El día que una gallega me dio calabazas

Sí amigos, me enamoré (y hasta las trancas) de una gallega.

 

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Fotografía de Biel Morro @bielmorro

El amor no entiende de nada, el amor es un jodido baile con las luces apagadas. Y es que yo, no soy capaz de explicarme cómo he llegado hasta aquí, hasta hacer que todos mis cimientos se tambaleen y que las piernas me tiemblen cada vez que hablo y pienso en ella. Estoy enamorado hasta los tuétanos, hasta la "Pena Trevinca" o hasta el "Pozo de ferida" de una galleguiña.

Todo sucedió en una noche gallega y estrellada de verano, de esas en las que nada tiene fin, ni el día, ni el Sol, ni las estrellas, ni siquiera Finisterre. Una de esas noches en las que son eternas las ganas de vivir. Fue entonces, cuando los bailarines de la plaza se fueron retirando al ritmo que se apagaban las luces de la verbena, cuando cogí mis zapatos llenos de últimos bailes y encaminé mis pasos, sin saberlo, hacia uno de los amores de mi vida.

Ahí estaba ella, coruñesa, luminosa, su olor avainillado era un botafumeiro de endorfinas que sería capaz de embelesar a medio planeta. Sus ojos, dos soles que amanecen cada día por las laderas de la Ribeira Sacra, su nariz fría y sus manos ardientes como la luz de  las Islas Cies. Sus cabellos, campos minados por una legión de castañas en otoño. 

¡Madia Leva! ¿Cómo no me iba a enamorar de ella si es mágica? Y en su mirada alberga la morriña de lo que no ha vivido y la chispa que incendia todo lo que se ecuentra por el camino.

Pero ella no puede quererme a mí, porque es libre como el viento que sacude los bosques Da Fervenza. Es húmeda como el musgo que abraza al Miño. Ella es fuego, es mar, es aire. Es libre, poliédrica y maravillosa.

 

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Ella quería ser universal sin sacar su corazón de las raíces de su tierra. Ella es una fabrica de sueños, en su cuerpo cabe todo el alma de Galicia, alegre, efervescente como un cohete en manos de un niño eufórico. 

Ella tenía lo que hay que tener, toda la esencia de la magia de una tierra verde en su corazón salvaje. Ella tenía lo que hay que tener para enamorarme. Un amor imposible que recordaré el resto de mi vida. 

Y no, no era una vaca, ni una oveja, ni una mujer, ni un hombre, ni un paisaje: era una cerveza Estrella Galicia de calabaza y vainilla. Hija de la Fábrica de Cervezas, esta malta Pilsen y tostada procedente de cebada de dos carreras, es un homenaje a Galicia, a las cosas hechas con amor y con tiempo.

Inconformista, fiel, natural y con una capacidad infinita de querer a los suyos, así es esta cerveza dorada y elaborada a base de matices, de sabiduría, de pasión y de locura: la locura ser auténtica y de tener lo hay que tener.

 

Fabrica de cervezas EG Calabazas 1

 

Mi corazón quedó prendado de alguien que ha venido al mundo para recordarnos que el amor no entiende de nada, solo de amor por la vida. 

Gracias a Estrella Galicia por los sabores, los olores y por los amores inolvidables que nos encontramos por el camino.

  

 

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