El surrealismo es algo que invade al espectador de manera hipnótica; a través de imágenes y recursos que no parecen tener sentido, se pueden expresar realidades llenas de verdades incómodas que no queremos ver.
Muchos son los artistas que recurren a este género pictórico irracional que muchas corrientes relacionan con el psicoanálisis; el irrepetible Tetsuya Ishida lo manejó a su antojo como arma arrojadiza que ponía en evidencia a una sociedad alienada, ombliguista, conformista y borrega, la nuestra.

Tetsuya Ishida tocó techo como pintor en la llamada "década perdida" de Japón, una época de recesión económica que asoló el país hasta 1990; en sus pinturas, capturó los sentimientos de desesperanza, claustrofobia y aislamiento emocional que lo agobiaron y dominaron la sociedad japonesa.
Hasta su prematura muerte (se cree que por suicidio) en 2005, Ishida desafió la conciencia y la moral japonesas en pinturas y obras gráficas acusadas de absurdas y oscuras por incómodas y honestas.


Cada una de sus pinceladas son como un tiro que va directo al cerebro del espectador; con un trazo suave y hasta infantil, desgarra y masacra todos los males de una sociedad capitalista que incentiva la neoesclavitud, el bullying, la soledad o la masiva creación de necesidades materiales que nos hacen sentir totalmente vacíos e inhumanos.
Ishida, durante su tiempo como artista, seguramente encontró una válvula de escape en su obra y, volcó en su paleta y sus lienzos todo lo que atormentó a su privilegiada creatividad, todo lo que le parecía injusto y corrosivo.

Ahora, por primera vez en España, tendremos la oportunidad de retorcernos con sus 10 años de trayectoria artística; el Museo Reina Sofía de Madrid alberga, del 11 de abril al 8 de septiembre, en el Palacio de Velázquez, la muestra "Autorretrato de otro", una retrospectiva completa que es una verdadera patada en el estómago.
La muestra reúne una selección de 70 pinturas y dibujos realizados entre 1996 y 2004, que representan las obsesiones y el particular universo estético del artista que se mueve entre el surrealismo y el manga, lo personal y lo colectivo.

Sin duda es una oportunidad única para poder conocer a este artista que ha ido cogiendo fama mundial en los últimos años, quizás cuando muchos nos hemos visto reflejados, identificados y conmovidos por todos esos sentimientos que un día llevaron a Ishida a materializar nuestras miserias y ponerlas ante nuestros huidizos ojos.

