Ha fallecido Yevgueni Yevtushenko, el poeta ruso del inconformismo

"Un poeta en Rusia es más que un poeta". Hace más de 50 años Yevgueni Yevtushenko pronunció estas palabras. Símbolo del periodo del deshielo y artífice de una importante contribución al desarrollo cultural de Rusia, Yevgueni Yevtushenko ha fallecido este sábado a la edad de 84 años.

 

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Nacido en 1932 en el pueblo de Zima, en Siberia, publicó su primer poema en 1949 en el diario soviético Soviétski Sport, y unos años después se convirtió en el miembro más joven de la Unión de Escritores de la URSS.

En su paleta literaria se mezclaban las palabras de amor y de inconformismo. El autor, que escribió más de 150 libros, fue nominado al Premio Nobel de Literatura en 1963. Yevtushenko ofreció lecturas de su poesía en Brasil, Argentina, Nicaragua, Colombia, Ecuador, Uruguay, Perú, República Dominicana, Panamá y Costa Rica. 

 

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Al inicio de los años sesenta apoyó la Revolución cubana y sostuvo diversas charlas confidenciales con Fidel Castro y con el Ché Guevara. Después de un viaje al pueblo boliviano de La Higuera, donde fue asesinado el Ché Guevara, Yevgueni Yevtushenko escribió en español "La llave del comandante". 

Su obra poética versó principalmente sobre los episodios dolorosos de la historia rusa, así como el resurgimiento del antisemitismo o el enorme poder de la burocracia soviética.

 

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La hamaca con sabor a sal (1971)

Como el tiempo es la inteligente arena,

el tabaco cruje en la bolsita…
Y como la madera podrida de un viejo barco ballenero,
así también ocurre con la gente y con las redes para pescar.

Y feliz como un hombre viejo
esas transparentes vallas
hechas de viejas redes
escuchan las ruidosas voces de los niños.

Ellas han hecho muchas veces su trabajo
y aunque están fuera de práctica todavía pescan
algo de basura, lluvias y fósforos gastados.

Ahora una estrella quedó atrapada en ellas
ahora el balbuceo de un amor juvenil
ahora unas malas palabras de alguien
ahora un fugaz suspiro.

Ellas agarran de todo, la ráfaga del viento
una frase o la canción que alguien canta
y, pescando un botón de ropa,
lo sueltan levemente pero sin mucho apuro.
Y un viejo pescador
(esos seres robustos que esquivan la muerte)
comienza él mismo a hacerse una hamaca
de viejas redes de pescar que hace mucho tiempo usó.

Y escondiendo un dolor dentro de si
iba reconociendo en los aislados pedazos
de la grisácea red y sus nudos
un sabor salado que se impregnaba en sus dientes.

Se mece la hamaca con sabor a sal
en el suave susurro de los pinos.
Cada pescador que se jubila
en algún momento viene a ser algo atrapado.

Cuando somos viejos vivimos en una calle estrecha
desde la cual miramos hacia nuestro pasado
y nos retorcemos
en nuestras olvidadas redes.

Tú eras un conversador, un derrochador de dinero.
Pero ahora no hay tiempo para peleas. Tu cuerpo tiene costras.
Se mece la hamaca con sabor a sal
creando una ilusión de las aguas del mar.

Pero el mar no llegará a tus orillas
y el cielo permanece traicioneramente despejado.
Mecerse porque uno lo desea es muy diferente,
eso requiere algo mucho más que ser sabio.

Y él quiere vientos huracanados y tormentas
¡al diablo con toda esta comodidad!
Pero si su juventud volviera de nuevo.
Sin embargo él ha renunciado a toda su sabiduría.

Pero es falso que tú no seas feliz.
Quien no ha conocido las tormentas no ha sido afortunado.
Y tú eres tan distinta
a cualquier otra hamaca que cuelga en una casa de campo.

Tú has conocido cada golpe de las tormentas
te arrastraron los huracanes más fuertes .
Deja que las hamacas de agua dulce envidien
esta hamaca con sabor a sal.

Hay un sabor especial cuando se mece esta hamaca
aún cuando traiga mala suerte.
Mécete, hamaca con sabor a sal
mécete,
mécete
mécete…

(Traducido por Javier Campos)

 

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