El amor en una de nuestras escenas favoritas de la historia del cine

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Se ha dicho tanto del “amor” que es difícil agregar algo, mucho menos algo nuevo. Sin embargo, es posible, quizás porque aunque intentes pasar por el tamiz de todas nuestras reflexiones, algo de amor siempre escapa a la explicación o al razonamiento.

Es algo fascinante, algo que mantiene vivo el amor y, al mismo tiempo, es algo que nos atrae y seduce. Por eso no podemos dejar de pensar en el amor, escribir sobre él, leer sobre él y tratar de entenderlo, de vivirlo incluso por cualquier otro medio.

 

luces de ciudad charles chaplin

 

De hecho, una de las formas más privilegiadas de hacerlo es a través del cine. Son quizás el vehículo por excelencia de las representaciones del amor realizadas en una época determinada, o por una sociedad o cultura determinada. Desde los clásicos de la época dorada de Hollywood hasta el cine experimental más vanguardista, el amor es, como en otros campos, un tema recurrente.

Por esta misma razón, podríamos citar muchas películas completas o escenas de amor. Pero en esta ocasión hemos optado por hablar de dos que comparten la singularidad de mostrar el amor en dos de sus etapas más conocidas: la del enamoramiento, y luego, la revelación del amor verdadero.

Nos referimos a el final de City Lights (1931) de Charlie Chaplin . En estos últimos momentos reaparecen la niña de las flores y el vagabundo. El que tanto la había deseado y ella que no sabe que fue él quien le devolvió la vista. Él, que a lo largo de la película, ella había creído que era un millonario generoso.

La joven, al ver al hombre tan pobre, lo llama para que le dé una moneda, y aunque inicialmente se niega a acercarse, no puede resistir: no puede resistir que fue ella quien lo llamó. Él extiende la mano y ella le da la moneda, pero cuando él la toca, ella lo reconoce (es decir, lo comprende). "¿Usted?" lee el intertítulo. Y aunque Chaplin responde con un gesto, los siguientes intertítulos son aún más elocuentes: "¿Puedes ver ahora?" él pide. "Si. Ahora puedo ver ”, responde ella.

  

 

-¿Así que ya puedes ver?-Sí, ahora puedo ver

"Cuando Luces de la ciudad está por concluir, nuestro vagabundo ha salido de prisión y vuelve a ver a su amiga florista. Entre los dos hay un encuentro revelador, muy breve, casi sin palabras, pero de una elocuencia espiritual que nos estremece abochornados. Es una mezcla de desilusión, de dolor inmenso, de esperanza, de alegría, de pesar ante lo que no podemos ocultar, de dudas, de amargura. Temblamos ante el poder perturbador del amor y nos condolemos ante un manojo de ilusiones hechas polvo.

Un primer plano de su rostro es lo último que vemos en este filme y en su expresión embelesada se vislumbran jirones de un alma golpeada pero todavía anhelante. El gran crítico de cine James Agee escribió sobre esa escena que “verla es suficiente para que el corazón se marchite, es la pieza más grande de actuación y el momento más alto del cine”. El mismo Chaplin estuvo siempre orgulloso de esa escena. Recordaba que tenía “la hermosa sensación de no estar actuando, de estar de pie fuera de mí mismo. La clave era la correcta – estar ligeramente abochornado, encantado de encontrarla a ella de nuevo- arrepentido sin ponerse emocional. Él miraba y se preguntaba sin esfuerzo alguno. Es uno de los insertos -yo les llamo insertos a los primeros planos- más puros que he hecho alguna vez”.

La película concluye y todavía no nos damos cuenta. Hemos viajado al alma de un artista inmenso y necesitamos un momento para reponemos. Después una leve sonrisa nos recorre. Y volvemos a ser nosotros mismos, pero no, quizás después de ver Luces de la ciudad ya no somos iguales, acaso un poco más dignos, más humanos."- Tiempo de Cine

 

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