Berghain, el club de techno más exclusivo de Berlín se reinventa como galería de arte

En el Berghain las fiestas duraban de viernes a lunes, pero no cualquiera tenía acceso. Sven Marquardt, conocido como el "cancerbero de la noche berlinesa" era el encargado, hasta ahora, de decidir quién sí y quién no tenía acceso a la Meca del techno, independientemente de su dinero o aspecto.

 

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Los visitantes escuchan la instalación sonora Eleven Songs de Sam Auinger y Hannes Strobl. Fotografía: Felipe Trueba / EPA

 

Pero entonces llego el Covid-19, el ocio nocturno pasó a mejor vida y este impresionante espacio ubicado al lado de una central eléctrica abandonada entre los distritos de Kreuzberg y Friedrichshain enmudeció, y ya nadie quería ni podía entrar en él.

Así que a partir de hoy, Berghain renace como galería acogiendo en su estreno una muestra colectiva llamada Studio Berlin que acogerá obras de Tacita Dean, Olafur Eliasson, Wolfgang Tillmans y otros 115 artistas internacionales con sede en Berlín.

Todas ellas han sido producidas después del confinamiento porque comparten mensaje: "la vida cultural de Berlín todavía está muy viva». Así lo explica el creador —junto a su esposa Karen y la curadora de arte Juliet Kothe— de esta idea, el coleccionista Christian Boros.

 

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Pancarta de Rirkrit Tiravanija en el lateral de Berghain. Fotografía: Andreas Gehrke / Noshe / Studio Berlin / Berghain, © Rirkrit Tiravanija, Foto: Noshe

 

Una pancarta con el lema "Morgen ist die Frage" ("Mañana es la cuestión" ) del artista tailandés Rirkrit Tiravanija, da la bienvenida a los visitantes, llevando paradójicamente la contraria a la filosofía inicial del club, al que algunos de sus habituales definen como "un espacio para soñar", "el sitio donde pasar 12 o 20 horas sin sentirte observado", "un lugar donde compartes partes de ti mismo que normalmente no compartes con otros”, según palabas del dúo de artistas español-kosovares formado por Petrit Halilaj y Alvaro Urbano.

En tiempos de selfie, la norma de no tomar fotografías sigue vigente durante esta nueva etapa. La entrada en el club suponía aceptar que te colocaran una pegatina sobre la cámara del teléfono a la entrada y ser directamente expulsado si tratabas de conseguir una sola imagen.

No sabemos si la política será ahora tan estricta, pero si que tiene una filosofía detrás que nos encanta. “Saldrás de esta galería con la cabeza llena de recuerdos e ideas, no con imágenes para adornar tus redes sociales”, expone su precursor. 

 

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Foto: Maja Hitij/Getty Images

 

Solo hay una de las reglas de oro del espíritu Berghain que su conversión en espacio expositivo rompe: el artista danés-islandés Olafur Eliasson ha instalado tres espejos, convirtiendo en infinitos los rincones oscuros de la nave industrial.

Nunca antes un espejo había entrado en las instalaciones, el Berghain no era un lugar ni para ver, ni para ser visto, ni para mirarse, solo el sitio en el que escuchar y sentir. ¡Larga vida al Berghain en todas sus formas!

 

h/t: The Guardian

 

 

 

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