Rincones de la bella Oporto (y un fado de Amália Rodrigues)

La luz de Portugal es mágica. Ciudades como Oporto o Lisboa tienen una luz única que se refleja en las fachadas descoloridas por el tiempo, la lluvia y la nostalgia.

Porque como bien decía Uma Casa portuguesa, el fado que cantaba Amália Rodrigues, "un San José de azulejos", una casa portuguesa también son dos brazos abiertos a la espera, llenos de luz y paciencia. Hoy paseamos por la ciudad que se desliza elegante a las riveras del Duero, y que se rinde ante su propia magia y belleza.

 

 

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Nos nos iremos de Oporto sin saborear un café colonial con aura de escritores y letras viejas en el maravilloso Majestic, una preciosa cafetería, de estilo modernista. Ni sin Visitar el Palacio de la Bolsa; El Museo Serralves; las cavas del vino de Oporto, en Vila Nova de Gaia. Comprar un libro en la librería Lello & Irmão, una mezcla arquitectura modernista y neogótica y uno de los lugares más fascinantes, de la ciudad.

 

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Quizá nos de ganas de tomar el primer tren a ninguna parte que salga de la estación de Sao Bento; uno de los máximos exponentes del Art Noveau en Oporto. E inolvidable es también un viaje en tranvía y alojarse en la Pousada do Porto, en el Pálacio da Freixa.

Subiendo hacia el Duero, desde el sur, hasta su desembocadura, nos detenemos junto a la orilla y al mirar enfrente surge ante nosotros la ciudad de Oporto. Asomada al río, se extiende perezosa hasta donde alcanza la vista, mientras se desliza y salta de colina en colina llena de brío, equilibrada sobre las escarpas graníticas en una eterna precariedad. Rápidamente nos damos cuenta de que la segunda mayor ciudad portuguesa alberga una historia rica y un pasado lleno de contradicciones.

Sobresaliendo sobre los apiñados tejados y las pequeñas casas que conforman su núcleo más antiguo y pobre, la ciudad nos muestra sus colosos de granito, los antiguos palacios y las iglesias-fortaleza, los agrestes peñascos, las grandes edificaciones y las sólidas murallas que parecen sostener la ciudad, impidiendo que se precipite al río. Todo ello enmarcado por el emblemático puente de hierro con dos tableros, llamado puente Luís I, proyectado por Téophile Seyrig (discípulo de Eiffel), cuya espectacular imagen evocaremos tras el viaje.

 

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Fado uma casa portuguesa, Amália Rodrigues

Quatro paredes caiadas
Um cheirinho á alecrim
Um cacho de uvas doiradas
Duas rosas num jardim
Um são josé de azulejo
Mais um sol da primavera...
Uma promessa de beijos...
Dois braços à minha espera...
É uma casa portuguesa, com certeza!
É, com certeza, uma casa portuguesa!

É uma casa portuguesa, com certeza!
É, com certeza, uma casa portuguesa!

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