El Bosque Sonoro, una experiencia única de música y naturaleza en un pueblito zaragozano

En plena pandemia, tres jóvenes desarrollan un proyecto de recuperación y revitalización del medio rural con la ayuda de un machete, postes reciclados y un rebaño de ovejas.

El Bosque Sonoro es un nuevo ciclo de conciertos que es mucho que un ciclo de conciertos, más incluso que todo un proyecto para la recuperación y revitalización del entorno de Mozota en la provincia de Zaragoza, un paraje único y prodigioso.

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El Bosque Sonoro sucede en el asombroso entorno de Mozota, Zaragoza

Tres jóvenes mozotinos han efectuado un valiente viaje durante los últimos meses. Ha sido su manera de enfrentarse a las dificultades que la crisis del COVID 19 ha traído consigo: confinamiento, inseguridad laboral, desmoronamiento de las actividades culturales.

Como en El corazón de las tinieblas, se encontraban ante la frondosa vegetación de un bosque, y ante las aguas de un río. Las dimensiones del bosque y el caudal del río Huerva eran modestos comparados con los del libro, por supuesto, y su trayecto ha sido el opuesto al narrado por Joseph Conrad: desde las aguas turbulentas del presente han conseguido alcanzar un remanso de paz a través de este proyecto, que persigue la recuperación y revitalización medioambiental, social y cultural del medio rural desde una perspectiva integradora, sostenible y respetuosa con el entorno.

Señalan que no son ningún festival, que no hay ninguna gran firma detrás de su proyecto: su propio entusiasmo y el apoyo del los habitantes del pueblo sirven para sostenerlo.


Mozota es un pequeño municipio de la Comarca Central situado a veinticinco kilómetros de Zaragoza. Cuenta con unos sesenta habitantes, aunque destaca la nueva población joven que se ha mudado desde la capital durante los últimos años. Entre todos están consiguiendo revitalizar la vida del pueblo sin que este pierda su esencia. Los responsables del proyecto mantienen el anonimato, y se dan a conocer mediante seudónimos: Pájaro Carpintero y Tejón disfrutan con este juego, que refleja la ilusión con la que afrontan su nueva andadura.

“Durante los meses de confinamiento”, recuerda Pájaro Carpintero, “nos cansamos de esperar y fuimos a divertirnos al río. Tejón me habló de una zona del pueblo donde de pequeños jugaban a construir casetas con cañas, y al escondite entre los árboles. Antes se podía entrar porque había rebaños y mucha más gente hacía uso de aquellos espacios comunes. Hace más de treinta años que nadie pasaba por ahí. Al ver el maravilloso bosque de ribera, oculto entre zarzas, árboles muertos y suciedad dejada por las últimas riadas, nos animamos a limpiarlo para que los vecinos pudiéramos hacer uso de él. Contábamos con la ventaja de que, en el pueblo, no estábamos confinados en casa: pero no podíamos salir de Mozota, así que teníamos tiempo de sobra”. Tiempo y esperanza: era lo único con lo que contaban. Y, como veremos a continuación, les bastó.

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El pueblo de Mozota tiene apenas 130 vecinos.

La historia del Tejón y el Pájaro Carpintero engancha desde el principio: bien podría presentarse a modo de fábula. Lo primero que debían construir era un puente sobre el río Huerva. No resultaba sencillo acceder al otro lado, y la construcción del puente se convirtió en un itinerario simbólico: hacia la otra orilla, sí, pero también hacia la consecución de su objetivo, hacia el claro del
bosque donde se celebrarán los primeros conciertos.

Para ello, utilizaron uno postes de teléfonos antiguos en desuso que cruzaron sobre el cauce. Lo hicieron con la ayuda de un amigo escalador que les prestó el material necesario y les asistió en la tarea. El tronco procesionó en dirección a las afueras; fue transportado a cuatro manos y con con un coche que desfiló frente a la iglesia mudéjar y al palacio medieval de Mozota: imaginamos la escena en blanco y negro, digna de una película de Fellini.

Con palets viejos de madera y la ayuda de varios mozotinos construyeron el resto del puente: el proceso sirvió, también, como atracción durante los meses en que el pueblo estuvo confinado.


