Je refuse: sobre la negativa de Sartre a aceptar el Nobel de Literatura

Un intrigante gesto de Sartre para la posteridad el rechazo de la máxima institución literaria mundial

Gracias a Aleph

 

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El filósofo, novelista y dramaturgo francés Jean-Paul Sartre, uno de los pilares del existencialismo, tenía a su vez una relación problemática con la institucionalidad: la originalidad de su pensamiento, el rigor de su análisis, la lucidez de su conciencia política, entre otros factores, lo volvieron un importante referente de la intelectualidad francesa.

Pero su filiación comunista provocó que sus críticos hicieran burdas caricaturas de él y de su trabajo. Su apoyo a Fidel Castro, Ché Guevara y la Revolución Cubana fue un gran hito de los 60. Fue por ello que al rechazar el Premio Nobel de Literatura en 1964, como explicara en una declaración, estaba manteniendo su independencia política de las consecuencias que un premio como aquel hubieran podido reflejar en las causas que le importaban.

Esta actitud está basada en mi concepción de la tarea del escritor. Un escritor que adopta posiciones políticas, sociales o literarias debe actuar sólo bajo sus propios medios –esto es, la palabra escrita. Todos los honores que pueda recibir exponen a sus lectores a una presión que no considero deseable.

El nombre mismo –cualquier nombre– ya es un pacto contraído con la historia de una genealogía, de una familia, y con el tiempo ese nombre va adoptando militancias y asociaciones que no siempre podemos evitar. En el caso de Sartre, el rechazo del Nobel no fue un ataque al premio mismo, sino una continuidad de su propio pensamiento. Debemos recordar que en 1945, Sartre rechazó la Legión de Honor por razones similares, y llegó a decir que rechazaría el Premio Lenin (el Nobel del bloque soviético) en caso de que decidieran dárselo.

 

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Sartre no fue el único escritor en rechazar el Nobel de Literatura. George Bernard Shaw lo rechazó en 1926 por la escandalosa suma de dinero, pues en sus propias palabras, “tengo suficiente dinero para satisfacer mis necesidades.”

“Firmar como Jean-Paul Sartre no es lo mismo que firmar como Jean-Paul Sartre, ganador del Premio Nobel”, decía en uno de los textos aparecidos para explicar el escandaloso gesto. “El escritor debe, por tanto, negarse a ser transformado en una institución, aunque esto ocurra bajo las circunstancias más honorables, como en el presente caso.”

El rechazo al Nobel, al igual que al Premio Lenin (si se lo hubiesen dado), para Sartre, hubiera englobado un gesto simétrico en aras de apoyar “la coexistencia pacífica de dos culturas, la de Oriente y la de Occidente”, aunque el Oriente que Sartre tenía en mente era específicamente Rusia. Pero la razón más visceral se encuentra vertida en el documental Sartre by Himself, donde incluso lo visceral se vuelve congruencia:

Dadas mis actuaciones políticas, el establishment burgués quería cubrir mis “pasados errores”. ¡Tenemos una vacante! Y entonces me dieron el Premio Nobel. Ellos “me perdonaron” y me dijeron que lo merecía. ¡Era monstruoso!

De hecho, la leyenda dice que De Gaulle perdonó a Sartre luego de que el filósofo participara en el Mayo del 68 francés con una frase que, menos que un halago para Sartre, deja entrever lo que significan los escritores –al menos simbólicamente– para los poderosos: “Uno no arresta a Voltaire.”


Gracias a Aleph

 

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