Los adolescentes creen que leer les aísla y las redes sociales les conectan, según un estudio

La paradoja es que en una sociedad hiperconectada de manera virtual por las leyes del algortimo, la desconexión a la realidad es tal que la mayoría de lxs adolescentes creen que leer les aísla y las redes sociales les mantiene conectadoxs, según un estudio.

Gracias a Pijama Surf.

Un estudio publicado en España halló que entre los 15 y los 18 años se produce un descenso notable en el porcentaje de lectorxs. Según cifras de la Federación de Gremios de Editores de España, de los 10 a los 14 años el 77% de la población entra en el rango de "lectorxs frecuentes", cifra que baja al 53% entre los 15 y 18. Hay que decir que estos porcentajes incluyen lecturas digitales.

 

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Fotograma de Mujercitas.

 

Más allá de que las cifras puedan considerarse en general positivas o no, es preocupante este descenso (que ocurre de manera similar en otros países), y no solo porque es una edad vital en la conformación de una vocación y una visión de vida. Lo es, sobre todo, por las razones que lxs adolescentes citan para explicar su desinterés.

Según reporta El País, la principal razón por la que lxs jóvenes no leen es porque creen que los aísla, mientras que la primera razón por la que leen es debido a que leer "les relaja". Las redes sociales y los teléfonos móviles les conectan, los libros les desconectan y, quizá, después les permiten relajarse y descansar un poco de la hiperconexión de las redes.

Esto es significativo pues la "conexión" es, como han descubierto tipos como Mark Zuckerberg, una de las necesidades esenciales del ser humano. Estar conectados socializa; ver y conversar con otros emociona a cualquiera, pero especialmente a lxs adolescentes, para quienes la aceptación de los demás resulta vital.

Ante lo que pueden ofrecer en este sentido las redes sociales, los libros palidecen.

El problema es que pasar mucho en tiempo línea buscando estas conexiones no está correlacionado con estados de mayor felicidad, plenitud o salud mental. Por el contrario, pasar mucho tiempo en redes sociales, aunque sea leyendo posts de Instagram o viendo videos de YouTube, parece propiciar la dispersión y la distracción mental y aumenta la ansiedad y la depresión

 

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Fotograma de Las ventajas de ser un marginado.

 

Tal vez esto revela lo crucial de este asunto: las redes sociales realmente no conectan a las personas, son un sucedáneo de la auténtica conexión humana. Y, de la misma manera, no promueven la concentración.

La atención que existe al leer una publicación o ver un video en estas plataformas es un sucedáneo de los estados de concentración y contemplación que pueden encontrarse en los libros. Y, en la gran mayoría de los casos, estas conexiones están basadas en valores más superficiales.

Paradójicamente, esos libros que según los adolescentes los desconectan y los distancian de sus amigos y el mundo (el mundo que ha sido reemplazado por la Red) son aquellos que podrían servir de fundamento para una conexión más profunda con otros seres humanos en función de un vocabulario estético, ético y espiritual.

Además de permitir una conexión con las grandes mentes de la humanidad y con aspectos de la vida que requieren mayor paciencia, mayor silencio, mayor capacidad contemplativa. Al no leer, no se educan los aspectos de la psique que pueden establecer conexiones duraderas con otras personas y con formas de existencia significativa como el arte y la religión. 

Así, la pérdida es enorme. Anegada por los fáciles estímulos del Internet, la auténtica cultura no logra catalizarse en los jóvenes en un momento esencial. Puede ser demasiado tarde si se empieza a leer o se retoma la lectura a los 25 o 30 años (si es que esto sucede), especialmente si lo que se quiere es unir la vitalidad con el conocimiento.

 

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Fotograma de La historia interminable.

 

Gracias a Pijama Surf.