«Paralelos y meridianos», una exposición en el Museo de Bellas Artes de Bilbao para celebrar los 125 años de Iberdrola

«Paralelos y meridianos», una exposición en el Museo de Bellas Artes de Bilbao para celebrar los 125 años de Iberdrola

Desde el 29 de abril hasta el 30 de agosto de 2026, el Museo de Bellas Artes de Bilbao acoge Paralelos y meridianos. Una exposición que conmemora el 125 aniversario de Iberdrola a través de una de sus formas más singulares de construir relato: el arte.

Una de las claves de la exposición Paralelos y meridianos es que no ofrece una única lectura, sino múltiples trayectorias posibles. Cada visitante traza la suya, cruzando tiempos, temas y geografías como quien une puntos en un plano para construir su propia constelación.

La colección de Iberdrola nació como una forma de construir identidad a través del arte. Desde 2006, la compañía ha ido trazando un conjunto que hoy ronda las cuatrocientas obras y que se despliega entre Bilbao, Madrid y sedes internacionales como Estados Unidos y Reino Unido, articulado alrededor de cuestiones que atraviesan su actividad, como la luz, la energía o la relación con el entorno.

Como señala Rafael Orbegozo, responsable de la colección, se trata en el fondo de construir una forma de narrar la propia historia de la empresa a través del arte. El resultado es un conjunto heterogéneo en técnicas y lenguajes. En este contexto, la muestra reúne 138 obras de la colección y va más allá de una antología: plantea un recorrido por el arte contemporáneo construido desde los diálogos, contrastes y afinidades entre las obras. 

Sacar las obras de los espacios corporativos y convertirlas en un dispositivo público forma parte del papel de Iberdrola como agente activo en su circulación, conservación y lectura. El Museo de Bellas Artes de Bilbao y la Torre Iberdrola comparten el mismo tejido urbano, apenas separados por unos minutos a pie. La compañía forma parte del Patronato del museo y participa de manera activa en su programación.

Comisariada por Guillermo Zuaznabar, conservador jefe del museo, la exposición se articula en torno a dos ejes que, además de geográficos, son también simbólicos.

Cartel de la exposición Paralelos y meridianos, en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Por un lado, los «paralelos» trazan un arco temporal preciso: desde los orígenes de la modernidad en el arte vasco a finales del siglo XIX, pasando por el desarrollo del arte español desde 1957, hasta una visión global del panorama internacional del siglo XXI.

Por otro, los «meridianos» organizan ocho bloques temáticos que atraviesan ese tiempo como corrientes subterráneas: Inicios, Naturaleza, aguas y tramas, Cuerpo y huellas, Trabajo, Luz, El artista y sus espacios, Arquitectura y construcción y Ciudad y puerto.

Entre ambos, se dibuja una cartografía donde las obras no se alinean tanto por estilos como por afinidades, tensiones y preguntas compartidas.

Lo interesante aquí es que la colección se presenta como algo en movimiento. Pintura, escultura, dibujo, fotografía, vídeo, instalación y arte digital conviven sin jerarquías, como si cada lenguaje fuera simplemente una forma distinta de medir el mundo.

En ese mapa aparecen nombres que han definido, cada uno a su manera, el pulso del arte contemporáneo: desde Andy Warhol hasta Gerhard Richter, pasando por Marina Abramović, Ai Weiwei, Olafur Eliasson, Tracey Emin, Bill Viola, Donald Judd o Anselm Kiefer. Junto a ellos, artistas clave del contexto español como Miquel Barceló, Jorge Oteiza o Agustín Ibarrola.

La artista Marina Abramović en una de sus performance.

Y Antonio López, cuya presencia aquí adquiere un peso especial. De hecho, uno de los gestos más singulares de la exposición tiene que ver con él. Por primera vez se muestran al público dos vistas inéditas de Bilbao, aún en proceso de ejecución, pintadas desde la Torre Iberdrola. No son obras terminadas, y ahí reside parte de su potencia: permiten ver la pintura como algo vivo, en construcción, donde el paso del tiempo queda inscrito en la propia materia pictórica. Las líneas de grafito que marcan el horizonte sostienen una ciudad que todavía se está decidiendo sobre el lienzo, mientras emergen elementos reconocibles como la ría, el puente de la Salve o el perfil de Artxanda.

Los dos óleos inacabados de Antonio López expuestos en la muestra Paralelos y meridianos.

Ese mismo equilibrio entre lo definido y lo abierto atraviesa los distintos capítulos de la muestra.

Inicios reúne obras en las que el gesto artístico se reduce a lo esencial: formas mínimas, estructuras geométricas y una luz que construye. Aquí, el origen no es un punto de partida lejano, sino algo que permanece activo en cada obra, como si toda creación implicara volver, una y otra vez, a su propio comienzo.

