Siete artistas que transformaron su corazón roto en grandes obras

El desamor es una vorágine de sentimientos a flor de piel, emociones que muchos deciden canalizar de forma artística.

La desazón, el dolor, la deslealtad, la pérdida de confianza, el abandono, la soledad… una ruptura siempre viene acompañada de un momento amargo en el que las emociones se viven con extrema intensidad. Pero la pérdida de un vínculo tan especial como el de una pareja también puede ser fuente de inspiración para crear algo tan especial como una obra de arte.

A continuación, os presentamos los trabajos de siete artistas que decidieron transformar su corazón roto en grandes obras que han pasado a la historia:

 

1. Ashes (1894), Edvard Munch

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Ashes (1894), Edvard Munch.

 

El pintor noruego solía plasmar sentimientos tan crudos como su propia angustia en sus obras de arte. La enfermedad, crisis existenciales y las muertes de sus seres queridos han sido protagonistas de algunos de sus cuadros, mientras que para otras obras, los tempestuosos romances le sirvieron de inspiración.

A mediados de la década de 1880, cuando Munch se encontraba en la veintena, conoció a Millie Thaulow. La mujer, casada y mayor que el pintor, se veía con él en secreto, hasta que ella decidió romper con la relación.

“Una mujer experimentada y de mundo apareció y recibí el baptismo del fuego”, escribió el artista. “He sufrido en esta ocasión el desastre del amor y casi enloquezco durante años”. De su ruptura nacieron obras como este Ashes (1894), en el que una mujer se postula triunfante en el centro del cuadro, en contraposición al hombre ahogado en sollozos que se esconde en la esquina del lienzo. Un tronco carbonizado es el nexo entre ambos, eludiendo a la muerte en llamas del amor.

 

2. The Wounded Deer (1946), Frida Kahlo

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The Wounded Deer (1946), Frida Kahlo.

 

“Yo sufrí dos accidentes graves en mi vida, uno en el que un autobús me tumbó al suelo... El otro accidente es Diego”. De esta manera se sinceró Frida Kahlo en una entrevista en 1951, hablando de su explosiva relación con el pintor Diego Rivera. Ambos tuvieron un matrimonio turbulento, con numerosos episodios de infidelidad mutua.

Pero lo que más le dolió a Kahlo fue que, tras una década juntos, Rivera comenzó una relación con la hermana de ella, es decir, su cuñada. Esa fue finalmente la gota que colmó el vaso y los artistas se divorciaron en 1939, año en el que Frida pintó Las dos Fridas, una respuesta directa a la ruptura.

En The Wounded Deer (1946), Kahlo podría también hacer referencia al dolor emocional que le infringió la relación con Rivera, así como el físico que sufrió con las múltiples operaciones a las que se sometió en su vida.

 

3. Untitled (1991), Felix Gonzalez-Torres

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Untitled (1991), Felix Gonzalez-Torres.

 

El sida, el amor y la relación entre lo público y lo privado fueron los grandes temas sobre los que giró la obra de Felix Gonzalez-Torres. El artista siempre buscó que sus obras fueran tocadas, diseminadas, que se convirtieran en pequeños souvenirs que el público podría llevarse a casa, rompiendo con la concepción de “obra de arte” como era entendida hasta entonces.

Todo su trabajo giró en torno a su pareja, Ross Laycock, quien enfermó y falleció de sida. Gonzalez-Torres, homosexual, llenó la ciudad de Nueva York en 1991 con 24 vallas publicitarias en las que se mostraba la misma imagen impactante: profundas hendiduras marcadas en dos almohadas de color blanco, colocadas sobre una cama desecha e inmaculada al mismo tiempo.

El artista creó la obra el mismo año en el que falleció su pareja, un dato que la hace aún más potente, ya que es reflejo del amor entre dos personas del mismo sexo en una época marcada por la expansión del sida, dejando en el aire el erotismo de la intimidad que se desarrolla en la cama. Las dos almohadas, idénticas, representan a ambos, una pareja rota por la soledad que acompaña a la pérdida del ser querido.

