Dalí y Gala tenían un "hijo" secreto llamado Joan

No era sangre de su sangre, "los genes no deben reproducirse" afirmaba Dalí, pero fue amado como si lo fuera. Salvador y su esposa Gala nunca ocultaron que aquel pillo catalán pasaba prácticamente la mitad del año con ellos en su casa de Portlligat, en Cadaqués.

 

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 Derechos de imagen de Gala y Salvador Dalí reservados. Fundació Gala-Salvador Dalí, Figueres 2020

 

Desmintiendo la imagen fría y poco afectuosa del artista y Gala, el conocido por todos como «el ahijado» aparece en cientos de fotos de la pareja, sentados a la mesa, relajados en la sala de estar, jugando con el pintor... como si de una familia más se tratara. Y no solo, pues él es el niño Jesús que aparece de rodillas delante de la Virgen cuyo rostro pertenece a Gala en uno de los cuadros más famosos de Dalí: La Virgen de Portlligat.

Se llamaba Joan Figueras y era hijo de Jaume Figueras, pintor de brocha gorda y buen y amigo de toda la vida de Salvador. Era guapo, alegre, espabilado y simpático, tanto que se ganó el cariño de esta pareja que no sentía especial cariño por los niños. Ni siquiera por Cécile, la hija que  Gala tenía de su anterior matrimonio con el poeta francés Paul Éluard que ni siquiera aparece en las fotografías familiares.

 

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Derechos de imagen de Gala y Salvador Dalí reservados. Fundació Gala-Salvador Dalí, Figueres 2020

 

Los Dalí cuidaban de Joan, se habían propuesto darle las oportunidades que sus padres no podían permitirse, incluida la de estudiar en Estados Unidos, aunque su familia biológica no lo permitió.

Mientras Gala le enseñaba francés, el artista le enseñaba a pintar y también hubo un intento de que debutara en el cine. Aunque nunca fue un secreto, siempre permaneció en un discreto segundo plano. Hasta ahora que un libro rescata y cuenta esta historia inédita que nos tiene fascinados.

Porque quien más, quien menos conoce la faceta más mediática y las excentricidades de Gala y Dalí, pero hay historias sobre ellos apenas conocidas.

Joan llegó a sus vidas en 1948, después de que volvieran a Cataluña de una estancia de 10 años en EEUU. El pintor se encontraba experimentando con una nueva etapa místico-religiosa y buscaba un Niño Jesús cuando pensó en Joan, que correteaba por Portlligat con apenas cinco años. 

Pasó aquel verano con ellos, pero también el siguiente y así sucesivamente entre 1948 y 1982: Joan había conseguido ganarse un hueco en el corazón de la pareja. Y así es como compartía la época estival con ellos, saliendo a navegar, bañándose en las calas, viajando con ellos a Barcelona o compartiendo tiempo con personalidades de la talla de Walt Disney o los duques de Windsor.

 

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Derechos de imagen de Gala y Salvador Dalí reservados. Fundació Gala-Salvador Dalí, Figueres 2020

 

De estos largos veranos dan fe las numerosas fotografías existentes y también la correspondencia que el matrimonio y el chiquillo cruzaban a menudo entre lugares como América, Roma o París a Portlligat. Un pueblo en el que, por cierto, la mayoría de los habitantes conocían a Joan como “el nen de can Dalí”.

Ni siquiera el paso del tiempo separó los caminos de esta curiosa familia postiza. Joan siguió visitándolos con frecuencia aunque e trabajo junto a su padre le dejara menos tiempo libro. Tampoco su matrimonio ni el convertirse en padre impidió que estuviera cerca de ambos hasta la fecha de su muerte.

Incluso tras su desaparición, continuó siendo tremendamente discreto —a pesar de que le llegaron a ofrecer importantes sumas de dinero— hasta que falleció en 1999 a los 57 años. Su esposa conserva en su casa de Cadaqués recuerdos tales como cartas, fotografías, dibujos, regalos, postales...

Joan llegó a afirmar que «Dalí le había dado mucho más afecto y cariño que su padre».

 

h/t: El País

 

 

 

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