El simbolismo de la obra “La muerte de Marat”, un legado más allá de la revolución

Al momento de su muerte, Marat estaba profundamente involucrado en la Revolución francesa, el tan reconocido periodo de agitación política y social que se extendió por todo el país desde 1789 hasta finales de la década de 1790.

Texto de Ángel Marrero Pimienta.

Este convulso proceso surgió por la discrepancia entre la riqueza de la familia real y los ciudadanos de Francia (quienes debían pagar elevados impuestos y por el contrario disponían de salarios muy bajos), provocando que el pueblo se revelase contra la monarquía exigiendo un cambio radical, o más bien dicho, un cambio “revolucionario”.

 

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La muerte de Marat, de Jacques-Louis David.

Estas efervescentes ideas revolucionarias también fueron fuertemente moldeadas por la Ilustración, un movimiento intelectual del siglo XVIII que destacaba el individualismo.
Durante este tiempo, filósofos, escritores y otros intelectuales fueron a París, donde discutieron, escribieron y distribuyeron sus ideas en forma de folletos, libros y periódicos. Rápidamente esto cambio, y fruto de ello fue la aparición de Marat. Jean- Paul Marat, quien hasta entonces había sido médico y científico, abandonó su profesión para trabajar como periodista.

Sería precisamente en el trascendental año de 1789, cuando fundó un periódico, el conocido como L’Ami du peuple (“El amigo del pueblo”) para denunciar a los opositores de la causa, incluso a otros revolucionarios.

Políticamente, las opiniones de Marat se alineaban con los jacobinos, uno de los partidos más radicales que nacieron con la Revolución. Con el tiempo, Marat se convertiría en el líder de este grupo, algo que lo puso en una puja constante con los girondinos, otra facción revolucionaria que Marat atacaba regularmente desde su periódico. Debido a esto, las críticas de Marat a algunos de los individuos más elitistas y grupos poderosos de Francia lo convirtieron en un objetivo importante para los adversarios.

En 1790, se libró de un arresto; en 1972, se vio obligado a esconderse en varias ocasiones; y, finalmente, en 1793, fue asesinado en su propia casa.

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Retrato de Jean-Paul Marat. Joseph Boze, 1793. Musée Carnavalet de París. 

UNA MIRADA CRÍTICA Y SU VALORACIÓN ARTÍSTICA

Precisamente en una época en la que el orden y la armonía brillaban por su ausencia en las calles de una revuelta ciudad de París aclamando “libertad, igualdad y fraternidad” a través de cánticos pasionales y de actos
irremediablemente mundanos, un célebre pintor muy ligado a lo que sucedía afuera”, plasmaría a través del lienzo, lo que, para muchos, es lo que consideraríamos como el “cartel publicitario” de la gran compañía del momento revolucionario:
“Jacobinos S.A.”.

Íntimo amigo de el “amigo del pueblo” Jean Paul Marat, el pintor Jacques-Louis David quiso captar la grandeza de un incansable miembro de la revolución, mostrándole en sus últimos momentos de su presencia terrenal, un aspecto de conmovedora serenidad pero de trágica resolución, de un hombre que daba hasta su último aliento por sus compatriotas, y cuya dedicación se vería truncada por una joven girondina llamada Charlotte Corday, que no comprendía el verdadero propósito que a ojos externos, era realmente “terrorífico”.

Charlotte Corday camino al cadalso. Arturo Michelena, 1889.  Galería de Arte Nacional de Venezuela.Se representa la detención de la asesina mientras observamos al propio David realizando el lienzo sobre el fallecimiento de Jean Paul Marat.

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Charlotte Corday camino al cadalso. Arturo Michelena, 1889.  Galería de Arte Nacional de Venezuela. Se representa la detención de la asesina mientras observamos al propio David realizando el lienzo sobre el fallecimiento de Jean Paul Marat.

La visión claramente parcial de David, puede comprenderse en los propios detalles de su cuadro, con un Jean Paul Marat, que más que un revolucionario francés, nos recuerda a una imagen de Cristo tras ser descendido de la cruz, haciendo un paralelismo simbólico, debido a que fallece a causa de aquellos que tampoco comprendieron el verdadero propósito. Una imagen idealizada, con un Marat que no muestra ni un mínimo ápice de los estragos que una severa enfermedad dermatológica le producía desde hacía tiempo obligándole a permanecer en su casa atado a la bañera en la que encontraría su final.

Con un fondo neutro para no centrar nuestra atención contemplativa, y con un marcado dramatismo lumínico (muy común en las obras de David) que incide con fuerza en la “angelical” figura de Marat, el pintor nos deja claro que Marat ha sido asesinado, y esa herida que emana sangre por el torso del jacobino (otro claro paralelismo a imágenes de Cristo que muestran con crudeza la herida propiciada por la lanza del centurión Longino), compacta la verdadera esencia que compacta el lienzo: la muerte.

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Detalle de La muerte de Marat, de Jacques-Louis David

La teatralidad es una herramienta poderosa, y cuando se quiere hacer propaganda, entonces puede convertirse en un arma de doble filo, algo que David atestigua aún más si cabe, gracias a los pequeños detalles puestos “adrede”, como son algunos de los objetos representados colocados cuidadosamente para culminar una obra atemporal que sería el reflejo de que, en las épocas de humana barbarie, siempre queda un pedacito para la artisticidad. “A Marat de David”, es el último regalo de un amigo que busco beatificar a su camarada, para convertirlo en un símbolo, en un mártir.

Texto de Ángel Marrero Pimienta.
Historiador del Arte, poeta y escritor de las obras “El Virus del Alma” y “El Viaje del
Verso”, e investigador independiente.

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