Slow travel, viajar viviendo y sintiendo

Vivimos en una espiral espacio temporal que nos engulle, como los monstruos marinos de Lovecraft, hasta mitigarnos la conciencia del momento. 

 

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Suiza, 2019. Fotografía de Cultura Inquieta

 

¿Cuántas veces hemos vuelto de un viaje con necesidad de unas vacaciones reales? El estrés, las ganas de aprovechar y las altas expectativas, generan, en muchas ocasiones, que no lleguemos realmente a disfrutar de un viaje.El movimiento slow propone tomar el control del tiempo, más que someterse a su tiranía.

En nuestros viajes, al igual que en nuestra vida diaria se ha impuesto la regla de lo rápido, empezando por algo tan importante como la alimentación, y se ha extendido a otros ámbitos como la forma de viajar. Almorzamos mientras caminamos, pasamos nuestro tiempo libre en centros comerciales o vamos prácticamente corriendo a todas partes.

Todo esto forma parte de esa vida trepidante ya asentada en nuestras sociedades mediterráneas, tradicionalmente dadas a la tranquilidad y a disfrutar del momento.
Por este motivo surge el movimiento Slow, como una reivindicación para que nos tomemos la vida con más tranquilidad.

 

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San Juan de Luz, 2016. Fotografía de Cultura Inquieta

 

Este movimiento nació en los años ochenta como contestatario del ritmo de vida acelerado que vivimos en las ciudades. Cuando el italiano Carlo Petrini se enteró alrededor de 1986 de que iban a abrir una conocida marca de comida rápida en la Plaza de España en Roma, se enfureció de tal modo que fue el precursor de esta nueva forma de entender la vida.Uno de los pilares de esta filosofía es cambiar la percepción de los viajes.

Tampoco es no hacer nada, simplemente apreciar el momento, valorar las pequeñas cosas que hacen singular ese lugar. Ver la vida pasar, entender el modo de vida de las personas de ese lugar conociendo de dónde vienen. Profundizar en las conversaciones que establecemos con nuestros compañeros de viaje.

El movimiento cobra cada vez más fuerza, impulsado por su propuesta medioambiental, cada vez son más plataformas que organizan esta forma de viaje basada en experiencias de bajo impacto para el medio ambiente y alto valor para las personas interesadas en viajar.

Disfrutar del entorno. Es largos paseos, conocer a las personas que te rodean, valorar el producto propio y artesanal. Mimetizarse con el viaje, la cultura y el paisaje. Permitirnos disfrutar sin sentir que hay una meta a la que debemos llegar. Dejar de coleccionar sellos y recopilar momentos.

 

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Mallorca, 2017. Fotografía de Cultura Inquieta

 

Esta filosofía está centrada también en la defensa de la diversidad de costumbres de cada zona y región, su lengua, folklore, gastronomía.... Una de sus principales críticas se dirige al ya extendido "american way of life" o también conocido como modo de vida americano, por el cual multitud de regiones se han desprendido de sus tradiciones y cultura para plasmar la vestimenta uniformada o el tipo de ocio americano, consistente en pasar todo el día consumiendo en un centro comercial, compras, cine, bolera y cena.

Se trata de algo que alcanza también la forma de relacionarnos con los demás, vidas más aisladas y menos comunicativas, solo a través de redes sociales, e imitación de valores y jergas provenientes la cultura americana. Todo ello en detrimento de nuestra propia identidad y cultura.

 

«Viajar te hace humilde. Te hace ver el pequeño lugar que ocupas en el mundo».
–Gustave Flaubert

 

h/t: Slow Travel

 

 

 

 

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