Silencio y sueño: las dos necesidades mentales que se han convertido en un lujo

El silencio y el sueño son dos necesidades básicas que necesitan el cuerpo y la mente. Que se hayan convertido en un lujo, es un síntoma claro del pésimo momento en el que vivimos.

Gracias a Pijama Surf.

Vivimos en un mundo donde lujos, caprichos y fantasías son transformados en necesidades por la maquinaria mediática-económica. Creemos que necesitamos el nuevo iPhone, el cuerpo de una modelo de Victoria's Secret o la vida estereotípicamente feliz de una familia moderna.

 

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Imagen de Kinga Cichewicz vía Unsplash.

 

Mientras esto sucede cosas que realmente sí son necesarias, como el silencio y el sueño, se convierten en carísimos lujos que solo algunos pueden pagar o de los que solo algunos y algunas son conscientes mientras inmersos e inmersas en el frenesí y el estrés de la realidad actual.

La confusión en la que estamos envueltos puede apreciarse por el hecho de que hasta hace algunos años dormir poco era considerado un signo de éxito y admiración, ya que significaba que una persona estaba muy ocupada, era importante y estaba mayormente transformando su tiempo en dinero.

Esto todavía puede apreciarse en ciertos ambientes urbanos competitivos, como en Tokio, donde se practica el extraño fenómeno del inemuri, dormir en el trabajo como símbolo de que la persona está entregada a su labor y está permanentemente disponible, por lo cual amerita mayor responsabilidad, promoción y salario.

En los últimos años, estudios científicos han mostrado que prácticamente no hay nada tan dañino para la salud en general como descuidar nuestro tiempo de sueño. Dormir mal (y esto significa cantidad de horas pero sobre todo calidad, lo cual tiene que ver con el silencio) es casi equivalente a asegurarse que estamos acumulando un fardo de enfermedades, estrés, mal humor y bajo desempeño.

 

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Imagen de Clement Falize vía Unsplash.

 

Puede que algunos y algunas sean más resistentes que otros, pero si una persona simplemente no le da mucha importancia a su sueño, esto acabará costándole muy caro en términos de salud. En esto observamos una tendencia en la que se prioriza el dinero sobre la salud, se cree que el dinero puede resolverlo todo y, por tanto, se legitima dormir poco.

En el afán de generar más ganancias, hemos atiborrado nuestros espacios de objetos ruidosos, de tecnología que perturba los ciclos naturales y de un imperativo moral de ser productivos. Nuestra visión económica de la realidad opera de manera predatorial, en todos lados buscando extraer valor para seguir presentando resultados de crecimiento.

Esto ha llevado a que el sistema incluso haya convertido el dormir en un producto de lujo, habiendo antes orillado a los ciudadanos a llevar una vida de estrés y alta presión, en general poco conducente del sueño, en el intento de perseguir el otro sueño: el sueño del éxito, el sueño aspiracional de tener más cosas, el sueño americano, etc.

En estos casos de dinámicas, todos pierden ya que el único que gana es el sistema capitalista y las grandes corporaciones que son entidades abstractas, cada vez más parecidas a algoritmos que operan más allá del control humano. 

La fundadora del Huffington Post, Arianna Huffington, ha proclamado la importancia de dormir las 8 horas diarias y ha publicado The Sleep Revolution, un nuevo libro sobre este tema. El Huffington Post predice que los salones de siesta serán tan comunes como las salas de conferencias en las oficinas corporativas. 

 

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The Sleep Revolution de Arianna Huffington.

 

The Guardian detecta que empieza a haber un boom de productos y servicios relacionados al sueño y a su optimización; Un lugar como YeloSpa está cobrando a los ajetreados ciudadanos de las grandes urbes 1 dólar por minuto de sueño; existen nuevos "retiros de sueño", donde se pueden pagar hasta mil dólares por un par de días de terapia.

A la par se han generado numerosas aplicaciones y gadgets, como máscaras para dormir que monitorean ondas cerebrales y estados REM, y cuyo fin es hackear el sueño ideal para presentar una ventaja competitiva al ejecutivo moderno. Todo esto está siendo vendido sobre todo bajo la rúbrica de que el sueño tiene una función esencial: mejora tu desempeño y aumenta tu producción. Así tenemos un círculo o negocio completo. 

Evidentemente pocas personas pueden pagar spas para dormir, o wearable tech de 200 dólares para mejorar su sueño y no todos tienen nueve asistentes como Arianna Huffington, para así poderse consagrarse a los brazos reparadores de Morfeo y sin embargo, pocas cosas realmente son más importantes que dormir bien. 

