"Mi casa, esta mujer", un bello texto del poeta Santiago Kovadloff

Cuando un poeta labra un poema, quizá no es consciente de que no solo está escribiendo unas palabras bellas a esa persona amada, también está levantando monolitos a almas anónimas por toda la humanidad y en tiempos diferentes. 

mi casa esta mujer un bello texto del poeta santiago kovadloff
«El cumpleaños», de Chagall - MoMA, Nueva York

 

Como hizo Kovadloff cuando susurró al viento estas palabras a su compañera de camino. En ellas nos sentimos cómodos, nos vemos de algún modo reflejados. El calor es algo universal y en él nos gusta acostarnos a echar la siesta y a escuchar cómo pasa la vida en el trascurrir de los años. 

Santiago Kovadloff (Buenos Aires, 14 de diciembre de 1942) es un ensayista, poeta, traductor de literatura de lengua portuguesa y autor de relatos para niños argentino. Se graduó en Filosofía en la Universidad de Buenos Aires con una tesis sobre el pensamiento de Martín Buber titulada El oyente de Dios. Entre infinitas maravillas, nos dejó este poema tan suyo y tan nuestro, a la vez,

 

mi casa esta mujer un bello texto del poeta santiago kovadloff1

Interior al aire libre (1892), de Ramon Casas, colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Mi casa, esta mujer, de Santiago Kovadloff.

"Mi casa es esta mujer que ahora duerme a mi lado. Como ella, con ella, todo a mi alrededor reposa.

Cuando ella despierte, también lo harán las cosas. Volverán a abrirse las puertas, correrá el agua otra vez, los pasos avivarán la vieja escalera, caerá de nuevo la luz sobre las plantas.

Yo retornaré a mi mesa, a las palabras, y su voz, como un halo, circundará mi día.

Cuando ella se haya ido a su trabajo, alzaré los ojos de la página, y un tapiz, un clavel, un amuleto inesperado en la cocina de la casa repetirán el nombre de esta mujer que todo lo pobló con su presencia y el acierto de sus manos.

Ella es mi casa, puerta mayor de acceso al sentido de estos cuartos. Si el egoísmo o la indiferencia quiebran nuestro encuentro, la casa se oscurece. Como una dura denuncia de soledad sin remedio, las paredes se cargan de presagios, se repliega el color de cada cosa, la casa se vacía, y habitarla es quedar a la intemperie.

Mi casa es esta mujer que ahora duerme a mi lado. Cuando ella anda lejana, todo es lejano en la casa; con ella se van en tropel las cosas de mi entorno, y estar aquí se vuelve una tortura; acosa cada sitio, cada paso lastima, rincones y objetos se hacen inservibles.

Y la casa recuerda, en un susurro triste, que alguna vez supimos ser mejores. Si renace la alegría, renace la casa. Cuando la lucidez o el deseo vuelven a reunirnos, la casa otra vez se ilumina: tienen sentido mis papeles, cada cuarto es la evidencia de un proyecto. La casa entera es una fiesta y por la vieja escalera vuelve a correr el aliento suave y denso de la vida".

Por