Walt Whitman comparte su experiencia de leer (y soñar) a Edgar Alan Poe

Whitman, creador de innumerables listas de luz y simbiosis, relata su proceso de aceptación hacia la sombría figura de Poe en un mundo a punto de cambiar.

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Walt Whitman

 

                                                                                                                                                  

                          "Me volví loco, con largos intervalos de horrible cordura."
                                                                                          –Alan Poe


En 1880, un encuentro entre dos voces marcadamente distintas tuvo lugar. Dos voces eternas que resuenan en toda la extensión del mundo, cada una con su carácter tremendo ya sea lumínico o nocturno. Walt Whitman y Edgar Allan Poe, el primero leyendo los versos del otro, se encontraron por tres días en un mismo lugar –específicamente en un estanque– y naturalmente algo pasó. Whitman, el bardo de todos los vientos, quien solía gritarle poemas a los camiones para contrarrestar el ruido, se encontró con una literatura sombría que nunca antes había experimentado. Su inmediata reacción fue condenarla como antimoral y contradictoria, pero eso no significó que pudiera dejar el libro a un lado y parar de leer.

Por mucho tiempo y hasta hace poco tuve disgusto por los escritos de Poe. Yo quería, y aún quiero para la poesía, el sol claro brillando y el aire fresco soplando –la fuerza y el poder de la salud, no del delirio, incluso entre las pasiones más tormentosas—siempre con el fondo de las morales eternas. No cumpliendo con estos requisitos, el genio de Poe sin embargo a conquistado un reconocimiento especial para sí mismo, y yo también he llegado a admitirlo por completo y apreciar eso y a él.

Tratando de diagnosticar a la humanidad mediante sus poetas, Whitman encontró en Poe más que a un fantasma que le cantaba al terror, a un síntoma del mundo, a una subcorriente que se movía debajo del río que todos vemos pasar y que habría de llevar al mundo a una nueva era en la que las dimensiones de lo paranormal se traslaparían con la razón humana. “Lo exuberante y lo raro han tomado una extraordinaria posesión de los amantes decimonónicos de los versos”, apuntó con preocupación, develando en la escritura de Poe uno de los grandes cantos a la oscuridad que luego infatuarían a Francia y luego al mundo gracias al descubrimiento de Baudelaire.

 

Alan Poe

Edgar Alan Poe

 

Los versos de Poe ilustran una facultad intensa por la belleza técnica y abstracta, por el arte rítmico al exceso. Denotan una propensión incorregible hacia los temas nocturnos, un subtono demoniaco detrás de cada página y, como juicio final, probablemente pertenezcan entre las luces eléctricas de la literatura imaginativa, brillante y deslumbrante, pero sin calor.

Por último, quizá como la más significativa de sus descripciones, el bardo relata un bello y oscuro sueño en el que comprende a Poe como una metáfora gigantesca de las fuerzas naturales de las tinieblas. (¿Dónde, si no en sueño, se iban a encontrar cara a cara y en completa verdad estos dos poetas de las corrientes del mundo?)

En un sueño que tuve una vez vi un navío en el mar, a medianoche, en una tormenta. No era una gran fragata ni un majestuoso barco de vapor moviéndose firmemente entre la tempestad; mas parecía uno de esos estupendos veleros que había visto muchas veces anclados, meciéndose con confianza en las aguas de Nueva York o cuesta arriba en el estrecho de Long Island; ahora volando incontrolablemente con velas rotas y remos partidos entre el granizo salvaje y los vientos y las olas de la noche. En el muelle había una hermosa figura, esbelta y sutil: un hombre sombrío aparentemente disfrutando todo el terror, la turbidez y la dislocación de la cual él era el centro y la víctima. Esa figura de mi espeluznante sueño podría pasar por Edgar Poe; su espíritu, sus fortunas y sus poemas son en sí mismos espeluznantes sueños.

 

via faena

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