Encantada de conocerme: el arte de la introspección

En una sociedad en la que estamos acostumbrados a vernos a través de los ojos de los demás, deshacernos de las miradas y juicios de terceros es una tarea nada fácil. Hacerlo requiere de un profundo trabajo de abstracción en el que reconectar con nuestra esencia y despojarnos de las influencias externas.

 

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Tenemos que conocernos mejor a nosotros mismos
Por desgracia, solemos dejar poco espacio en nuestras vidas para realizar esa conexión con nosotros mismos, llegando incluso a provocarnos miedo esos momentos en los que nos toca detenernos a pensar el porqué de algunos de nuestros comportamientos y acciones.


El acelerado ritmo de vida y la conexión permanente a través de internet y las redes sociales tampoco ayudan; más bien colaboran activamente a sumirnos en el letargo. Esta ocupación mental y permanente de nuestro cerebro no deja lugar a que analicemos nuestras emociones ni profundicemos en nuestros pensamientos y conductas.

 

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Para llegar a conocerse es necesario despojarse de creencias aprendidas a lo largo de nuestra vida. Esto implica llevar las ideas de nuestro subconsciente hasta la conciencia, para así poder mirarlos de frente y ponerlos en cuestión.

A esta tarea es a la que se conoce como introspección. Se trata de un proceso mental por el que las personas miramos hacia nuestro interior, analizando experiencias y realizando una autoobservación. El inicio puede resultar perturbador, pues conlleva también aceptar nuestras debilidades y enfrentarnos a ellas.

Sin embargo, realizar este proceso nos permite conocernos mejor a nosotros mismos y, por lo tanto, aprender a enfrentarnos de forma más consciente y reflexiva a nuestra vida diaria y a tomar decisiones más acertadas y meditadas.

 

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Dejar atrás los complejos: la autoaceptación física

Conocerse y quererse pasa también por la autoaceptación física. Esto implica reconocer nuestros complejos, mirarlos de frente para poder asumirlos y dejarlos atrás; también, por supuesto, reconocer nuestras virtudes y sacarles partido.

Para realizar este cambio de enfoque lo primero que hay que hacer es evitar luchar por cambiar la realidad. Siempre hay modificaciones que podamos acometer para sentirnos mejor, pero es inútil intentar negar y rechazar aquellos aspectos que forman parte de nosotros irremediablemente.

También es necesario dejar atrás el miedo a enfrentarnos a nuestro cuerpo en soledad: conocerlo, explorarlo y ser capaces de proporcionarle placer a través de vías como la masturbación es una forma directa de aceptar nuestro físico. La toma de conciencia de nuestra sexualidad nos otorga un enorme poder y seguridad en nosotros mismos.

 

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Para ello podemos valernos tanto de nuestra propia imaginación como de la ayuda de juguetes eróticos. Este tipo de aparatos estimula los sentidos, deja fluir la imaginación y superar nuestros propios límites, tanto de forma individual como en compañía. De hecho, son una excelente alternativa para solucionar los problemas sexuales dentro de la pareja.

Tener una buena salud sexual aporta enormes beneficios físicos y también psicológicos, ya que la búsqueda del placer está asociado directamente a la felicidad.
Es, además, un componente esencial en nuestro bienestar emocional, ya que nos ayuda a sentirnos más seguros y a gusto con nosotros mismos.

 

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Un proceso complejo, a la par que liberador

Otra de las consecuencias de la falta de conocimiento sobre nosotros mismos es la falta de control sobre  nuestras emociones. Esto conlleva, inevitablemente, que tomemos decisiones equivocadas, las cuales no entendemos y que nos hace sentirnos incoherentes y contradictorios al no comprender cómo nos comportamos en ciertas situaciones y contextos.

Para ello hemos de tomar conciencia, en primer lugar, de nuestros propios pensamientos irracionales. Es decir, aquellos que no están fundamentados y que solo son producto de nuestras inseguridades y temores.

Por otra parte, aceptar qué aspectos de nuestra propia personalidad vienen “de fábrica” y cuáles han sido adquiridos a lo largo de nuestra vida. La mayoría de ellos son creencias inculcadas durante nuestra infancia, época en la que asumimos
enseñanzas sin ponerlas en tela de juicio.

 

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El proceso es complicado y, en ocasiones, puede requerir de la ayuda de un profesional que nos guíe y nos dé las herramientas adecuadas para llevarlo a cabo. Una vez desenmarañamos toda esa “tela de araña”, logramos entender el porqué de nuestras acciones, y lo que es más importante: defenderlas con seguridad y sin miedo a los juicios externos.

Esta seguridad nos permitirá actuar de forma más madura y consciente, a retomar el control sobre nuestras propias vidas y a ser conscientes de que somos capaces y estamos obligados a cuidar de nosotros mismos. De este modo, evitamos también la insana dependencia emocional, que no es más que una cadena invisible hacia terceras personas.

Así que ya lo ves: La introspección es un proceso complejo que puede llegar a ser incluso doloroso, pero que nos permite convertir nuestras debilidades en fortalezas. No obstante, como diría Óscar Wilde, «amarse a sí mismo es el comienzo de una
aventura que dura toda la vida».

 

 

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