Cables y grasa, la estigmatización de la obesidad vinculada a la dependencia tecnológica

La estigmatización de la obesidad vinculada a la dependencia tecnológica y su uso en lacultura visual como método de crítica social.

Por Rafael Rosado Domínguez.

El controversial debate en torno a conceptos como el sobrepeso, la obesidad o la vida sedentaria es algo que estamos acostumbrados a ver desde hace décadas y que no para de salir a la palestra
de manera constante en nuestra sociedad.

La contraposición ininterrumpida de movimientos como el “Body Positive” que abogan por la inclusión y el empoderamiento de personas con sobrepeso frente a discursos adversos, bien basados en fundamentos científicos cuya principal finalidad es promover estilos de vida saludables, o bien utilizando estos últimos como excusa para acrecentar arengas de odio por razones más vinculadas a lo sociocultural, cuenta ahora con las redes sociales como principal escenario de batalla.

 

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Y es que es indiscutible que uno de los principales usos de las diferentes plataformas de comunicación hoy en día es servir como caldo de cultivo para estas escaramuzas lingüísticas y audiovisuales interminables. Más allá de eso, es por otra parte innegable que paradójicamente el uso desproporcionado de la tecnología en la sociedad actual, llegando en muchos casos a una dependencia atroz, ha entrado a formar parte precisamente de ese grupo de principales razones que acrecientan formas de vida sedentarias, al punto de haberse llegado a desarrollar conceptos como la denominada “Obesidad digital” en los últimos años.

Es de hecho este fenómeno vinculante entre dependencia tecnológica y estigmatización de la obesidad en el que nos interesa detenernos hoy. Si nos centramos de forma específica en el uso de figuras obesas como crítica a la forma de vida actual, podemos encontrar diversos y numerosos ejemplos de un discurso mucho más profundo, que busca una denuncia frente a la deshumanización, la trascendencia de lo artificial o la imagen de un presente y un futuro cada
vez más frío y gris en el que las relaciones humanas cada vez tienen menos cabida frente a la necesidad imperiosa de consumir de manera constante estímulos virtuales.

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando los paradigmas representados parten de una nula reflexión previa sobre cómo pueden afectar a la visión negativa que se genera de un colectivo o un individuo?, ¿existen acaso dichas reflexiones por parte de los artistas/ilustradores/animadores en cuestión pero deciden obviarlas en pos del triunfo del mensaje que quieren transmitir?, ¿se ha normalizado con el paso de los años en la cultura visual la representación delsobrepeso como
sinónimo de valores morales negativos que en origen distan enormemente de la complexión física que pueda presentar una persona?

 

escena de la película wall e de walt disney pictures y pixar animation studios 2008
Escena de la película Wall E de Walt Disney Pictures y Pixar_Animation_Studios_2008

 

No hace falta acercarse de primeras a obras con una carga político-social abrumadora para percatarse de que este fenómeno se presenta en ingentes estratos de la sociedad actual. El humor más inocente que tiende a dulcificar cualquier elemento de nuestra vida cotidiana puede ser un claro ejemplo de como pasamos por alto en nuestro día a día la construcción de una simbología que acrecienta la sarna y la burla hacia personas con sobrepeso.

Así pues hasta el más simple de los memes que puede circular y gestarse por lo general en portales tan conocidos como Reddit o 4chan y que visualizamos a través de redes sociales, puede contribuir subconscientemente a
alimentar la idea de que conforme más avanza la tecnología más holgazanes y sedentarios nos volvemos, haciendo una comparativa fácilmente asimilable de como las pantallas donde consumimos esos estímulos cada vez son más estilizadas y prácticas en contraposición al propio cuerpo humano que se convierte en una masa
caricaturesca. La evolución tecnológica frente a la “involución” corpórea.

Algo similar ocurre con la animación. También en películas aptas para todos los públicos y enfocadas específicamente al infantil, encontramos de nuevo la asimilación de la decadencia humana reflejada en figuras obesas completamente dependientes de la tecnología, en este caso desde una perspectiva futurista y con un extremismo en el que el cuerpo humano ha llegado al culmen de la inutilidad.

