El porqué de nuestra obsesión por acumular papel higiénico, según Sigmund Freud

En el momento en el que se conoció que debíamos quedarnos en nuestras casas, el papel higiénico fue lo primero que  desapareció de las estanterías de los supermercados y todos nos preguntamos por qué.

 

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Mucho se ha bromeado sobre el tema y los vídeos sobre manualidades y ejercicio físico con los rollos han circulado por la red pero, ¿qué hay en realidad detrás de esta actitud obsesiva compulsiva por el papel de W.C.? 

Randy O. Frost, profesor de psicología en el Smith College, lleva tiempo estudiando y escribiendo sobre el acaparamiento. Su visión es que la mayoría de las personas acaparadoras están motivadas por una combinación de tres factores: apego emocional o sentimental, apreciación estética y utilidad.

En el caso de los acumuladores de papel higiénico, Frost afirma que tan solo entra en juego la tercera motivación. "Una de las características subyacentes de la utilidad es una intolerancia a la incertidumbre", explicaba por teléfono en declaraciones a "The New Yorker", "el individuo necesita sentirse absolutamente seguro de que no llegará ningún tipo de resultado negativo", concluía.

 

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Erik Mclean

 

"Controlar la limpieza de su alrededor es la forma más temprana en que el niño afirma el control", afirma por su parte Andrea Greenman, presidenta de la Sociedad Freudiana Contemporánea. “El hecho de que ahora todos estamos presumiblemente perdiendo el control crea un empuje regresivo a nuestra edad temprana. Es probable que eso se traduzca en el inconsciente en el pensamiento de "si tengo suministro de papel higiénico para toda la vida, nunca volveré a estar fuera de control, nunca más seré un niño indefenso y sucio".

Freud creía que los seres humanos equiparamos inconscientemente las heces con el oro o el dinero. En "Sobre las transformaciones del instinto como se ejemplifica en el erotismo anal", el padre del psicoanálisis escribió: "Dado que sus heces son su primer regalo, el niño transfiere fácilmente su interés de esa sustancia al nuevo que él encuentra como el regalo más valioso en la vida."

 

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El punto de inflexión en la llamada fase anal de un niño es cuando aprende a renunciar a su "don", que, a su vez, ocasiona una pérdida de sí mismo. El papel higiénico está inextricablemente ligado a nuestras mentes con la defecación, y es uno de nuestros pocos reconocimientos públicos de ello. Quizá de ahí venga la acción reciente de un café en Australia que decidió aceptar papel higiénico como moneda de pago (tres rollos por un café, treinta y seis rollos por un kilo de judías). 

¿La compra compulsiva de papel higiénico es entonces un acto principalmente egoísta? La autora de "Excremento en la Baja Edad Media: Sagrada suciedad y fecopoética de Chaucer", Susan Signe Morrison, defiende que "está más bien relacionado con el cuidado de las personas enfermas. Relacionamos limpiar el trasero de alguien con cuidar a bebés o personas mayores que no pueden controlar su producción fecal".

Según el profesor de antropología cultural en la Universidad Victoria de Wellington (Nueva Zelanda), Grant Jun Otsuki, otra motivación externa para el aprovisionamiento desmedido de papel higiénico podría estar incluso relacionado con la política. "Los lugares en los que vemos mencionar el papel higiénico a menudo están vinculados con la política, especialmente en las películas" y pone como ejemplo la película "V for Vendetta", "es cuando el personaje de Evey descubre una carta escrita en papel higiénico por alguien oprimido bajo el régimen totalitario cuando despierta políticamente", expone este antropólogo.

 

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Jasmin Sessler

 

En una reciente publicación de su blog, subtitulada "Un análisis cultural del papel higiénico", Otsuki revela una jerarquía de artículos de papel domésticos, desde libros y prensa actual, en la parte superior, hasta periódicos viejos, toallas y platos de papel, y por supuesto nuestro protagonista, el papel higiénico. 

Y señala que este elemento más bajo de la cadena podría desempeñar sin problemas muchas de las funciones de los elementos más arriba en la lista, pero no al revés. Concluye: “Si bien podemos usar papel y bolígrafos elegantes para escribir las leyes básicas de una nación, estas palabras no tienen significado a menos que puedan escribirse en papel".

Las mentes humanas somos así de complejas... De cualquier forma, sea lo que sea lo que nos empuje a querer llenar nuestra casa de rollos de papel, pensemos también en los demás antes de acabar con las existencias.

 

h/t: New Yorker

 

 

 

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