"En realidad no hay adultos, sólo niños envejecidos", un poema de José Emilio Pacheco

Para José Emilio Pacheco el mundo era “un gran desierto en el que sólo el amor podía provisionalmente ampararnos”.

El autor de las palabras sencillas y las imágenes transparentes fue un eterno enamorado del mar y buscó en sus profundidades el secreto de las palabras, lo que lo convirtió en un referente fundamental de la literatura mexicana.

 

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Louis le Brocquy

José Emilio Pacheco nació el 30 de junio de 1939 en México, su trabajo, perteneciente a la “Generación de Medio siglo", está integrado por cuentos, novelas, poesía, traducciones y numerosas columnas de los más reconocidos diarios y revistas mexicanos.

En estos textos José Emilio Pacheco comparte la perspectiva cosmopolita que caracteriza a los integrantes de su generación, y los temas que aborda en sus textos van desde la historia y el tiempo cíclico, los universos de la infancia y de lo fantástico, hasta la ciudad y la muerte.

Sobre la infancia y la madurez, Pacheco también dejó un inmortal legado a través de este poema que nos quiebra por dentro al revisarlo desde la adultez. Una reflexión sobre el patetismo de creernos mayores en un mundo en el que nadie es dueño de sí mismo, ni de su propio destino. 

 

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Louis le Brocquy 

Este poema pertenece a su libro "La arena errante", 1999.

 

Niños y adultos

A los diez años creía
que la tierra era de los adultos.
Podían hacer el amor, fumar, beber a su antojo,
ir adonde quisieran.
Sobre todo, aplastarnos con su poder indomable.

Ahora sé por larga experiencia el lugar común:
en realidad no hay adultos,
sólo niños envejecidos.

Quieren lo que no tienen:
el juguete del otro.
Sienten miedo de todo.
Obedecen siempre a alguien.
No disponen de su existencia.
Lloran por cualquier cosa.

Pero no son valientes como lo fueron a los diez años:
lo hacen de noche y en silencio y a solas.

 

Por José Emilio Pacheco

 

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