Pero Tejón y Pájaro Carpintero son pacientes y no quisieron ingresar directamente en el centro del bosque: antes, se propusieron limpiar la basura del río. Este es poco accesible en alguno de sus tramos, por lo que tuvieron que emplear machetes, hoces y guadañas para desbrozar una de las orillas y hacer camino al andar. De nuevo, con la ayuda de un vecino que les prestó su desbrozadora, consiguieron despejar esa pequeña senda que comunicaba la entrada del pueblo con el puente recién fabricado, ya transitable. El siguiente paso consistió en atraer a un ganado que no pastaba por esos campos desde hacía años.

 

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Llegando a Mozota, Zaragoza.

 

Consiguieron que el rebaño de un pueblo próximo pasara unos días en la chopera, desbrozando la zona de manera natural.

Israel, alcalde de Muel, se presentó con su sembradora para que pueda crecer la cebada en el futuro: es un ejemplo de la ejemplar colaboración vecinal. Cuentan los mozotinos que volver a oír a las ovejas fue una de las mejores sensaciones que experimentaron durante los meses extraños del coronavirus, que ese sonido les sugirió la posibilidad de tiempos mejores, pese a las circunstancias que se estaban viviendo.

Así, se iba fraguando una confianza que propiciaba la presentación de nuevos proyectos: un parque, tirolinas para los niños o una granja-escuela podrían construirse en el nuevo espacio. Tal fue el entusiasmo, que decidieron intentar comprar el campo más próximo a la chopera para reconvertirlo en una zona de actividades culturales y así poder financiar el mantenimiento y limpieza del entorno.

El claro que daba forma al proyecto ya lo tenían: lo habían comprado junto un amigo que se unió a la sociedad y al que apodaron como Jabalí. Además, algunos propietarios de campos colindantes comprendieron el proyecto, lo hicieron suyo y se los ofrecieron, otorgando así otra vida a esas tierras abandonadas.

Solo quedaba comunicar los campos y limpiar las acequias obstruidas para dar forma al nuevo espacio.

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Entrando en El Bosuqe Sonoro

 

El proyecto estaba en marcha pero Tejón, Pájaro Carpintero y Jabalí necesitaban una financiación que todavía no han recibido del gobierno autonómico ni del provincial, pese a haber presentado planes concretos ante sus gobernantes, los mismos a los que se les llena la boca hablando de despoblación, de turismo rural, de reactivación económica, de tejido cultural.

El ayuntamiento de Mozota sí que ha mostrado la sensibilidad que estos tiempos requieren, y ha agilizado algunas gestiones administrativa necesarias para que el proyecto se concrete. Así, el pasado 12 de septiembre León Benavente inauguró con gran éxito el escenario ubicado en el claro del Bosque Sonoro: conocen bien el territorio (Edu Baos, uno de sus miembros, vive y ha construido los estudios “El Cariño” en Mozota, donde los leones ensayan y graban): son el grupo perfecto para habitar esta fábula. Les han seguido Stay Homas, el día 18, y Coque Malla el pasado 25 de septiembre, en una programación que, lejos de ceñirse a lo musical, busca abrirse a otras disciplinas artísticas en el futuro.

 

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Pájaro Carpintero y Tejón se han ocupado de desbrozar y consruir puentes para que disfrutemos unos privilegiados de una experiencia formidable.


Los responsables del Bosque Sonoro realizan, así, una apuesta por la regeneración del tejido medioambiental y sociocultural, ambos en grave peligro durante los últimos tiempos; ambos víctimas del silencio de las administraciones, que no han aportado ninguna ayuda relevante durante la crisis del COVID-19 y que tienden a ignorar los asuntos ecológicos.

Dicha apuesta se concretará en la creación de unos treinta puestos de trabajo directos e indirectos durante el desarrollo de las actividades, y en una serie de medidas que tendrán como objeto prevenir la despoblación y reforestar el bosque con almendros, almeces, olivos y encinas: parte del dinero de las entradas, y el recaudado en una fila 0 creada para tal fin, se destinará a plantaciones.

Todo ello apelando a la conciencia cívica de los visitantes: desde la página web del Bosque Sonoro se ruega que dichas visitas se limiten a los recintos habilitados, para poder llevar a cabo las rigurosas medidas sanitarias y para respetar la paz de los vecinos de Mozota.

Por Sebas Puente

 

El Bosque Sonoro: Web | Instagram

 

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