Cuando pasar tiempo a solas es una necesidad vital

No solamente es evidente que en ocasiones la soledad elegida provoca cambios importantes y beneficiosos en el cerebro, en los pensamientos y en las emociones. También hay estudios que lo certifican.

 

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Quizás a la mayoría de nosotros nos costaría pasar demasiado tiempo sin contacto con otras personas, no estamos acostumbrados. Sin embargo, hay prácticas de meditación que incluyen pasar varios días a solas. 

Aislarnos y no interactuar con nadie por un tiempo es una verdadera prueba de fuego. Para hacer esto se necesita entrenamiento y estar en paz con nosotros mismos, sin embargo, si este es un ejercicio periódico entre quienes meditan es precisamente porque trae enormes beneficios. La soledad, bien gestionada, empodera. 

 

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Relacionarse con los demás genera muchas satisfacciones, pero también nos exige tiempo y energía, especialmente en las relaciones más estrechas y con mayor implicación emocional. 

El trabajo, la pareja, la familia, los amigos… Son muchos los ámbitos sociales en los que nos movemos y cada uno de ellos tiene sus exigencias y sus tensiones. Tanto, que muchas veces se llega a un punto en el que no logramos distinguir bien dónde termina lo propio y dónde comienza lo colectivo. O viceversa. 

Pasar tiempo a solas es una forma de reencontrarnos y cuidar nuestra energía. Aunque de entrada pueda parecer egoísta, en realidad, puede ser una forma de escucharnos y mantener nuestra personalidad y valores al margen de la influencias externas para poder actuar así en consecuencia y ayudar a los demás cuando necesiten nuestro apoyo.

 

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Al no compartir nuestro tiempo con personas, el silencio se impone y la atención se centra de fuera a dentro en lugar de al revés que es lo que pasa cuando socializamos.

Dejamos así descansar a la parte del cerebro que se encarga del habla, con lo que la energía que empleamos en esta función se desvía a otras áreas del cerebro que actúan con mayor intensidad. La atención y la concentración son dos de estas áreas, incluso hay estudios que lo prueban, así como apoyan la teoría de que la soledad agudiza el pensamiento y el ingenio.

Aparentemente todo esto podría hacer que la materia gris del cerebro se engrose, permitiéndonos también ser más hábiles en el procesamiento de la información lo que nos hace ser más productivos. A esto habría que sumarle que es más fácil que la inspiración llame a nuestra puerta cuando estamos solos que acompañados. 

 

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Además, a medida que pasamos tiempo a solas nos vamos dando cuenta de ideas y sentimientos que con el ruido exterior nos cuesta apreciar y dialogamos más con nosotros mismos.

Con esto no queremos decir que relacionarnos con otras personas no tenga tan bien muchos beneficiosos ni que no sea constructivo, pero reservarnos nuestros espacios de soledad sentará bien a nuestra mente y emociones.

Lo ideal es poder disponer, por lo menos, con 10 minutos al día para tener tiempo a solas, esto es, reservarnos este tiempo (mínimo 3 veces por semana) para poder estar con nosotros mismos.

Sería recomendable incrementar este tiempo en aquellos momentos en lo que nos sentimos agobiados o sobrecargados, siendo lo ideal en etapas complicadas poder hacer un viaje a solas, aunque sea una pequeña escapada a un lugar cercano pero que nos saque de nuestro entorno habitual.

Sentir cierta incomodidad al principio puede ser habitual, pero una vez vencida, te darás lo beneficioso de pasar tiempo con nosotros mismos.

 

Artículo basado en el texto de Edith Sánchez "Tiempo a solas: una necesidad fundamental"

h/t: La mente es maravillosa

 

 

 

 

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