Que una historia de amor tenga un final feliz, no siempre es sinónimo de que los protagonistas de tal romance acaben juntos para el resto de sus vidas.
En muchas ocasiones, he recomendado una película, una serie o un libro con el deseo interno de que alguien a quien aprecio, disfrute de esa ficción tanto como la he disfrutado yo. Con la esperanza de que a esa persona le remueva aunque sea un tercio de lo que me ha removido a mí.
Pero en ese altruista y suicida acto de recomendar, hay un alto porcentaje de que recibas un feedback inesperado que, si analizo de una manera positiva, puede aportarme una enriquecedora perspectiva que no es la mía. Sigo corriendo el riesgo continuamente y sigo aprendiendo continuamente.

De entre todas las recomendaciones que me gusta hacer, gran parte de ellas tienen como eje principal una historia de amor porque al fin y al cabo es lo que nos mueve y nos llega a todos y todas de alguna manera. Pero me da mucha rabia (no puedo evitarlo) que alguien le reste su valor a un romance porque «no acabe bien». Me da mucha rabia que alguien insinúe que la película, la serie o el libro hubieran sido redondos, si sus protagonistas se hubieran jurado amor eterno o el destino les hubiera permitido estar unidos para siempre.
Hay muchas maneras de que una historia de amor tenga un buen desenlace sin la necesidad de que su resolución encaje dentro de los parámetros de ese amor romántico e irreal que la industria cinematográfica lleva siglos vendiéndonos.
Son muchas las historias de amor imprescindibles que no sucumben al happy end tal y cómo lo entienden muchas personas. Las que cierran sus episodios de otras maneras que también suponen un broche de oro en forma de perdón, aprendizaje, curación, catarsis o esa extraña esperanza que conlleva la pérdida. Cada final conlleva un nuevo comienzo y un nuevo comienzo puede ser mucho mejor que una continuación, puede traer todo un abanico de estimulantes oportunidades.
Te quiero dejar con trece historias que sí acaban bien, que sí funden en negro con un rayo de luz luminoso que nos hace pasar de las lágrimas a la sonrisa con la misma velocidad que la vida nos enseña que en algunas ocasiones, querer no es suficiente.
1. Normal People, de Lenny Abrahamson y Hettie Macdonald

Bajo la dirección de Lenny Abrahamson y con la supervisión de Sally Rooney, la autora del libro en la que se basa la serie, la multipremiada novela Normal People se convirtió en doce episodios que es una suerte de Romeo y Julieta y una coming of age en la que la muerte adquiere connotaciones figuradas y se entiende como el vacío que provocan las inseguridades y los miedos que sentimos cuando amamos con todo nuestro ser y a pesar del mismo.
Su perfecto final es todavía mejor que el del libro y aunque duele, también nos ilumina con una catarsis en la que los protagonistas se dan las gracias por el bien que se han hecho justo antes de emprender sus caminos por separado.
2. Past Lives, de Celine Song

La intensidad y la emoción con la que se vive el primer amor es algo que jamás se vuelve a experimentar en la vida. Tal es la fuerza y el poder de ese sentimiento, que puede trascender al espacio y al tiempo, haciéndose eterno. Así es la historia de amor entre Nora y Hae Sung (impresionantes Greta Lee y Yoo Teo) en Past Lives, una que soporta el paso del tiempo, desafía al espacio, pero no sabe si salvará las circunstancias.
Al final, todo queda donde debe quedar, en la ensoñación infantil de ese amor idealizado que pudo ser, pero no acaba siendo.
3. La La Land, de Damien Chazelle

Ideada para homenajear los musicales clásicos del Hollywood de la edad dorada, La La Land es un tributo a la ciudad de las estrellas, a esas que son de carne y hueso y que iluminan un firmamento que se contemplan con emoción desde el icónico observatorio Griffith de Los Ángeles. Una obra llena de luz y magia, esa que reivindican las historias clásicas, las que rebosan buen gusto y elegancia.
Las idas y venidas de Mia y Sebastian parecen perfectas durante la mayoría de un metraje que nos conduce hacia un final que sirve como el punto y final inesperado de una historia que toma otros derroteros cuando la realidad de sus protagonistas hace acto de presencia en mitad de sus sueños.
4. All Of Us Strangers, de Andrew Haigh

Las heridas causadas en la infancia pueden arrastrarnos a una sensación de soledad y de culpa adultas que no nos dejen perdonarnos, ni nos permitan vivir con plenitud hasta que no encontremos la redención en los demás. All Of Us Strangers es un conjunto de escenas que van minando nuestra integridad emocional a base de situaciones que tratan sobre la parte más descarnada de la existencia y sobre esas cosas obvias que padres e hijos deberíamos decirnos y que, sin embargo, muchas veces, se quedan sin decir.
Sólo la fuerza del amor puede hacernos pasar las páginas más dolorosas de esa historia indescifrable y misteriosa que es la vida y es algo que queda perfectamente plasmado en el final demoledor de esta cinta.
5. La boda de mi mejor amigo, de P.J. Hogan

Es difícil no sucumbir al encanto de una comedia romántica y lo es mucho más si esa comedia romántica llena de sarcasmo, ironía, acidez y situaciones rocambolescas tiene también la ternura y la emoción que tienen esos primeros amores que surgen en las delgadas líneas que hay entre la amistad y el afecto. En La boda de mi mejor amigo, Julianne (increíble Julia Roberts) tiene sólo cuatro días para boicotear la boda de su amigo Michael porque se da cuenta de que es el hombre de su vida.
Al final de la cinta, Julianne no consigue lo que pretende, pero aunque no logra que su historia de amor tenga el final feliz que ella y todos los espectadores esperan, tiene uno mejor: ella acaba siendo mejor persona que al principio y aceptando su derrota.
6. Fleabag, de Phoebe Waller-Bridge

