El espíritu libre no se ata ni siquiera a sí mismo, según Nietzsche

Nietzsche también abogaba por desarrollar virtudes y valores pragmáticos y contextualizados. No creía que las virtudes abstractas pudieran aportarnos algo valioso a nuestro desarrollo personal.

 

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Fotograma de "Hacia rutas salvajes", de Sean Penn

 

Pensaba que cuando “la ‘virtud’, el ‘deber’ y el ‘bien en sí mismo’ adquieren un carácter impersonal y universal se convierten en fantasmas”. Afirmó que “un pueblo perece cuando confunde el deber personal con el concepto del deber en general”. Ese deber convierte el sacrificio en una abstracción. Entonces el sacrificio o cualquier otro valor o acción se vuelven vanos, carentes de significado.

Como antídoto, propuso que “cada persona descubra su virtud por sí sola”, porque esta debe ser el resultado de una “profunda decisión personal”. Para ello, primero debemos realizar un ejercicio de instrospección que implica reconocer y aceptar las sombras y luces que habitan en nuestro interior, de manera que podamos unificar nuestros impulsos y deseos. Solo entonces podremos desarrollar unos valores personales que no estén en continuo conflicto con nuestra esencia.

Encontrar esos valores también implica enfrentarse al pasado sin resentimientos e incluso recrearlo cambiándole el sentido, pero siempre teniendo en cuenta el carácter perspectivista: “todo sentido es creación provisional sin garantías ni seguridades y toda creación responsabilidad y riesgo sin juicio final”, como escribiera el filósofo. Eso significa tanto aceptar nuestro «yo» pasado como la incertidumbre del futuro.

Esa visión nietzscheana nos convierte en espíritus libres. Personas maduras que no están esclavizadas por su pasado y no temen al futuro. Sin embargo, ni siquiera en ese punto podemos bajar la guardia porque siempre podemos quedarnos atrapados en la telaraña de los valores que construimos. “Cuidemos de que no se convierta en nuestra vanidad, en nuestro adorno y vestido de gala, en nuestra limitación, en nuestra estupidez”, advirtió Nietzsche.

El espíritu libre es, por tanto, quien se esfuerza por cultivar su propia virtud en armonía con su naturaleza. Pero también es quien logra liberarse de sí mismo. Por tanto, es una persona consciente de que todo está en permanente cambio. Incluidos sus valores y virtudes.

 

via Jennifer Delgado en Rincón de Psicología

 

 

 

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