David Cronenberg: Spider y los traumas de la infancia

  • Cine

David Cronenberg al igual que David Lynch, son dos cineastas que a lo largo de su brillante carrera han creado un estilo único que genera cierto estímulo acogedor, en algunos espectadores, a pesar de lo perturbador de sus películas.

Por Sandra P Medina

 

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Ralph Fiennes en un fotograma de Spider. Dirigida por David Cronenberg y estrenada en 2003


En el 2002 Cronenberg realizó Spider, un proyecto que asumió con un intenso interés y que aborda un tema estremecedor: la esquizofrenia, basado en el libro de Patrick McGarth, quien también estuvo a cargo del guion.

La novela del escritor británico fue publicada en Estados Unidos en 1990, un thriller psicológico que narra la historia de un hombre que se debate con sus traumas del pasado. Un tema que hizo parte de la vida de McGarth, ya que su padre fue jefe médico del hospital psiquiátrico de alta seguridad, Broadmoor, en Crowthorne Berkshire (Inglaterra) y por esa razón, la niñez de Patrick transcurrió entre esos gélidos muros, donde reinaban la locura, los comportamientos psicópatas y asesinos sanguinarios; un ambiente que le sirvió para formarse como escritor y descubrir lo más escalofriante de la mente.

Cronenberg no quiso enfocar la película en los síntomas clínicos sino que, se interesó más por crear un personaje lleno de complejidades, sin preocuparse de lo que normalmente se considera como esquizofrenia, porque según él “la verdad artística difiere de la verdad científica, pero eventualmente se cruzan”.

 

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Fotogramas de Spider. Dirigida por David Cronenberg y estrenada en 2003

En sus películas David Cronenberg, intenta crear un trabajo filosófico, en el caso de Spider trata el tema de la identidad y la memoria, una vehemente exploración al subconsciente y el delirio que se desata por medio de los recuerdos dolorosos.

La película está ambientada en los años 60 e inicia en una estación ferroviaria en Londres, a través de un largo travelling (característico en Cronenberg) nos adentramos en el ritmo de la ciudad, hasta encontrarnos con un hombre de aspecto melancólico Dennis Cleg, apodado Spider (Ralph Fiennes) quien al bajar del tren saca de una media un papel donde está escrita la dirección de una casa y se dirige al lugar, cuya puerta de color rojo resalta ante la sombría atmósfera que gobierna la película.

En esa fría pensión dirigida por la rígida señora Wilkinson (Lynn Redgrave) habitan enfermos mentales, una especie de limbo entre los hospitales psiquiátricos y la libertad, pues los pacientes aún no están preparados para vivir en sociedad.

 

Spider. Dirigida por David Cronenberg, 2003. Trailer original:



Cronenberg nos mete de lleno en la mente de Cleg, una disección en extremo alarmante donde su infancia se convierte en el punto clave que nos develará la respuesta del porqué de su enajenación mental, causada por un evento repugnante y aterrador en el que su padre Bill Cleg (Gabriel Byrne) y su tosca amante Yvonne (Miranda Richardson) se convierten en los detonantes del trauma de Cleg.

Cabe resaltar el trabajo actoral de Miranda Richardson quien interpreta a tres personajes en la película, y se manifiestan a través de la perspectiva de Spider hacia las mujeres, en medio de su delirio y lucidez: la pureza y elegancia de su madre, la descarnada Yvonne , y la frialdad de la señora Wilkinson ; meritorio trabajo por parte de Richardson que le otorgó un inmenso reconocimiento internacional y que le da al film esa dualidad visceral que hace parte de las enfermedades mentales, entre lo que se considera realidad y alucinación.

David Cronenberg junto con el director de fotografía Peter Suschitzky, se encargaron de recrear un escenario deprimente, oscuro y sobrecogedor donde abundan los derivados del color ocre, que se contrastan con ciertos detalles rojos y los juegos en el tiempo, que se componen con imágenes desgarradoras y se enaltecen con la exquisita, y a la vez sepulcral música de Howard Shore.

 

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Spider vive en su propio mundo, una realidad que Cronenberg expone de una forma intimista, mediante un hombre atropellado por su traumático pasado, y que Fiennes se encargó de encarnar con una habilidad deslumbrante.

Una película que ejerce un magnetismo frenético (el sello del cineasta canadiense) donde las telarañas del subconsciente manifiestan las miserias de un ser perturbado y solitario; un viaje al interior de la mente, como solo el gran David Cronenberg, ha tenido la destreza de interpretar con su intuición y maestría para brindarnos historias indelebles, convulsas, gracias a su inmensa capacidad para inquietarnos, y a la vez invitarnos a admirar su distintiva manera de hacer cine.

 

Por Sandra P Medina

 

 

 

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