José Luis Alexanco: queda el humo tras el fuego ido

El pasado domingo 16 de mayo fallecía en su domicilio madrileño, a los 79 años, por una parada cardiorrespiratoria abrupta, el artista plástico José Luis Alexanco. Nuestro colaborador, el crítico de arte y ensayista Diego Medrano le dedica este obituario festivo.

 

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El artista José Luis Alexanco posa en su exposición en la sala Alcalá 31. Foto: El País.

 

Por Diego Medrano

Se fue José Luis Alexanco como río pequeño, hilo de voz sin ancla certera, rumor a viento entre pájaros negros, pío-pío sin más grano barato. Para muchos unió imaginación y tecnología; para otros, adivinación y viaje exterior. Se hizo en el puente aéreo Cuenca-Nueva York como Tino Casal confesó batirse en aquel otro inexistente: Tudela Veguín (pueblecito asturiano)- Londres. Se fue a los 79 años en el mayo de todos los berberechos y cañas hasta el borde.

Según publicaron Fajardo y Juan Cruz perteneció a “una generación ajena a la rencilla y la distancia, donde todos colaboraban con todos y desde todas las artes”. Se sobrevivía sacando la cabeza en conjunto, sin competición, donde la vida era armonía porque la supervivencia brillaba desparasitada, sin tóxicos. Fue internacional, en Siria lo conocieron más que en su calle, porque pintaba sin luces en Arganda. El sirio Adonis o Rifat Upté (traductor de García Márquez para Oriente) lloran lágrimas como castañas por su falta.

Entendió el arte al modo de un escritor único: Heráclito. Todo fluye, nada permanece. El movimiento debía ser sinónimo del tiempo e ir escalado: grabados, esculturas y películas. Pronto entendió la golosina del movimiento: la repetición. Transformar las formas –como señaló el comisario Alfonso de la Torre- a través de los mismos elementos en transformación.

Fue el pionero absoluto de los ordenadores en España, aplicados al arte, desde su formación en el centro de Cálculo de la Universidad de Madrid (1968). Diez años más tarde el encargo fue la Edición Príncipe de la Constitución (1978): algo que no debía moverse demasiado con alharacas, piropos o denuestos.

Tiempo atrás ganaba el Premio Nacional de Grabado (1965) que lo dispara a todas las bienales importantes, empezando por la de Sao Paulo. Nunca le preocupó el conocimiento mediático de sí mismo como la fratría entre artistas, un café y qué haces tú, y yo hago esto, y ese terreno donde la comunicación dignifica y es fuego pequeño, estufa o chubesqui, ganas de más.

 

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Retrospectiva dedicada a la obra de Alexanco en la sala Alcalá 31. 

 

Murió tras una gran retrospectiva en Alcalá 31 donde se reunían 56 años de trabajo. Perteneció a la misma generación que Gordillo o Darío Villalba, quienes empezaron fuerte pero en los 80 dejaron de hacerles caso a todos para servir en las mesas el plato caliente de la Movida madrileña. Fue el pionero del arte ligado a la computación que entonces solo se tejía en Estados Unidos o Japón. Los analistas del Centro de Cálculo le enseñan a programar, y pronto diseña sus propios programas, donde la independencia es otra escuela. De la Torre lo calificó de “artista-activista-archivista”. Quizás solo fuese “un artista sin obra de pared”, como tanto quiso. Un pintor que hace muchas otras cosas.

Un artista obseso del “arte del futuro”. El arte que es salto, sí, extrapolación hacia códigos que no existen todavía. Lo sucedido con el conceptual, sin ir más lejos. Un arte bífido: híbrido y mutante. En 1971 ya exponía esculturas que se inflaban cuya música se basaba en dos cintas pregrabadas bajo mil y una combinaciones diferentes. Lo explicó mucho después: “Si se pudiera representar de nuevo sorprendería. O pasaría desapercibida, porque hoy se hacen muchas cosas llamadas instalaciones. En aquella época, nosotros, ante la falta de definición, las llamábamos espectáculos. Eran siempre mucho más que un happening cualquiera”. Lo nuevo antes que lo bueno.

Se fue Alexanco a punto de cumplir 90 años. El bachiller de ciencias que dijo ver los números como colores. Magia y sinestesia. Estructuras numéricas, superposición de formas. Estructuras musicales donde se intercalan silencios (caso de Décimos). Precursor absoluto del grabado español: “El dominio de la técnica, en cualquier disciplina, es lo que permite que los resultados se aproximen a lo imaginado”. Un grabador que, en las pellas del instituto, se mete en la Biblioteca Americana y, al no saber inglés, se dedica a devorar estampas, pasa hojas, cotiza lomos, hasta encontrarse con los cromos de Robert Motherwell.

 

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'Bat' (1977), técnica mixta sobre lienzo, obra de Alexanco.

 

Entre El Paso y el Grupo Hondo siempre quedará Alexanco, vanguardia española de los 60, frecuentación y abandono de la pintura, locura compartida con Lugán, Soledad Sevilla, Eusebio Sempere, Miguel Barbadillo, Elena Asins e Yturralde. Junto a José Barberá llegaron a una primicia llamada MOUVNT:

“Software diseñado para generar formas automáticas que luego se materializan en esculturas antropomórficas, a su vez divididas en 20 capas/estratos en base a una posición numérica, para ser impresas en diferentes planos de la figura, donde la escultura acaba construyéndose a base de resina siguiendo el orden numérico del software”. Casi nada para los 60/70.

Un arte –según Alexanco- cuyo objeto final es el resultado de una posibilidad y no del ego o culmen creativo de un tipo absurdo. Un arte donde los espectadores pueden convertirse en protagonistas. Otro simbolismo inesperado: el de la acumulación de datos. Otro arte conceptual: el del automatismo y la tecnología. Otro juego: el de la lógica matemática y la transformación formal de las siluetas. Así libró Alexanco la caspa y cripta de la dictadura atroz. Casi en voz baja. Fuego pequeño.

 

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