Tin Pan Alley: la calle que fue la capital de la música a primeros del s.XX

Hubo un tiempo en el que para escuchar música, había que tocarla

Por Dumia Pernas

 

Tin Pan Alley

Durante el s. XIX la música se difundía en forma de partitura. Si una familia deseaba escuchar una pieza nueva o famosa en su casa, debían comprar la partitura e interpretarla, normalmente al piano. Muchas casas de familias de clase media disponían de su propia sala de música, donde se reunían para escuchar las canciones elegidas.

Si la industria musical se basaba en las partituras como medio de difusión, es lógico que estuviese dominada por los editores. La agrupación de editores, compositores y escritores más famosa de la época se encontraba en Nueva York, donde la escena musical y teatral era muy importante. Los editores se concentran en la calle 28, entre la 5ª y 6ª avenidas de Manhattan. A esta zona se le llamaba Tin Pan Alley.

Tin Pan Alley 2

Tin Pan Alley surge hacia 1885, cuando un pequeño grupo de editores abren sus tiendas de música en la misma zona. Después de su época de bonanza, el dominio de los editores se va diluyendo con la llegada del fonógrafo y el aumento de popularidad de la radio: en el siglo XX, no había necesidad de aprender una partitura; bastaba con encender la radio o poner un disco para oír música. El tema de Charles K. Harris, titulado After the ball y original de 1892, fue, supuestamente, la primera canción en vender un millón de copias en partitura. En el vídeo se puede ver al propio autor interpretando su composición.


Otro éxito salido de las plumas de Tin Pan Alley es Give My Regards to Broadway, de George M. Cohan (1904)


Como curiosidad, decir que Bob Dylan presenta su tema Bob Dylan’s blues (del disco The Freewheelin’ Bob Dylan) diciendo: “A diferencia de la mayoría de temas de hoy día que han sido escritos en Tin Pan Alley, el lugar de donde proceden la mayoría de canciones folk de estos días, esta, esta canción, no ha sido escrita allí, esta ha sido escrita en algún otro lugar de Estados Unidos.

Texto de Dumia Pernas. Podemos seguirla en su blog

 

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