¿Coche sí o coche no? ¡Esa es la cuestión!


En un bar popular de una ciudad cualquiera a la hora del café de media mañana, Paco, Valeria, Ernesto y Luisa comparten barra y conversación a raíz de un estudio que viene en el periódico, y que Paco ha leído en voz alta mientras daba pequeños sorbos a su taza:

-Según un estudio realizado por Sigmados sobre “para qué quieres un coche”, los españoles dicen Sí al automóvil.

Esta sentencia que emana de la voz madura del jubilado atrae la atención de inmediato del resto de los desconocidos, que se ven sumidos de manera natural en un debate que les une por un lapso en el tiempo en el bar que regenta Luisa. Mientras seca los vasos, mira la máquina de café y reflexiona:

-¿Qué haría yo sin mi viejo trasto? Llevo más de 30 años llevando el bar, la casa, los pedidos, de un sitio a otro… Yo no podría vivir sin mi pequeño coche. Me ha dado independencia, me ha hecho ser una mujer soberana y dueña de mi tiempo. Cuando me saqué el carnet, viajé con mis hijos por toda España, con casi lo puesto… ¡Menuda aventura! El viejo trasto, así lo llamamos cariñosamente en casa, nos descubrió rincones, pueblecitos, recodos escondidos que nunca hubiéramos imaginado en los mapas. Y siempre con montones de cassetes; siempre había canciones en el viejo cacharro. Bueno bueno, que me pongo nostálgica… - Luisa sigue secando los vasos con una leve sonrisa en su cara.

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Mientras, Paco sigue extrayendo datos del informe y asombrado dice que el 61 % de la población utiliza diariamente el coche y paradójicamente, la mayoría, el 65,9 % de los ciudadanos, piensa que los representantes políticos deberían ir en transporte público a sus lugares de trabajo (Congreso, Senado, Parlamento, Ayuntamientos), siendo las mujeres las que más apoyan esta medida (70,4%). - ¡Hay que fastidiarse! - Dice Paco con una contagiosa carcajada.

Ernesto sonríe mientras escucha con gran atención a Paco. Ha dejado el casco de su bici junto a una vieja mochila donde lleva todos los planos para su proyecto. A sus 35 años no tiene carné y dice que no le interesa lo más mínimo. Para Ernesto la libertad es justo lo contrario, no tener gastos, responsabilidades y necesidades creadas por este mundo consumista. Ernesto les dice a sus compañeros de café:

-Para mí la felicidad, es que el aire frio me corte la cara mientras vuelo por la ciudad sobre dos ruedas, que me revuelva el pelo, que me lleve donde quiera sin sufrir atascos, cabreos, malos humos… Es como vivir el lado más bucólico de la ciudad.

-Eso es verdad, los atascos son odiosos y no lo digo yo, lo dice el estudio - continúa leyendo Paco afanado. -Esto os va a gustar: es el dato romántico de la encuesta que concluye afirmando, que el coche es un buen escenario para los besos y el amor. Casi la mitad de la población ha probado el amor en sus flamantes asientos.

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Valeria, estudiante de medicina, sonríe y asiente con este dato. Ella tiene carnet, pero por ahora no quiere coche. No tiene medios para mantenerlo, y además es voluntaria en Ecologistas en Acción, por lo que prefiere ir en trasporte público o caminando mientras disfruta de la ciudad. Valeria es una romántica, le gusta la idea de compartir experiencias, de conocer a gente, de ser activa en la labor de mejorar un poco el mundo.

Paco, a raíz de este dato, dice que, en España, y según el estudio, El «coche compartido» no termina de afianzarse como una de las opciones de utilización del vehículo particular, ya que el 71,2% de los conductores habituales afirma que no comparte su coche en sus desplazamientos con la idea de abaratar los costes del mismo.

Ernesto dice que cree que la tendencia en los próximos años respecto a compartir vehículo, más que una opción, será una necesidad social que puede acarrear, estrechar lazos personales y mejorar el medio ambiente.

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Todos se van, se despiden amablemente cuando han acabado su café. Mientas Luisa tararea las canciones que sonaban en su viejo trasto, Paco se queda leyendo el periódico y no puede evitar recordar el día que llevó su viejo coche blanco al desguace después de 25 años de amistad. Se hizo una foto junto a él justo antes de que pasara a formar parte de un amasijo de hierros abandonado en el olvido. Como si de un funeral se tratara y con lágrimas en los ojos, le dijo al empleado del desguace: “Con este coche se van los mejores años de mi vida, las vacaciones en la playa con mi familia, mi juventud. Tantas cosas vividas juntos… Ha sido un fiel compañero de camino. No era un mero coche, era todo lo que hemos vivido gracias a él.”

“Tener o no tener un coche”. Ésa es la cuestión. Detrás de este dilema metafísico hay necesidades reales, necesidades creadas, aspiraciones, sueños de libertad, ganas de perderse y de compartir, imposiciones sociales e incluso estatus. En definitiva, pura emoción.

Y tú, ¿para qué quieres un coche?

www.paraquequieresuncoche.com

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