Elena Asins. Impresión sobre papel 143 x 210 cm.

En Naturaleza, aguas y tramas, el paisaje deja de ser escenario para convertirse en un campo de conflicto. Desde su aparición como género autónomo hasta su lectura contemporánea, la naturaleza se muestra como un territorio atravesado por tensiones entre desarrollo y equilibrio, entre memoria e intervención humana, con una dimensión política cada vez más explícita.

Durmiendo bajo la hoguera, de Marina Abramović. Copia cromogénica bajo papel fotográfico 160 x 213 cm.

Cuerpo y huellas se aleja del ideal clásico para entender lo humano como presencia y como rastro. El cuerpo aparece atravesado por la identidad, el género o el paso del tiempo, pero también por las marcas que deja en los espacios que habita, como si cada ausencia fuera también una forma de representación.

Lowel Smith, de Robert Mapplethorpe. Copia de gelatina de plata sobre papel baritado 51 x 41 cm.

En Trabajo, el arte se sitúa frente al giro que introduce la industrialización: del mundo rural a la ciudad, de lo idealizado a lo real. Bilbao aparece aquí como un caso paradigmático, donde la escala de la máquina y la experiencia humana conviven en tensión, dando lugar a nuevas formas de representar tanto a quienes trabajan como a los entornos que lo hacen posible.

Salida de la fábrica, de Darío de Regoyos. Óleo sobre lienzo 61 x 50 cm.

Luz recoge el momento en que deja de ser un elemento representado para convertirse en materia artística en sí misma. A partir de la segunda mitad del siglo XX, los avances tecnológicos permiten que neones, fluorescencias o proyecciones no solo transformen el espacio, sino que sean, directamente, la obra.

Sin título (a Madeline y Eric Kraft). Tubos fluorescentes (luz roja, ultravioleta, rosa y amarilla) 21 x 122 x 61 cm.

El artista y sus espacios pone el foco en las condiciones de creación. Taller, vida y obra aparecen profundamente vinculados, como si no pudiera entenderse una sin las otras. Crear implica aquí también una negociación constante entre la idea y su materialización.

Pintor en el estudio 2, de Juan Navarro Oldeweg. Óleo sobre lienzo 100 x 100 cm.

En Arquitectura y construcción, el entorno urbano se entiende como el resultado de capas sucesivas de decisiones, necesidades y formas de habitar. Edificios, infraestructuras y espacios intermedios funcionan como huellas visibles de una historia colectiva que el arte interpreta y reconfigura.

Orianda, de Anselm Kiefer. Emulsión, tierra, plantas y carbón sobre lienzo, en marco de acero original del artista. 131,8 x 171,7 cm.

Y finalmente, Ciudad y puerto devuelve la mirada a Bilbao como una realidad en transformación desde el siglo XIX. La expansión urbana, la apertura de los ensanches y la relación con la ría y la industria configuran un imaginario que el arte revisita desde perspectivas diversas, construyendo una imagen compleja y siempre cambiante de la ciudad.

Jiangxi, Zhong Lu, Shanghai, de Thomas Struth. Copia cromogénica 123 x 144 cm.

El recorrido no termina en el museo. Se expande hacia el atrio de la Torre Iberdrola, donde la narrativa culmina con nueve obras -varias de ellas site specific- de artistas como Kenneth Noland, Cristina Iglesias, Txomin Badiola o Asier Mendizabal. Entre ambos espacios, la Plaza Euskadi actúa como nexo: un dispositivo de 24 paneles recorre doce hitos clave en la historia de Iberdrola, vinculándolos con obras de la colección para construir un relato compartido.

Cúpula inclinada suspendida (Cita con rama). Acero trenzado, cables y sombras. 39 paneles metálicos 182 x 120 cm.

Como si la exposición quisiera recordarnos que cualquier mapa, por preciso que sea, siempre continúa fuera de sus límites.

En un momento en el que todo parece acelerarse, la exposición plantea una forma distinta de relacionarse con el presente: más atenta a las conexiones, más consciente del lugar que ocupamos dentro de él.

Porque quizás de eso trata, en el fondo, cualquier buena exposición: de devolvernos la capacidad de detenernos. Paralelos y meridianos nos recuerda que entre una coordenada y otra siempre hay espacio para perderse, para mirar sin prisa, para encontrar lo que todavía no sabíamos que buscábamos.

Paralelos y meridianos. Colección Iberdrola
Del 29 de abril al 30 de agosto de 2026
Museo de Bellas Artes de Bilbao

Gracias a Iberdrola.

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