiento televisivo lleva tiempo alcanzando cotas de calidad muy altas y, en consecuencia, un gran porcentaje de la población reserva, de manera preceptiva, un espacio de tiempo de sus vidas para dedicarlo a vivir la de otros.

Cada vez somos más los que creemos que nuestra única religión es la ficción; nos pasamos el día soñando con llegar a casa para sentarnos delante del portátil y consumir la última que estemos viendo (que siempre va a ser la mejor que has visto hasta ahora) esa serie de la que todos hablan, que genera miles de teorías disparatadas en foros (algunas de ellas mejores que los propios guiones), esa que si no has visto, y cometes la osadía de decir que no has visto,va a provocar que te miren como si odiaras a los gatos, y encima te va a dejar fuera de todas las conversaciones del fin de semana; un verdadero seriéfilo no entiende que haya gente que no saque tiempo para degustar un capítulo o peor aún, que dedique sus ratos libres a otras cosas absurdas como estar con la familia o los amigos.

 

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Aunque los yonkis de Netflix, HBO y demás plataformas paradisíacas comparten su pasión por las series, existen diferentes tipologías. Entre ellas, las más comunes son, los que sólo consumen series de las que requieren un esfuerzo mental extra, “Westworld” “Mr. Robot” o “The OA” por poner unos ejemplos, que te obligan a estar sin parpadear la horaca que dura cada capítulo o leyendo reviews como un loco al día siguiente para asimilar tu fango cerebral; están los que prefieren algo mentalmente menos denso a lo “Glee”, “Scream” o “American Horror Story” que te permiten hasta dar cabezadas sin perder el hilo, y si lo pierdes te la refanfinfla y, finalmente, una nueva generación de seriéfilos locos por el amor en clave de humor inteligente que hacen sus delicias viéndose reflejados en esas relaciones de pareja que se viven en estos tiempos modernos.

 

Para todos los enamorados del amor va dedicado este artículo y este ranking.

 

LOVESICK (Gordon Anderson, Elliot Hegarty, 2014)

Como el humor británico, directo, ácido, incorrecto y corrosivo, así es el verdadero título de esta serie “Scrotal Recall”. El periplo de Dylan comienza cuando se le diagnostica una enfermedad de transmisión sexual y decide ponerse en contacto con todas las chicas con las que ha mantenido relaciones; de esa manera, haremos un, a ratos divertido, a ratos amargo, recorrido por todo el amor y el desamor que ha sufrido este veinteañero en un juego de flashbacks marcados por los paralelismos que hay entre el dolor físico que sufre y el espiritual que le provoca no recuperar el amor perdido o no encontrarlo.

 

LOVESICK

 

LOVE (Judd Apatow, Paul Rust, Lesley Arfin, Dean Holland, 2016)

Con el sello inconfundible de Apatow (“Freaks and Geeks”, “Virgen a los 40”) se estrenaba el año pasado esta aguda historia de perdedor conoce a perdedora y se aman, y se rechazan, y se humillan, y se quieren, pero no saben si se aman, si se rechazan, si se humillan o si se quieren, y todo desde un prisma desconcertantemente divertido que hace que en seguida nos sentamos identificados todos aquellos que necesitamos GPS en el complicado terreno de las relaciones.

LOVE

 

PLEASE LIKE ME (Josh Thomas, Mathew Saville, 2013)

La versión australiana de Lena Dunham (GIRLS) se llama Josh Thomas, y es otro ejemplo de “yo me lo guiso, yo me lo como”. Creador, guionista y protagonista de su propia serie, Josh nos mete de lleno en la piel del Josh ficticio, el día que tras una reveladora ruptura empieza a aceptar que quizás sea gay. A partir de ahí tendrá que lidiar con su particular familia, pero sobre todo consigo mismo, con una escasa autoestima y con todos los intentos de boicot que se autoinflinge cuando se enamora de él, el atractivo Geoffrey.

PLEASE LIKE ME

 

GIRLS (Lena Dunham, 2012)

Recién estrenada su sexta y última temporada, Hannah y sus amigas (seguro que es un guiño a Allen) llevan cuatro años cosechando buenas críticas y cuentan con una legión de seguidores y haters (a partes iguales) por su peculiar visión del momento crítico en el que se pasa de la veintena a la treintena y empiezas a plantearte de qué quieres que vaya tu vida, pero sobre todo por las polémicas creadas en torno a la falta de prejuicios que tiene Lena Dunham a la hora de desnudarse y desnudar a sus personajes, por dentro y por fuera.

GIRLS

 

FLEABAG (Harry Bradbeer, Tim Kirkby, 2016)

Phoebe Waller-Bridge, también guionista de la serie, encarna a Fleabag, una mujer descarada y perdida que nunca llega a fin de mes, regenta una cafetería que se va a pique, se acuesta con todo el que se lo propone, intenta superar la pérdida de su mejor amiga y mantiene una relación complicada con su hermana, su padre y la novia de éste. Pero “Fleabag” es, sobre todo, un melodrama demoledor y una magnífica lección de como usar al extremo el recurso cinematográfico conocido como “la cuarta pared” con el objetivo de conseguir una necesaria complicidad entre el espectador y un personaje que está pidiendo a gritos amor, el amor que no siente por ella misma.

FLEABAG

Gracias a Luis Alonso  

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