 

4. The Lovers: The Great Wall Walk (1988), Marina Abramović

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The Lovers: The Great Wall Walk (1988), Marina Abramović.

 

Si se piensa en performance, la mayoría coincidirá en un nombre: Marina Abramović. Además de sus conocidas actuaciones en solitario, su etapa más prolífica fue junto al también artista Ulay, su pareja durante años.

Durante años, planearon una obra insólita: cada uno debía caminar desde un lado opuesto de La gran muralla China y encontrarse en el medio, donde tomarían matrimonio. Sin embargo, su plan no salió como esperaban, ya que cuando llegó el momento en 1988, se habían separado. Así que decidieron cambiar el sentido de su peculiar viaje y convertir su encuentro tras recorrer la muralla en el momento perfecto para despedirse.

La performance se alargó durante 90 días en los que, tras 2.500 km, se dijeron adiós para siempre caminando solos. “Para ella, fue muy difícil continuar a solas. Para mí, fue directamente impensable”, resumió Ulay sobre la acción.

 

5. Take Care of Yourself (2007), Sophie Calle

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Take Care of Yourself (2007), Sophie Calle.

 

La francesa Sophie Calle transformó de forma literal su ruptura en arte, convirtiendo el e-mail que recibió de su pareja por entonces y donde le anunciaba que cortaba con ella, en Take Care of Yourself.

En 2007, Calle expuso en la Biennale la misiva, diseccionada hasta la saciedad, titulada como las últimas palabras con las que su ex terminó la carta: Cuídate. La pieza, según comentó ella misma, comenzó como una especie de terapia para sobrellevar la ruptura. Pero no la cosa no quedó ahí.

La artista invitó a 107 mujeres para que analizaran, comentaran, cantaran, bailaran y, en definitiva, diseccionar minuciosamente la misiva de su ex, ofreciéndole a Calle su consejo profesional. Una abogada sugirió que, de acuerdo con la ley, su actitud era “castigable”; una psiquiatra forense le describió como un “retorcido manipulador”...

Al final, la artista declaró: “Después de un mes me sentí mejor. Ya no había sufrimiento. Funcionó. El proyecto sustituyó al hombre”.

 

6. Triptych-In Memory of George Dyer (1971), Francis Bacon

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Triptych-In Memory of George Dyer (1971), Francis Bacon.

 

La degeneración corporal es un elemento clave y recurrente en Francis Bacon. El pintor inglés deforma los cuerpos en sus lienzos como una expresión directa de las emociones que sienten, en concreto las suyas propias.

En 1971, su pareja, George Dyer, se suicidó, un hecho que marcó profundamente a Bacon y que sirvió de inspiración para este tríptico. El propio artista había salvado en varias ocasiones a Dyer de sus intentos de quitarse la vida, hasta que no pudo evitarlo.

“Parece una locura pintar a la gente después de su muerte porque, si no han sido incinerados, su carne comienza a pudrirse”. Esa desolación, esa forma que tiene el cuerpo de desintegrarse lentamente, se plasman en cómo Bacon pinta a Dyer sobre esta obra.

 

7. Charred Landscape (1960), Lee Krasner

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Charred Landscape (1960), Lee Krasner.

 

Entre 1959 y 1962, Lee Krasner pintó Night Journeys, una serie de cuadros turbios, oscuros e inmensos que destilaban rabia. Dichos trabajos fueron el resultado, años después, de la pérdida de su pareja, el pintor Jackson Pollock, en un accidente de tráfico.

Los lienzos son el reflejo de una vorágine de emociones que se mueven entre el corazón roto, el dolor y la liberación. “Deja que te diga que cuando pintaba gran parte de estos (cuadros), estaba pasando por algo que no era para nada agradable, ni fácil”, le contó la propia Krasner a su amigo Richard Howard en 1979.

Mientras lidiaba con la pérdida, la pintora también se sintió liberada de la sombra de Pollock y del dolor de sus continuas aventuras amorosas. Los trazos oscuros de obras como Charred Landscape (1960) son el claro reflejo de esos crudos sentimientos.

 

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