Unos narradores cuentan cuentos cada jueves por teléfono a quien lo desee

Sin duda una de las cosas buenas de este extraño momento que estamos viviendo es la generosidad de las personas y la cantidad de iniciativas surgidas, de forma altruista, para intentar que las cosas sean más fáciles.

 

thumbnail 4Juanjo Molina

 

Esto es un cuento sobre el confinamiento y solo una de las tantas bonitas historias nacidas durante la crisis del Covid-19:

Érase una vez una calle tranquila del centro de Madrid. Era una de esas calles en la que la mayoría de los vecinos no se conocían demasiado; hasta que un día apareció un virus que les obligó a todos a quedarse en sus casas durante meses.

Cada tarde, a eso de las 20:00, empezaron a salir a las ventanas a aplaudir a aquellos que les cuidaban y estaban dando lo mejor de sí mismos para que el resto estuvieran bien (sanitarios, farmaceúticos, personal de limpieza, trabajadores de los supermercadores, repartidores, etc.) y empezaron a poner rostro a quienes vivían a su lado.

Estaba Julio del número 8, quien cada día se encargaba de poner música; una pareja de Venezuela que se habían quedado atrapados durante sus vacaciones a Madrid; el niño que saludaba a todos con entusiasmo desde su balcón; la mujer que asomaba la cabeza desde la ventana diminuta e incluso un conocido actor.

El 23 de abril fue un día especial, uno de los vecinos decidió salir, megáfono en mano, a hacer un regalo en forma de cuento a sus compañeros de aplausos de cada tarde y celebrar de este modo el Día del Libro.

Así es como se enteraron que detrás de aquella ventana vivía Anselmo -conocido también como Ansel o Hansel, como el del cuento- quien llevaba más de 35 años generando expectación, dibujando sonrisas y provocando caras emocionadas como cuentacuentos.

 

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Y pudieron, por unos minutos, olvidarse de la realidad y disfrutar de una maravillosa interpretación del cuento del origen de las emociones. Pero Hansel (quien, por cierto, cuenta que su padre era pastelero y hacía casitas de caramelo y chocolate) no está solo en esta aventura, le acompañan otros 40 contadores de cuentos.

Son profesores, alumnos y ex alumnos de la escuela de cuentacuentos de Madrid que han decidido aportar su granito de arena y alegrarnos el aislamiento contando cuentos por teléfono todos los jueves de confinamiento.

 

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Es tan sencillo como llamar a los teléfono indicados en cada una de las franjas horarios. Que no os dé vergüenza, nos están esperando para llevarnos por un ratito (cada cuento dura unos 10 minutos) a otros mundos, otras épocas, nuestra infancia o quien sabe donde, porque cada uno de los cuentos es un viaje diferente. Los hay para todos, grandes y pequeños y podéis llamar desde las diez de la mañana a las once de la noche.

Anselmo dedica estas palabras al arte de contar cuentos: "Contar un cuento es una acción hermosa, pero hay que hacerla con mucho respeto. Un cuento es algo hermosísimo que implica total atención desde el principio hasta el final. Creo que hay que contar solo algún cuento cada cierto tiempo, cuando lo deseen y de alguna manera te lo pidan. No saturar, menos es más y no imponer", dejando en el aire la posiblidad de hacernos su pequeño gran regalo por la ventana alguno de estos próximos días de fiesta. 

 

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¡Me despido! El jueves pasado tuve la suerte de disfrutar de "Salvadorillo el goloso" de Pedro Muñoz Seca de la voz de Carmina y estoy deseando dejarme sorprender de nuevo.

Gracias a nuestros cuentacuentos y a todos los que comparten su tiempo, trabajo y talento para hacer más llevaderos estos tiempos raros.

 

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