100 años del asesinato de Rosa de Luxemburgo, icono marxista y pacifista

 Ayer, 15 de enero de 2019, se cumplieron cien años del vil asesinato de Rosa Luxemburgo, una de las líderes comunistas que más aportes hizo al marxismo y una de las primeras mujeres que apoyaron públicamente un socialismo con rostro humano.

 

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Nació el 5 de marzo de 1871 en Zamosc, ciudad polaca que entonces pertenecía al imperio ruso, en el seno de una familia judía desvinculada de la ortodoxia que caracterizaba a muchas de esas comunidades radicadas en Europa.
Con quince años de edad ya estaba vinculada al partido izquierdista polaco “Proletariat”. Cuando esa organización fue desbaratada y cuatro de sus líderes condenados a muerte, Rosa participó en la recomposición secreta de la organización.

En 1889 huyó a Suiza ante su inminente detención, pues ya era una líder política reconocida. En Zürich estudió filosofía, historia, política, economía y matemáticas, especializándose en la teoría del Estado, las crisis económicas y la historia de la Edad Media.
Fundó el Partido Socialdemócrata del Reino de Polonia junto con Leo Jogiches y pronto se convirtió en su principal portavoz teórico.

Han pasado exactamente cien años de la muerte de Rosa Luxemburgo, un personaje que sigue suscitando acalorados debates. Pero, más allá de controversias políticas, lo que se recuerda este 15 de enero es el asesinato de uno de los iconos de la izquierda a manos de los Freikorps, los grupos paramilitares a los que se ordenó aplastar el Levantamiento Espartaquista de enero de 1919.

 

1547209310 525215 1547211492 noticia normal recorte1Carteles de Rosa Luxemburgo y Lenin en una manifestación en Berlín contra la guerra de Vietnam, el 18 de febrero de 1968. ROGGE/ ULLSTEIN BILD GETTY IMAGES 

 

Durante los más de veinte años de lucha por la revolución y el socialismo, Rosa Luxemburgo pasó numerosas veces por diferentes prisiones alemanas entre 1896 y finales de 1918.

"Cartas de la prisión", recoge las cartas que escribió desde la cárcel a sus amigos y compañeros de lucha, en las que condensa su pensamiento más profundo sobre la situación política del momento y las perspectivas futuras del socialismo.

Cartas que aún siguen removiendo conciencias y que envió desde la cárcel a Carlos Kautsky, Luisa Kautsky y Sonia Liebknecht, donde muestra su espíritu independiente y su deseo de conocer y teorizar más allá de la doctrina marxista que inspiró su obra y sus acciones.

 

rosa de luxemburgo

 

Luxemburgo, recuerda la editorial que ha sacado a la luz esas cartas, nunca dejó atrás sus ideas, sino que siguió escribiendo incansablemente para defender sus convicciones, manifestando, aun estando presa, un conocimiento del momento político sorprendente, como demuestra "Cartas de la prisión".

Desde la cárcel también escribió el libro "La revolución rusa", asimismo editada en español por Akal, que no fue publicada hasta tres años después de su muerte por la posición que había adoptado frente al bolchevismo y en la que expresaba su triple dimensión de socialista, demócrata y revolucionaria.

Reivindicada desde diversas esferas de la izquierda, sus ideas y sobre todo sus polémicas fueron desfiguradas en multitud de ocasiones, asegura esta editorial, que explica cómo su formación, sus grandes dotes de oratoria y dialéctica, su militancia activa y su carácter crítico le valieron el respeto pero también los recelos de muchos de sus compañeros.

 

 

 

 

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Ilustración de Fernando Vicente

 

 

“Aquellos que no se mueven, no sienten sus cadenas.”

–Rosa de Luxemburgo 

 

Alemania ha conmemorado estos días el centenario de los asesinatos de Rosa Luxemburgo y de Liebneck, y el sitio exacto donde fueron arrojados sus cadáveres, y donde actualmente hay un monumento, fue hace unos días el punto de partida de una gira organizada por un grupo de historiadores de izquierda a través de lugares relacionados con las últimas horas de ambos. 

Klaus Gietinger, en «Un cadáver en el Landwehkanal», defiende la teoría de que los soldados que dieron muerte a Liebneck y Luxemburgo el 15 de enero de 1919, contaban con la complicidad de las altas esferas del gobierno socialdemócrata y sobre todo del comisionado para el ejército, Gustav Noske.

 


 

 

 

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