Dormir bien no se trata solamente de tener tiempo para dormir, es también necesario estar en el espacio adecuado; por ejemplo, un barrio donde no haya mucho ruido e incluso tener el cuerpo y la mente adecuada. Una persona sometida a alto estrés, enferma o con distintos achaques difícilmente podrá dormir bien.

 

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Una clienta de YeloSpa.

 

Cuando esto falla, es necesario tener la capacidad de abstraerse, de relajarse y hacer silencio. ¿Pero quién tiene tiempo para mantener una disciplina meditativa que le permita silenciar el ruido del mundo y paliar la altisonante locura colectiva, así como también silenciar sus propios pensamientos interpenetrados por las cuitas mundanas? Esto, nos dirían las personas que duermen 5 o 6 horas diarias para trabajar más y poder ahorrar para comprarse un mejor automóvil, es un lujo. 

La calidad del sueño, ese intangible en el reino de la cantidad, está relacionada con el silencio, lo cual también se ha convertido en un producto de lujo, reservado para los ricos o para aquellos dispuestos a abandonar las ciudades y las sociedades modernas, eligiendo una vida modesta, aislada y tranquila.

Al igual que el sueño, el silencio también está siendo pasado por un branding y toda una campaña de producto de lujo. Finlandia, por ejemplo, ha centrado su campaña para atraer turistas en promoverse como un lugar donde el silencio sigue existiendo.

Sabemos que vivir en lugares ruidosos se correlaciona con todo tipo de enfermedades, dese alta presión arterial a mayor propensión a la esquizofrenia y otras enfermedades mentales. Por otro lado, estudios recientes muestran que el silencio promueve la generación de nuevas células del cerebro o neurogénesis. 

El silencio es importante también para las personas que tienen un interés en crecer, pero ya no económicamente sino espiritualmente. Un estado de silencio, paz y relajación, son los requisitos para el funcionamiento correcto de la mente y la percepción precisa de la realidad, según filosofías como el budismo.  

El místico Valentin Tomberg escribe en sus Meditaciones sobre los arcanos del tarot que el silencio es el punto de partida para todo camino espiritual y por ello está asociado con la carta del mago, la cual simboliza "una concentración sin esfuerzo", la cual sólo es posible una vez establecido un silencio interno.

 

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Imagen de Jessica Favaro vía Unsplash.

 

La concentración sin esfuerzo, es decir, ese lugar en el que no hay nada que suprimir y en donde la contemplación se vuelve tan natural como la respiración y el latido del corazón, es el estado de conciencia, de calma perfecta, acompañada de la completa relajación de los nervios y los músculos del cuerpo.

Con el tiempo, el silencio o la concentración sin esfuerzo se vuelve un elemento fundamental siempre presente en la vida del alma... Esta “zona de silencio”, una vez establecida, es un manantial del cual uno puede tomar tanto para el trabajo como para el descanso. Entonces tendrás no sólo concentración sin esfuerzo, también actividad sin esfuerzo. 

El silencio interno nos permite no sólo dormir mejor sino también soñar mejor e iniciar experimentos controlados en el mundo onírico. Creemos que las 8 horas que dormimos, la tercera parte de la existencia, son un desperdicio.

Pero son numerosas las tradiciones que han practicado algún tipo de yoga de los sueños y han considerado el tiempo del sueño como un mismo contínumm, no algo dividido de la vigilia. La clave en este sentido parece ser también el silencio; al haber calmado los pensamientos y ruminaciones del acontecer diario, se hace más fácil entrar al sueño en un estado de calma lúcida, de observación y de integración de la experiencia.

Esto se traduce en una mayor recordación y a veces en la posibilidad de entrar en un estado lúcido en el que reconocemos que estamos soñando y que las experiencias oníricas son generadas por nuestra mente (una comprensión que podría ser llevada también a la vigilia).

El silencio es el estado fundacional que nos permite observar los fenómenos sin identificarnos con ellos y sin olvidarnos de lo que está sucediendo en el presente, aquí  y ahora. En buena medida esto es así porque entrar en silencio es similar a crear una receptividad, un espacio y una apertura en la cual caben todas las cosas y desde la cual uno no colapsa sobre un fenómeno en particular.

Desde esta "zona del silencio" puede emerger la profundidad de la mente y del tiempo. En este sentido el silencio nos coloca en el estado original, en la quietud que paradójicamente nos integra con el flujo perpetuo de las cosas, ante el vacío que es la inagotable fuente creativa. 

El Maestro Wáng Xiāngzhāi (王芗斋) dijo: “Moverse poco es mejor que moverse mucho; no moverse es mejor que moverse poco; moverse estando inmóvil es el movimiento de la creación”. 

 

Os dejamos con Max Richter para que tengáis lindos y reparadores sueños.