Nos da miedo pensar que todo es cíclico, que todo vuelve y que cualquier tiempo pasado fue mejor. Viendo estos retratos de estudio tenemos dudas e inquietudes al respecto.
Los años 80 y 90 se vivieron sin ningún tipo de complejo y sin ningún tipo de pudor. Es cierto que en términos de moda y estilismos fueron aberrantes, pero la libertad de expresión de estas modelos era absolutamente envidiable.
Brillos, volantes, objetos como esposas y pistolas, cardados de infarto, maquillajes próximos al glam, lentejuelas, tachuelas y poses, llamémoslas "desenfadadas", hacían de cada composición fotográfica una fantasía kistch difícil de igualar.
Nada era impostado o buscado en aquellas décadas, todo fluía con un espíritu hortera y un sentido del espectáculo que, en muchas ocasiones, se trata de imitar en la actualidad, pero sin la autenticidad de aquellos locos años.
En medio de todo este terrorismo textil y estético, surgió una tendencia: los llamados Glamour Shots.
Los Glamour Shots eran esos retratos de estudio con luces suaves y fondos imposibles que estaban protagonizados por satenes, terciopelos, redecillas y plumas y que dejaron testimonio de una época en la que el color, la rebeldía y el ansia por destacar flirteaba peligrosamente con hacer el ridículo más espantoso.
Estas sesiones fotográficas inmortalizaron una serie de catastróficas decisiones, aunque el objetivo era bien distinto ya que ofrecían a cualquiera la oportunidad de lucir tan glamurosa como una estrella de cine.
Sin embargo, los resultados de estas sesiones de "transformación" fueron, sin quererlo, divertidísimos. Y no nos engañemos, no hay nada más gracioso que algo que no pretende serlo.
