Sobre por qué el desapego es la sabiduría más grande

Todo es efímero. En un mundo impermanente, el desapego es la actitud más inteligente.

Todas las grandes corrientes filosóficas y religiosas de la India, y también algunas occidentales, comparten que el germen de la infelicidad y el sufrimiento es el apego o nuestra forma de aferrarnos a los objetos, a las acciones y a sus resultados.

 

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Fleur

 

Es por esto, que el desapego -en acción, pensamiento y palabra- nos lleva a la libertad, la felicidad e incluso a la transcender la existencia tal y como la conocemos. No todo el mundo cree en esto último, pero lo que sí es un hecho a priori lógico es que en un mundo impermanente, la capacidad de dejar ir nos acerca al estado de paz y felicidad.

 

Existen dos razones fundamentales por las cuales el desapego es el modo correcto de proceder en el mundo según todas estas tradiciones. La primera, la más evidente, tiene que ver con el racional de que aferrarse o apegarse a las cosas es actuar de manera ignorante, ya que el mundo que experimentamos cotidianamente es cambiante.

El mundo en el que vivimos está constituido por elementos sujetos al cambio, a la decadencia y finalmente a la disolución, empezando por nuestros objetos de deseo y los estados que nos provocan. Ignorar que algo es impermanente y aferrarnos a ello será la puerta a la infelicidad, la frustración y el sufrimiento.

 

 

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Kyndall Ramirez

 

Aquello a lo que más nos aferramos es a nuestra propia identidad, el concepto de que somos un ente fijo y separado de un mundo de objetos, de un universo de cosas que emergen en oposición y conflicto -porque las queremos o las rechazamos pero no las controlamos. Como dice el epígrafe de Atisha, es a partir de esta noción de un yo o un sí mismo que nace la noción de un otro. Y es a partir de un otro que podemos sentir aversión y apego a las cosas. Finalmente, es la separación entre el sujeto y el objeto, la dualidad, lo que produce todo sufrimiento.

Recordemos la famosa frase de Heráclito de que uno no se puede bañar en el mismo río dos veces. El río está fluyendo y cambiando cada instante y cada parte de nuestro cuerpo está cambiando, nuestras células y nuestros átomos están surgiendo y desapareciendo cada instante... Así, ¿qué constituye realmente nuestra identidad? ¿No es, acaso, sólo un concepto, una persistente ilusión de la memoria? ¿Quién ha podido ubicar o fijar en un lugar su yo?

Como dice Dogen: "Estudiar el sendero [budista] es estudiar el sí mismo. Estudiar el sí mismo es olvidar el sí mismo. Olvidar el sí mismo es ser iluminado por todas las cosas del universo". Siempre que exista una identidad individual no podrá haber una identidad universal, siempre que sólo seamos una persona, en un cuerpo, en una mente, no podremos ser la totalidad, que es lo que realmente deseamos -y a la vez, el fin de todo deseo.

El término sánscrito utilizado en el budismo para apego o aferramiento describe muy bien esta característica del apego como un obstáculo en el sendero: "upadana" (apego) también significa "combustible" o "causa material", la sustancia que mantiene andando la rueda del samsara. El Buda describe el mundo como sujeto a un incendio interno, a un fuego que todo lo consume -el apego es el combustible de ese fuego; el despego es lo que lleva al nirvana, término que connota una extinción o "despiración", una vela que se apaga.

 

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Maria Teneva

 

La segunda razón por la cual el desapego conduce hacia la liberación tiene una cualidad más positiva. El desapego es en sí mismo un método para alcanzar la sabiduría, al desidentificarse con el sí mismo ilusorio (el ego) y renunciar a las distracciones y a las concupiscencias, para concentrarse justamente en lo que no cambia, en lo real.

Y es que el hinduismo reconoce la existencia de un ser inmutable -que existe más allá del mundo superficial- al cual se accede o se libera justamente a través del desapego; pero también el budismo habla de un dharma inmutable. El Buda nunca dijo que todo es impermanente, lo impermanente es el modo de existencia condicionada propio del ciclo de la vida.

Si todo fuera impermanente entonces no habría realmente un cese del sufrimiento. Aún cuando todo el mundo manifiesto siempre está cambiando, hay algo que está más allá de todo cambio -algo que el mahayana y el vajrayana describirán en términos positivos, como luminoso y dichoso, algo que no puede llamarse un alguien, pero que es presencia cognitiva, inmóvil y silenciosa, en la dinámica de un eterno devenir.

 

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Matt Hardy

 

Así lo expresa Tulku Urgyen Rinpoche, reconocido maestro tibetano, en su libro As it is (vol II):

"Lo percibido es impermanente, pero quien percibe, que en esencia es simple cognitividad vacía, la sabiduría y los kayas, no son impermanentes. De otra forma, ¿cuál sería la razón de buscar la budeidad, si ésta fuera impermanente y sujeta a perderse una vez alcanzada? El mundo y los seres son vacuidad; eso lo podemos decir certeramente.

En algún momento todo el universo será destruido... los cuerpos de los seres sensibles, sus voces y la totalidad de las cosas desaparecerán. Pero el espacio mismo no puede ser destruido o alterado de ninguna manera. El espacio no tiene cualidades innatas, no siente dolor o placer.

La esencia de la mente de los seres sensibles, sin embargo, sí tiene cualidades intrínsecas. Los pensamientos pueden desaparecer, obviamente, pero la esencia de la mente, que es los tres kayas, no es algo que pueda desaparecer".


El desapego como método en el sendero espiritual está relacionado al principio de la renuncia. Todas las religiones en general plantean una renuncia a un modo de existencia banal, movido por la ignorancia de querer buscar la felicidad en lo impermanente, en lo material. Lo cual no debe confundirse con el quietismo, con el eremitismo o con las austeridades extremas.

Ni tampoco pensar que significa no darle importancia a la vida -por el contrario, es justo porque se valora la oportunidad que representa la vida para liberarse del sufrimiento que se practica el desapego. Evidentemente existen corrientes religiosas que practican la renuncia total al mundo, pero la mayoría de éstas plantea también la posibilidad de actuar en el mundo pero renunciando a lo mundano o, como dice la frase, estar en el mundo, sin ser del mundo.

 

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Anthony Delanoix

 

Para el budismo mayahana, el mundo es como un sueño -lo cual no significa que sea irreal sino que, como ocurre cuando estamos soñando, llegamos a creer que las cosas tienen una existencia independiente de nuestra mente, lo cual es un error- y por lo tanto hay que renunciar a la perspectiva incorrecta del individuo que está dormido, y despertar.

Para lo cual hay que renunciar a la perspectiva que nos hace creer que las cosas -incluyendo nuestro propio sí mismo- existen como entes objetivos, separados, sólidos y permanentes.

Por su parte, el budismo vajrayana, el mundo es como una proyección mágica, el despliegue espontáneo de apariencias, el juego de la luminosidad sobre el lienzo de la vacuidad -y es necesario reconocer esa luminosidad, ese juego erótico de los budas y las dakinis, como nuestra propia naturaleza, como nuestra propia luminosidad.

Para ello hay que renunciar a la noción equívoca de que somos personas, que hemos nacido y que moriremos, de que existe tal cosa como una mancha, una impureza, algo que enturbia la propia budeidad: que existe algo además de la conciencia adamantina, siempre despierta, lúcida, no-dual.

 

Gracias a Pijama Surf

 

 

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