Así es cómo conseguí empezar a practicar deporte en el año más diferente de nuestras vidas

Son fechas de hacer balance. El 2020 ha sido un año complicado para todos, ¿verdad? Pero puestos a mirarlo con positividad y a nivel personal ha sido uno de los pocos en los que he conseguido cumplir mis propósitos de Año Nuevo.

Por Verónica Martín

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Kelly Sikkema

 

Más tiempo para mí misma, mejorar mi inglés, mantenerme en forma física y mental, leer más, pasar más tiempo con los míos, viajar (estas dos cosas han estado complicadas), comer mejor, descansar y cuidarme... nada nuevo en el horizonte en las que eran mis retos para un año que prometía redondo. Las obligadas circunstancias ayudaron con lo de leer, disfrutar de más tiempo y alimentarme de una forma más sano, pero el tema del ejercicio físico se complicó.

¡Adiós a estar en forma!, pensé cuando nos encerramos en casa a causa de ya sabéis qué. Con lo mucho que me había costado coger un poco de ritmo... Puestos a ser sinceros, tampoco es que la cosa cambiara demasiado, soy perezosa por naturaleza con esto del ejercicio físico.

Me cuesta mucho encontrar el hueco para desplazarme al gimnasio, el momento ducha, etc., pero había conseguido salir a pasear de vez en cuando y hacer alguna clase de yoga a la semana. Hasta que llegó el confinamiento. 

 

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No conseguía engancharme a ninguna de las muchísimas clases online que había. Mi casa es pequeña así que descartado cualquier tipo de baile ni movimientos amplios, además, con el teletrabajo iba a deshoras, los horarios de las clases nunca me coincidían bien y si ya de por sí no me hace mucha gracia que todo el mundo pueda verme mientras hago ejercicio, me lo hace menos a través de la pantalla. Entonces recordé un regalo que me habían hecho y que aún no había estrenado.

La verdad es que no tenía yo mucha fe en aquel videojuego que venía con un anillo y una cinta para la pierna, pero necesitaba hacer algo —no solo a nivel físico, también mental—, y cuando me quise dar cuenta estaba entrenando casi a diario con Ring Fit Adventure.

¿Que qué es eso? Pues un juego exclusivo de Nintendo Switch en el que haces ejercicio sin enterarte gracias a los Joy-Con (los mandos de la Nintendo que detectan el movimiento), el Ring-Con (ese aro del que os hablaba es lo que regula la resistencia de tu fuerza y con el que realizamos los movimientos de la parte superior del cuerpo) y la cinta de la pierna que es la que controla los movimientos de la parte inferior del cuerpo.

 

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¿Te cuesta creer que alguien se pueda poner en forma tan solo con un videojuego? A mí también me pasaba, pero la realidad es que el tiempo se pasa volando con esta aventura en la que tienes que derrotar al dragón Draco mientras vas pasando por diferentes mundos y niveles.

Es como tener un entrenador personal en casa que va siendo más exigente con los ejercicios en función de tu forma física y progresos. Porque ejercicio se hace. Unos 40 tipos diferentes entre sentadillas, brazos, abdominales, pecho, carrera en el sitio, pierna... Pero el secreto está en que no resulta pesado. Todo lo contrario, te diviertes mientras entrenas.

Cualquiera puede jugar, no importa tu condición física, desde quien no ha hecho nunca deporte —no hay de que preocuparse, Ring Fit Adventure incluye una guía para hacer los ejercicios correctamente— hasta los deportistas más pro. Probablemente por eso se han vendido ya más de seis millones de copias en todo el mundo.

 

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Es perfecto para jugar una sola persona y desafíarte a tí mismo con las estadísticas de calorías quemadas y los datos de pulso que te van indicando si la intensidad es la adecuada, pero si lo prefieres puedes competir con tus familiares y amigas o contra jugadores de todo el mundo. 

Y así es como tras años de frustración por mi falta de constancia, he conseguido engancharme a hacer deporte unos 20-25 minutos al día de tres a cinco días por semana y notar la mejoría considerablemente no solo en mi cuerpo en general, sino también en las partes más rebeldes en particular, y, sobre todo, en el ánimo. 

Gracias, 2020 por haber sido el año en el que logré, por fin, mis propósitos. Ahora que sé que puedo conseguirlos, toca plantearse nuevos retos. 

 

Por Verónica Martín

 

 

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