En Wall-E, la cómica y desenfadada a la vez que preocupante representación de los supervivientes humanos queda eclipsada por una crítica aún mayor centrada en un mensaje ecologista. De nuevo estamos ante a otro ejemplo de simbolismo en el que un gag aparentemente divertido e inocente refleja esa simbiosis entre la supeditación a la tecnología y una consecuencia catastrófica que se observa en el estado físico que presentan los susodichos. Alejándonos de la afabilidad y el humor a la hora de tratar este tema encontramos a artistas como Steve Cutts. El joven británico que con apenas 27 años se ha convertido por derecho propio en uno de los ilustradores y animadores más descomedidos y políticamente incorrectos de nuestro siglo. En sus obras influenciadas estilísticamente por los dibujos animados de principios del s. XX, los cómics o las novelas gráficas, presenta un discurso que denuncia de
manera clara y contundente el hipercapitalismo, el consumismo desmedido o la falta de conciencia ecologista que rigen el mundo en la actualidad.

 

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Evolution de Steve Cutts

En 2015 Cutts publicaría su obra “Evolution”, en la que la desagradable metamorfosis de un hombre obeso y un sillón enmarcan una crítica brutal hacia algunas de las marcas más econocidas de comida basura, el lobby farmacéutico y como no podría ser de otra forma, el sometimiento del ser humano a las nuevas tecnologías, que aparecen fusionadas en forma demando de la tele y un teléfono móvil a las manos del grotesco personaje. Aquí ya no existe lugar para un tratamiento simpático o humorístico, prima lo crudo y lo descarnado, invitándonos de nuevo a una reflexión mucho más recóndita de lo llanamente superficial, pero una vez más obviando la consideración de como se está vinculando el concepto de persona gorda a una serie de valores negativos e inmorales y lo que esto puede acarrear.


Y es que la noción de evolución como un significado irónico se ha tratado de forma bastante habitual en la cultura visual. Ya en 1998 Pearl Jam publicaría la canción “Do the Evolution” proveniente de su álbum “Yield”. En el videoclip de dicho corte, obra de Kevin Altieri y Todd McFarlane, contemplamos desde el origen de la primera célula en el planeta tierra a un final nuclear que acaba con todo, pasando por guerras, holocaustos, violaciones, racismo... la flor y nata del desarrollo humano.

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Escena de la película Wall E

Una de las imágenes más recordadas de “Do the Evolution”, es la de un sujeto apoltronado en su sillón, con una lata de cerveza en su mano (al margen de las numerosas vacías en el suelo) y
conectado a unas gafas de realidad virtual y a otros cables y tubos sujetos a su entrepierna. El origen de su cara de sádico y depravado se nos revela cuando aparecen las imágenes que está visionando; el abuso a una mujer en primera persona.

Si bien es una muy pequeña parte y apenas unos segundos del conjunto de escenas que forman el videoclip, estamos ante el sumun del tema tratado en este artículo. El conglomerado de perversas y malogradas sensaciones que transmite este individuo trasciende el mensaje global de la canción y el video buscando precisamente generar un sentimiento de rechazo y odio y de nuevo, vemos como se encarna en la figura de una persona obesa.

Quiero recalcar que con lo desarrollado en el texto no busco nada parecido a censurar la libertad de expresión o posicionarme a favor de discursos victimistas, de hecho casi la totalidad de los mensajes de artistas como Steve Cutts o Eddie Vedder y compañía me parecen completamente necesarios para la sociedad independientemente de su disciplina artística.

Sin embargo, si pretendo abriendo este debate invitar a la gente a pararse a meditar en cuantos momentos al cabo del día en una sociedad en la que gastamos horas y horas en consumo
audiovisual, pasamos por alto pequeños detalles que subconscientemente pueden influir en la forma en la que vemos a ciertos individuos y fomentar prejuicios.

 

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