experiencia Vivanco

experiencia Vivanco

Os puede parecer extraño, cuando os deis cuenta de que vamos a contar nuestra experiencia en una bodega y no pensamos hablar de sus caldos. Vivanco tiene un lema, “devolver al vino lo que este nos ha dado” y cumplen a rajatabla su deuda.

Todo en Vivanco es un homenaje al vino, a la riqueza de su historia y su cultura. Incluso bodega, fundación, museo, viticultura, arte, coleccionismo, homenajean a la vid, a la uva, con sus pruebas de olores, juegos interactivos, etc. la visita ejercita todos nuestros sentidos.

Vivanco Vivanco

Llegamos a las bodegas bajo el encanto de Briones, que desde lo alto domina La Rioja, recibimos la deliciosa bienvenida de todo el equipo y además tenemos la suerte de que Rafael Vivanco salga de sus terruños y nos dedique el bonito relato de su historia familiar. Es la parte femenina de la familia la que ha dado los toques diferenciadores a la manera de hacer de los Vivanco: una abuela comerciante y una madre coleccionista y amante del arte, son el complemento perfecto al trabajo duro y el amor a la tierra de los curtidos abuelo y bisabuelo.

Empezamos la visita con la colección etnográfica: salas originales que reflejan el paso del tiempo, la creación, embotellado y encorchado, fermentación, el viaje y la dispensa de vino. 

El Museo del Vino de Vivanco es moderno pero adaptado e integrado en el entorno. Exquisitamente contado y cuidadosamente emplazado, iluminado y decorado, las antigüedades emplastan con la modernidad audiovisual y los colores de Briones. 

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Caminamos con Rafael y vemos el primer tractor que llegó a La Rioja desde US, la placa que recibió Alexis Mignarde cuando consiguió vencer a la Filoxera y el Mildiu así como un claro homenaje a Louis Pasteur, descubridor de la levadura y por tanto padre de la fermentación y la enología. Disfrutamos especialmente con algunas piezas impresionantes de la cultura del vino como su última adquisición, una prensa húngara de principios del XIX hecha en honor a una visita del emperador Francisco José I.

Seguimos también la historia de la botella hasta llegar a la cilíndrica actual y paralelamente entendemos la democratización del vino. Botellas rescatadas de naufragios e incendios, como unas que el duque de Monpensier envío a su familia en Sevilla pero naufragaron en el Guadalquivir. Y un guiño, su histórica botella de primera mitad del  XIX patentada por Vivanco es ahora su botella oficial. 

La colección de los Vivanco no sólo huele a vino, huele a anticuarios y ojeadores de Londres y NY, recuerda a Christie’s y Shoteby’s, coleccionistas privados despojados, investigación personal, seguimiento, pasión por el coleccionismo, emoción con los hallazgos y tratamiento exquisito como homenaje y amor al vino.

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El vino en la mitología: encontramos ánforas que evocan a las bacanales romanas, asas etiquetadas, decoración de uvas en sarcófagos, vides en estelas funerarias, ritones mesopotámicos en manos de Xileno, recipientes de rituales griegos y egipcios, usados para ofrendas y vasijas; recipientes con el dios Dionisos, la romanización en la India, el triunfo de Baco, la vendimia en mosaicos romanos, tapices, columnas salomónicas con racimos de uvas, amuletos y joyería con forma de racimo, colgantes en forma de hartura…

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El vino en la religión: lagares místicos, Cristo fuente de vino, sangre redentora, tablas flamencas, cálices, copones…incluso en la iconoclastia rusa se evoca.

La visita al museo está llena de anécdotas y curiosidades, sobre todo en la parte dedicada al servicio del vino. Copas, enfriadores, vasos, posavasos, decantadores y porrones como ejemplo de servicio exquisito en todas las épocas. Lo que más nos llama la atención son los 4000 sacacorchos expuestos de una colección de más de 6000 entre los que se encuentran los primeros patentados. Los hay de todas formas, colores, texturas, materiales, épocas y países; con curiosos mecanismos, multiusos e ingenios poco afortunados, como los americanos Unique que solo vendieron una partida por su poca usabilidad.

Pero también hay objetos de incalculable valor que la familia prefiere antes que los Ferraris, como una copa Nautilus alemana del siglo XVII o un reloj perteneciente al rey Jorge que la familia compró a Ernesto de Hannover en la TEFAF de Maastrich. 

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Comenzando con “Entre dos luces” de Sorolla, donde se muestra al tradicional bebedor con el porrón valenciano, comprobamos que también han estudiado cómo se refleja el mundo del vino en la pintura, litografías y cerámicas, a través del arte de Picasso, obras de Roy Lienchestein, Tapies, Juan Gris, Chillida, Barcelò, Genovés, Sorolla, Menchu Gal…

En una gran estrategia de marketing, Vivanco asocia piezas de esta colección a la personalidad o el estilo de cada vino y las emplean como etiquetas de sus botellas.

El mejor museo del vino a nivel internacional, según la OMT-ONU, nos lleva en su último piso a un Centro de Documentación de coleccionista con más de 10.000 monografías, algunas inclasificables, y 9 incunables. Fotografías, postales, grabados, brutal colección filatélica, monedas, billetes, música, cine, placas estereoscópicas sobre todo de viñedos, literatura gris, folletos publicitarios… Hasta un original de Pablo Neruda de 1950, “Las uvas del viento”, con nota manuscrita del autor como oda a las viñas.

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Alucinante colección de minutas de restaurante con la carta de vinos a nivel europeo que bien serviría para una tesis de uso y consumo del vino. Porque la difusión de la cultura no es sólo un eslogan en casa de los Vivanco, la familia pone a disposición del público sus tesoros generosamente.

Es difícil explicar en papel todo lo que hemos visto, lo que ofrece el Museo Vivanco de la Cultura del Vino así que lo mejor es ir, verlo, conocerlo, sentirlo, vivir la experiencia solos o en familia y participar en esta oda que es: “devolver al vino lo que nos ha dado”.

 

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