"Para hacer buena fotografía solo necesitas una puta luz" y otras grandes frases de Miguel Oriola

"Si no sabes que hacer, empieza", "al estudio se viene con la foto pensada de casa", son solo algunas de las muchas joyas que nos deja el transgresor fotógrafo. Miguel Oriola se ha ido en este fatídico 2020 dejándonos no solamente su fotografía, sino grandes pensamientos y aprendizajes.

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Miguel Oriola

 

Siempre vestido de negro, con gafas de pasta y el pelo y la barba canosa, no era un tipo de medias tintas ni de mantener las formas. Quienes le conocían saben que no le gustaban las "cursiladas" ni las "ñonerías", pero este querido "viejo loco" bien se merece un adios por todo lo alto. 

Nacido en Alcoy (Alicante), en 1943 probó suerte con el dibujo, la música y el arte dramático antes que con la fotografía. Quizá eso le llevó a crearse un personaje un tanto radical, directo, apasionado, con un peculiar sentido del humor que se hacía querer.

Desde la prestigiosa escuela de fotografía en la que daba clases desde más de 30 años dicen que si se hubiera podido despedir hubiera sido algo así:

— ¿Qué te pasa Miguel?
¡Qué me he muerto, coño! - se ríe, y sigue caminando con su carpeta verde para pasar lista.

 

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Miguel Oriola

 

Aprendió el oficio ejerciendo de asistente de José Vicens en su Alicante natal para aterrizar en Madrid en los años 60. Lo suyo era la fotografía un tanto oscura, sórdida y provocadora con las tendencias llegadas de Japón y especialmente la revista Provoke como referente.

Es a principios de esta década cuando monta su primera exposición y se convierte en jefe de fotografía de una agencia de publicidad. En 1980 funda su propio estudio y su propia revista, POPtografía, especializándose en moda y publicidad lo que le lleva a viajar por todo el mundo y a publicar en cabeceras tan prestigiosas como Vogue, Elle, Penthouse o Cosmopolitan.

Nunca se olvidó de su trabajo personal, más crudo y atrevido basado en la imperfección como las de su serie Phenomena (1999) o los desnudos Nothing Personal. “Me gusta enfrentarme a fotos escabrosas y salir airoso”, explicaba el propio Oriola. "Nunca me he dedicado a la fotografía erótica, lo que sí he hecho son retratos de gente sin ropa, que es distinto”.

 

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Miguel Oriola

 

El Círculo de Bellas Artes (1995), el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía —que cuenta con obra permanente suya— y otros museos de Japón, Finlandia y Austria han acogido su obra. También PhotoEspaña le dedicó una retrospectiva.

También publicó libros como Alphaville (2013), Sketch 5 (2015) o Actus (2017). Su cultura fotográfica era infinita y la compartía, además de en sus clases, a través de las redes. Nos queda el honor de firma la última publicación compartida en su perfil de Facebook.

"Me gusta la gente, siempre la fotografío, creo que nunca la entenderé, por eso sigo haciéndolo, pero sobre todo me gusta la vida, el arte, la literatura y la libertad"; "El fondo negro es de cobardes"; "Hago fotos en defensa propia"; "Una luz es un problema, dos luces son dos problemas"; "Una luz y una cámara que quepa en tu bolsillo"... 

Alguien afirmaba en estos días pasados que "en sus clases, la fotografía era una excusa barata" y es que Oriola enseñaba fotografía como instrumento para exprimir, disfrutar y desgastar la vida, habiéndole dado uso para llegar al final derrapando y con toda la carne puesta en el asador y el objetivo.

De él aprendimos a romper con lo establecido, a encontrar la belleza en lo bizarro, nos contagiamos de su pasión y aprendimos que, a veces, las cosas se saborean mejor sin edulcorar. Gracias por tanto, Miguel.

 

 

 

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Miguel Oriola: Web 

 

 

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