Phoebe Waller-Bridge protagoniza y escribe esta comedia dramática. Fleabag es una mujer caótica, sinvergüenza, independiente y rota que genera controversia en un espectador que se debate entre matarla o ayudarla a salir del pozo que ella misma se ha cavado. El talento de Waller-Bridge traspasa la pantalla de manera literal, rompiendo continuamente la cuarta pared para enfrentarse cara a cara con el público y compartir confidencias, monólogos y críticas corrosivas.
El final de ambas temporadas son la muestra de que no todo pueden ser risas porque la cruda realidad termina por colarse entre los recovecos del desastre continuo que es la vida de la protagonista. El amor no iba a ser la excepción.
7. One Day, de Molly Manners

Una amistad verdadera puede ser la historia de amor más bonita que vivamos. Los 20 años de subidas y bajadas de Dexter y Emma tienen las vibes perfectas de todas las personas que creemos que la mayor suerte del mundo es encontrar refugio en otra persona, un hogar que trascienda el espacio, el tiempo y a (casi) cualquier adversidad.
Pero hay veces que nos topamos con fuerzas que se escapan a nuestro control y juegan en contra de esa felicidad que tanto trabajo nos ha costado forjarnos. El final de One Day puede vapulear al espectador más curtido, pero la hostia merece la pena.
8. 500 días juntos, de Marc Webb

Las anodinas vidas de Tom y Summer dan un vuelco el día en el que se cruzan en un ascensor y comparten su gusto por The Smiths: la banda de letras tristes y música alegre. El director Marc Webb no eligió de manera casual a la banda de Morrissey para su escena clave porque su cinta iba a regalarnos la misma sensación que una canción de The Smiths. 500 días juntos es un caramelo envenenado de preciosa envoltura y sabor amargo y su final no iba a ser menos.
Da igual el empeño que pongamos en que algo funcione, si tiene que acabar va a acabarse y esperemos que sea de la manera menos dolorosa posible.
9. Los puentes de Madison, de Clint Eastwood

El Clint Eastwood más tierno delante y detrás de la cámara pudimos disfrutarlo junto a Meryl Streep en Los puentes de Madison, un maravilloso drama que narra una historia de amor imposible e inevitable que nos regaló uno de los mejores finales y de las mejores escenas del cine contemporáneo.
La secuencia del coche bajo la lluvia es sólo el epílogo perfecto a un romance lleno de los atardeceres y los encuentros furtivos de dos adultos que tuvieron la desgracia de encontrarse en un espacio y en un tiempo equivocados.
10. Marriage Story, de Noah Baumbach

Este Kramer contra Kramer de Noah Baumbach nos invita a ser los testigos mudos del auge y el deterioro del matrimonio compuesto por Charlie (Adam Driver) y Nicole (Scarlett Johansson). Esta radiografía del desencanto que es Marriage Story alcanza cotas altísimas de dolor y dureza en sus descarnadas conversaciones, unas conversaciones que todos y todas hemos tenido mentalmente con nuestras parejas en algún momento.
A pesar de un metraje que por momentos se hace demasiado crudo, el final de la película es como una caricia en la que el perdón y la redención se presentan como la solución a cualquier mal. Sobre todo al mal de amores.
11. Los años nuevos, de Rodrigo Sorogoyen

Diez capítulos que recorren diez años (nuevos), le bastan a Rodrigo Sorogoyen para convertir su nueva serie en un retrato generacional en el que se van a ver reflejadas muchas y muchos. Como espectador, se asiste desde el pudor y el respeto, a la creación y a la destrucción del amor de Óscar y Ana, y se hace como si se estuviera violando la intimidad de dos almas que se abren en canal mostrando esos miedos y esos sueños que nos hacen vulnerables. Francesco Carril e Iria del Río ponen todo el corazón y la carne en el asador para contarnos algo que no puede sonarnos y dolernos más.
El final de los dos amantes es un desenlace en el que sí acaban juntos, pero está muy lejos de ser el happy end que muchos y muchas querrían. Hay dinámicas y bucles que pueden ser mucho más destructivos que una ruptura. ¿Qué duda cabe?
12. Brokeback Mountain, de Ang Lee

Ang Lee se atrevió a darle una vuelta de rosca al western clásico mostrando un romance prohibido entre dos hombres de apariencia y comportamientos rudos que tienen que luchar por lo que sienten debido a los encorsetamientos y los prejuicios sociales propios del contexto que les ha tocado vivir: los años 60 en un pueblo de la América más profunda y menos permisiva.
Aunque desde el principio, esta historia ya tenía un final abocado al fracaso más absoluto, es de lo más conmovedor presenciar que aunque los sentimientos pueden ser reprimidos, su fuerza y su verdad es algo que no puede extinguir ni el cruel paso del tiempo.
13. Retrato de una mujer en llamas, de Céline Sciamma

Céline Sciamma tiene una delicada filmografía totalmente comprometida con el universo LGTBIQ+. En Retrato de una mujer en llamas, nos hacía los privilegiados partícipes del amor prohibido de dos mujeres nacidas en una época que no les correspondía. La directora deja su impronta en esta obra maestra que es uno de los despertares sexuales más bonitos de los últimos años. Las miradas, los roces y las coreografías toman una importancia clave para entender la historia, la intimidad y la relación de sus soberbias protagonistas.
Pero toda la magia y la fuerza del amor que se profesan Héloïse y Marianne no tiene una final feliz a pesar de ser uno de los desenlaces más bellos y conmovedores del cine contemporáneo.